Tristeza de Dios

Yo
sólo os pido como Madre vuestra que soy, que hagáis sonreír a Dios, que lleva
mucho tiempo triste. Que mi tristeza es de lágrimas, y la tristeza de Dios no
se puede describir. Sois parte suya, pero parte rebelde que no quiere volver. Él
os ha dado la vida y no sois agradecidos. Él permite que paséis situaciones
difíciles para recordar, para que os acordéis de Él. Si pudierais contemplar,
si pudierais sentir su tristeza, jamás volveríais a obrar mal, jamás, porque
sentir a Dios, sentir en Dios la gravedad del momento en que vivís, es
descubrirse hijo de Dios, hijo de Dios que ha estado en paro tanto tiempo. Hijo
de Dios que pudiendo ayudar a Dios ha estado parado y Dios quiere recuperar a
todos sus hijos. Y Dios os tiende la mano de nuevo, y Dios sufre porque no le
escucháis, y Dios es Dios, el que hace y deshace.
No
entendéis, no entendéis que vuestro Padre os llama, que vuestro Padre quiere
veros llegar a Él, que mantiene sus manos extendidas, que en estos tiempos está
recogiendo almas, que la justicia de Dios va a hacerse presente y no estamos
hablando de la justicia particular de un humano, estamos hablando de la
justicia, de la única justicia que hay que es la de Dios.
(Extraído del mensaje del 14.10.93)
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