SINCERIDAD

 (Extraído de los mensajes de la Virgen María recibidos en el Toscón)

 

(Jueves 24.10.1996)

Cuidad lo que decís para que esas palabras que salen de vuestras boquitas no hieran ni confundan a otros. No se trata de hablar más, se trata de decir lo justo, con el corazón limpio. Si el corazón está limpio de malas intenciones se es sincero. Cuando se habla con los demás para herirlos, para confundirlos, para descubrirles algún secreto que no han contado, cuando se miente, como decís, piadosamente, no actuáis con el corazón limpio. Si os mueven las buenas intenciones seréis imitadores de Jesús. Jesús no hablaba con sus discípulos de sus sentimientos, de sus temas personales, excepto con algunos pocos y en raras ocasiones.

 Ser sinceros no es confesarse unos a otros todos los días lo que hacéis o dejáis de hacer, lo que pensáis o dejáis de pensar. Para el único que no hay secretos es para Dios, que lo ve todo. Vuestro fin, vuestra meta es llegar a Dios, siendo buenos y astutos al mismo tiempo; la astucia en la palabra es precisamente el buen uso que debéis hacer de ella.

 Juzgáis continuamente a los demás, lo hacéis día tras día y os equivocáis con mucha frecuencia porque no sabéis leer en el corazón del hermano. A los que queréis no los cuidáis como debierais y a aquellos, vamos a decir que queréis menos, los intentáis ganar con halagos que no son sinceros. Estáis continuamente mintiendo con vuestras actitudes, con vuestros comportamientos, con vuestras palabras. Callad un poquito más, controlad esa palabra tan fácil porque de lo que decís día tras día sobra mucho.

 Si el corazón está lleno de buenas intenciones la sinceridad no cuesta tanto. Callar para no herir es ser sincero, porque a veces confundís los términos. Vuestra vida está llena de circunstancias que os hacen errar una y otra vez. Habláis muchas veces sin necesidad de lo que os ocurre día tras día, que no os ayuda, ni ayuda a los demás sino que preocupa. Muy distinto es pedir ayuda. Estáis juntos para compartir y en ese compartir está la ayuda mutua. Decir las cosas para desahogarse, a veces no es bueno si la persona que os sirve de desahogo lo que necesita es vuestro aliento. Si vuestra vida interior estuviese más cuidada, ese desahogo de todas vuestras penas lo haríais con Jesús, lo haríais con vuestra Madre del Cielo, lo haríais directamente con Dios. Se trata de que avancéis hacia Jesús, hacia su Sagrado Corazón.

Vuestras formas de estar y de ser son distintas, tenéis que ayudaros los unos a los otros, tenéis que sacar esas fuerzas que Dios mismo ha puesto en vuestros corazones para ayudaros, no para inquietaros los unos a los otros; pero parece que ser sincero es lo que más os cuesta en este pasar. Que los secretos se acumulen en vuestra vida no es malo, lo que es malo es que no sabéis ser sinceros. A veces decís la verdad de manera cruda, siendo conscientes de que herís profundamente al hermano, esa sinceridad está mal entendida, hijos míos. Que de lo que hace vuestra mano izquierda que no se entere la derecha; muchas de vuestras faltas podéis corregirlas con Dios, a solas con Jesús. El apoyo entre unos y otros es necesario pero abusáis a veces de los que os quieren.

 Cuando estéis delante de Dios repasando vuestro pasar, estaréis uno por uno en presencia de Dios, a solas con Dios. Delante de Dios todo estará claro y transparente, lo bueno y lo malo que hayáis obrado estará delante de vosotros mismos, y el juicio de Dios no será distinto de vuestro propio juicio, cuando tengáis presente delante de vosotros toda vuestra vida. La mayoría guarda en sus vidas sentimientos humanos que no se atreve a confesar, pequeños problemas de toda índole que cuesta comentar. Limpiad vuestro corazón de malas intenciones, sed como niños y la sinceridad no será tan difícil.

Os veo continuamente halagar a un hermano y al cabo de pocos minutos criticarle y eso es el día a día de cada uno de vosotros. Más vale que os calléis si no podéis sostener lo que por vuestra boca sale, porque no habéis aprendido a tener la presencia de Jesús viva con vosotros. Si fuerais conscientes de manera real de que Jesús está a vuestro lado compartiendo todos vuestros instantes obraríais de maneras muy distintas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                  

 

 

 

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