Ser fuente de alegría

 (Extraído de los mensajes de la Virgen María recibidos en el Toscón)

Quisiera veros felices haciendo las cosas bien, y quiera Dios que este año esté lleno de alegrías para todos vosotros, como respuesta a esta llamada que os hace Jesús a cada uno de los que estáis, de los que lean este mensaje, también les brinda Jesús la misma oportunidad que a vosotros si se convierten en fuente de paz, de amor de Dios para los demás, recibirán de Él igualmente alegrías para sus vidas. 10-01-2008

 

(Extraído del mensaje del 3-01-2008) 

Jesús va a daros alegrías, esa es su intención, pero no olvidéis que hay que estar preparados para recibirlas, hay que contentar a Dios Padre, hay que estar dispuestos a compartirlas, también a ser instrumentos de Dios para dar alegrías a otros; pues veréis, todos vosotros podéis ser fuente de alegría para vuestros hermanos, y Jesús quiere utilizaros a todos, en este año, como fuentes de alegría; y escucháis bien, porque a todos se os está diciendo lo mismo en este instante, Jesús quiere que seáis fuente de alegría para otros, Él quiere usaros como instrumentos valiosos, pero habéis de ser dóciles. Jesús quiere que compartáis con los demás lo que Él  va a ir regalando a las almas, a los cuerpos también, muchos recobrarán salud en este año, así me está diciendo Jesús, corporal y espiritual; pero Jesús quiere hacer uso de vosotros con otros; no quiere veros Jesús pasivos, sentados esperando a recibir; Jesús os quiere ver viviendo dignamente, confiados en esa presencia viva suya a vuestro lado, en esa ayuda continua. Esperando, quiere Jesús veros, esperando sus sorpresas, sus gratas sorpresas durante este año; pero no olvidéis la realidad de lo que sois: hijos de Dios. Habéis de hacer las cosas lo mejor que podáis, y si por momentos falláis, si faltáis a Dios, si la pereza os vence, si la falta de paciencia puede con vosotros por momentos ahí está la confesión, pedid a Dios perdón; naced de nuevo a la luz cada vez que lo necesitéis para que podáis ser esas fuentes de alegrías durante este año para otros. Año también en el que, os decía, Dios prepara acontecimientos inesperados para la humanidad, pues la humanidad los esta pidiendo a gritos; la humanidad no cambia, y en su conjunto hay más malo que bueno en estos momentos. Se ora, es verdad, pero la oración no es suficiente, aún falta oración, falta entrega, falta reparación, mucha, por tantas almas que están perdiendo el Cielo por ignorancia, por pereza, por querer vivir para este mundo y no para el otro, por querer atesorar para este mundo y no para el otro. Vuestra oración, aunque a veces descuidada, es importante, Dios la recoge cada jueves y lo sabéis; y sobre vosotros se derraman gracias, y sobre todas las almas que con vosotros no comparten este lugar, pero sí esta Tierra, y que tanto necesitan de vuestro recuerdo.

 Es un año de alegrías para muchos, para todos, dice Jesús, los que en estos momentos están. Alegrías que vais a recibir sin dudas, pero recordad que Él quiere que seáis fuente de alegrías para otros. Jesús, a través de cada uno de vosotros, quiere dar alegrías a otros hermanos vuestros. Haced por no perder esa paciencia, ese buen hacer, esa disponibilidad, esa generosidad, para que podáis realmente ser instrumentos dóciles para Dios en Jesús... veréis, dice Jesús, que bien se vive dando alegría a los demás... cuando uno busca, hijos míos, el mal para los demás, por rencores, por recuerdos malos, nunca satisface esa venganza, el mal ya se encarga de alimentar los corazones, no es suficiente y cuando recibís, pensáis, justicia de Dios en otros, tampoco quedáis llenos, vuestro corazón os avisa de que no está bien pedir nada malo para los demás; aun cuando penséis que justamente necesitan un tirón de orejas, que sea Dios el que lo dé cuando Dios quiera darlo.

 

(Extraído del mensaje del 10-01-2008)

 Jesús os anunciaba un año con muchas alegrías, en medio de acontecimientos inesperados que Dios prepara para la humanidad, ya no tan alegres, pero vosotros, cada uno por cada uno, recibirá alegrías. Se os decía también que alegrías de las que recibáis entran a través de otros vuestros, cercanos; y Jesús os pedía que os dispusieseis para ser fuentes de alegría para los demás. Dios da sin parar a las almas; las almas no se dan cuenta, no sienten esa acción de Dios continua en ellas; vuestras mentes paralizan vuestro corazón, el mundo llena vuestras vidas y Dios está sólo para ratitos. Se os recuerda en este lugar, se os repite una y otra vez lo mismo, primero Dios, después los demás, y así, todo estará en su justo orden, pero os sigue costando sobremanera poner a Jesús en primer lugar, pero como dice Jesús... vais avanzando, me dice... poco a poco, muy lentamente, añado yo.

 Vamos a ver si es verdad que en este año hacéis por vuestras almas más que en todos los anteriores; pues veréis, si os disponéis a ser fuentes de alegría para los demás, ganaréis el tiempo, pues si os ofrecéis a Jesús como instrumentos dóciles, como portadores de alegrías para otros, estaréis agradando a Dios, y Dios contento devuelve a quien le contenta gracias especialísimas, pues se os dice que vais a recibir alegrías, pero no podéis estar ajenos a la realidad de que si os comportáis de maneras indignas normal es que Jesús paralice ese ofrecimiento. La vida ordenada es necesaria; algunos que no viven ordenadamente de cara a lo que normalmente se entiende como vida ordenada deberían reflexionar y preguntarse si viven de cara a Dios como Dios quiere. Dios os pide que seáis buenos, pero también astutos y que hagáis las cosas según Él espera que las hagáis.

 ¿Cómo podéis aseguraros de que recibiréis las alegrías que Jesús os ha prometido? Hay una forma fácil de asegurarse y es convertirse en fuente de alegría para los demás y ¿cómo ser fuente de alegría? Difícilmente podéis ser fuente de alegría si no estáis contentos, animados, esperanzados. Si no sois capaces de eliminar el rencor que entra con tanta facilidad en el alma, si no perdonáis rápidamente, si no olvidáis fácilmente, no podéis ser fuente de felicidad y alegría para otros. Cuántas veces os habéis quejado de que los que están con vosotros no os hacen felices, de que os inquietan, de que os enfadan, os quitan la paciencia, os restan tranquilidad; se trata precisamente de no ser como esos a los que criticáis, se trata de que no inquietéis a los que tenéis al lado, de que no entristezcáis a los que tenéis junto a vosotros.

 Si queréis aseguraros ese recibir las alegrías que Jesús ha prometido, deberíais poner verdadero empeño en ser fuente de alegría para los demás, empezando con los que tenéis más cercanos. ¿Qué es lo que impide que seáis fuente de alegría ahora mismo? Respuesta hay una sola, lo que impide que seáis fuente de alegría para los demás sois vosotros mismos, vuestro egoísmo, vuestro "yo". Estáis pendientes de lo que sentís, y lo que necesitáis vosotros está primero que lo que necesitan los demás. Vais a cubrir vuestra necesidad antes que contentar a otros.

Quisiera veros a todos dispuestos y con verdaderas ganas de demostrarle a Jesús que sois capaces de tragaros vuestro egoísmo, vuestra soberbia, ese "yo" protagonista y daros a los demás en alegría. La alegría se recoge de una mirada serena, de una sonrisa sincera, se recoge alegría, de una persona, de un ratito de atención, de una escucha sin prisas; se recoge alegría cuando una persona es paciente, cuando una persona es animosa; se recoge alegría de quien no critica, de quien habla para decir bueno de los demás. No es tan complicado contestar a la pregunta de qué es ser fuente de alegrías, pues todos sabéis qué necesitáis de los demás para sentiros alegres, para que sean fuente de alegría para vosotros, sabéis, pues, lo que se necesita. Ahora falta que os convirtáis vosotros mismos en esa fuente de alegría para los demás. Si estáis pendientes de que los demás lo sean para vosotros no haréis bien la tarea; se trata de que cada uno por cada uno quiera convertirse en fuente de salud espiritual para los demás, pues la alegría da salud al alma.

¿Y sabéis qué significa, entre otras cosas, ser fuente de alegrías para los demás? ocultar vuestras tristezas, llorar a solas con Dios, ofrecer a Dios vuestros sufrimientos; porque muchas veces decís que ofrecéis a Dios lo que sufrís, pero no paráis de decirle a todo el mundo que os duele aquí, que os duele allá y que lo estáis ofreciendo, perdiendo así parte del valor que tiene.

(Empezó el rezo del Santo Rosario) (Antes de cada misterio la Madre hacía la petición.)

(Antes del primer misterio)

Vamos a pedirle a Dios, a Dios Padre, que está muy presente en este instante entre vosotros para recoger vuestras oraciones, vamos a pedirle a Él, que está atento, que os ayude a ser fuente de alegrías para los demás. Por seguro, por descontado, que Dios responderá a las oraciones y Dios os dará impulsos en el corazón, os hará ver claramente qué hacer que pueda contentar a alguno de los hermanos que tenéis al lado, mas el mal no estará dormido, estará muy despierto, intentará estropearlo todo con sus armas que son muchas. Vamos a pedirle, de manera especial, para que os ayude a vencer la pereza que el mal va a emplear con vosotros, va a intentar aumentar la pereza en vuestros corazones para que no sigáis los impulsos que Dios va a poner en ellos. Pidamos, pues, a Dios Padre para que os ayude a vencer la pereza y, con ello, poder seguir los impulsos y dar alegrías a los demás.

(Antes del segundo misterio)

Estamos pidiendo a Dios para que podáis dar a los demás alegrías, y con ello recibir para vosotros las que Jesús os tiene preparadas, tantas e insospechadas, decía Jesús hace unos momentos. Sorpresas importantes que no esperáis os prepara, si sabéis ser para otros contento, felicidad, satisfacción, pero también debéis estar alerta, pues el mal, que está despierto para tentaros y haceros caer, intentará quitaros las ganas de laborar en esta actividad que Jesús os propone, particularísima para este año. La paciencia, que ya la perdéis con cierta prontitud, será también una de las armas que va a usar con vosotros, va a intentar inquietaros para que no sostengáis la paciencia en vuestro corazón y no podáis transmitir a los demás serenidad; serenidad que es necesaria para que los que tenéis al lado recojan esa alegría. Pidamos, pues, a Dios, que os ayude a mantener la paciencia en vuestros interiores, para que con ello seáis fuentes dignas de alegría para los demás.

(Antes del tercer misterio)

 Vamos a pedir a Dios Padre para que de alguna manera os permita contentar a Jesús. Un impedimento que aparece siempre para que podáis contentar a los demás es ese "yo" del que hablábamos hace unos instantes, ese orgullo, esa soberbia. No perdonáis con prontitud, os llenáis de rencores con facilidad y cuando un corazón se llena de rencor no puede ser fuente de alegría. Vamos a pedir a Dios Padre para que os ayude a vencer la soberbia, para que os ayude a vencer la vanidad que os hará pensar que dedicar un tiempo a alguno de vuestros hermanos es malperderlo haciéndoos creer mejores que otros. Jesús os pide que seáis para todos los demás, no para unos cuántos, sino para todos aquellos con los que estéis o con los que os tropecéis, fuente de amor, fuente de alegría; y vuestra soberbia, vuestro egoísmo puede hacer, ya lo hace de hecho, que no deis alegría a los demás.

Veréis, la humildad es la clave para que todas las virtudes y dones que recogéis se desarrollen. Si la humildad es fuerte en vuestro corazón, la soberbia no puede entrar, el orgullo no puede mantenerse; la vanidad huye cuando la humildad es fuerte en el corazón. En estos tiempos es una de las armas más usadas por el mal, la vanidad, el creeros mejores que otros, el creeros con la razón en todo; por eso no perdonáis con prontitud, pensáis que no ofendéis, pensáis que siempre os ofenden a vosotros porque siempre tenéis vosotros la razón, y no entendéis, no comprendéis, que al no saber leer en los corazones vuestros juicios casi siempre están errados. No conocéis las intenciones y las valoráis como malas, os habéis acostumbrado a desconfiar de los demás; decís "mejor pensar mal, así acertaré" y yo os digo que eso es un mal consejo; pensad bien, perdonad de corazón, sed humildes y podréis ser fuentes de alegría para otros. Con soberbia no se puede transmitir nada bueno a los demás. Llenaos, pues, de humildad, para poder disponeros verdaderamente a contentar a otros. Las fuerzas las tenéis, Dios os las da, pero vamos a pedir a Dios que avive esas fuerzas para que la humildad se haga en vosotros fuerte y la soberbia escape de vuestros corazones con prontitud, si acaso entra, pues mantenerla en el corazón es impedir vuestra acción como portadores de alegrías para los demás.

 (Antes del cuarto misterio)

 Olvidaros de esto que os pide Jesús no debiera ser fácil para vosotros, pues va con ello que podáis recibir tanto que anheláis de sus manos, pero el mal sabe cómo apartaros la atención de lo que Jesús quiere de vosotros, sabe cómo haceros descuidar de su voluntad, sabe cómo haceros olvidar sus peticiones, sus consejos. Esto ya lo sabéis, pues no vivís bien; muchas veces faltáis al día, ofendéis a Dios con tantas cosas, con tantos descuidos; el mal consigue apartaros de la presencia de Dios en vuestras vidas. Vamos a seguirle pidiendo a Dios para que os ayude, para que os facilite la tarea de ser fuente de alegrías para los demás, y vamos a solicitar de Dios, que tanto ama a los que ha creado, que ayude un poquito más haciendo que su presencia esté más viva en vuestras vidas, pues si su presencia se aviva en vosotros, no olvidaréis tan fácilmente lo que Jesús ha pedido; si le tenéis presente, tendréis también más fácil el no descuidaros y así cuando el mal ponga impulsos negativos en vuestro corazón para que os enfadéis, para que estéis por encima de los demás, Jesús, haciéndose más presente con sus detalles, hará que recordándole retoméis las riendas de vuestra vida, pues cuando os dejáis guiar por el mal, el mal es el que os lleva.

 Vamos a pedirle a Dios para que Él mismo aumente la presencia de Jesús en vuestras vidas, para que no descuidéis lo que está pidiéndoos y es que le ayudéis a salvar almas, pues quien está alegre tiene más fácil el acercarse a Dios. Si sois fuentes de alegrías para los demás estáis ayudando a los demás a acercarse al Cielo. Un recuerdo vivo, pues, a través de una presencia más viva de Jesús en vuestras vidas. Pidámosle a Dios Padre que conceda esa presencia más viva de Jesús en todos vuestros corazones.

 (Antes del quinto misterio)

 Quizá algunos de vosotros penséis que no sois perezosos, penséis tal vez que la paciencia la mantenéis con facilidad, que no sois soberbios, quizá también creáis que Dios está presente en vuestra vida diariamente, ayudados de esa imagen que habéis colocado muchos de vosotros para verla cada día, acción beneficiosa para vuestras almas; quizá penséis que lo que se está pidiendo, en vosotros, más o menos ya lo tenéis cuidado con vuestras fuerzas, que estáis usando para ello. ¿Que necesitáis, además, para poder hacer bien lo que se os pide? porque ganas tenéis la mayoría, que se han despertado durante la oración en muchos de vosotros. Podéis querer ser fuente de alegrías y ser torpes y no conseguir alegrar a los demás por falta de astucia, por falta de inteligencia, por falta de sentido común, pues ser fuente de alegría para los demás no es estar con una pandereta todo el día, no se trata de eso; estando en silencio podéis contentar mucho a los que tenéis al lado y algunas lo recogéis ¿verdad? Se trata de dar verdadera alegría a los demás, una alegría que enriquezca el alma. Necesitáis, pues, un poquito de sentido común, una inteligencia más despierta para que averigüéis qué necesita cada hermano con el que estáis, con el que os tropezáis, para transmitirle alegría a su corazón. Quizá necesite tan sólo una mirada, unas palabras serenas, una canción, una compañía, quizá necesite tan sólo vuestra presencia momentánea que apenas se alargue en el tiempo, quizá alguno necesite de vosotros veros, saber que estáis, que dais señales de vida, aunque sea utilizando los medios de comunicación. Alegrar a los demás es una cuestión también de sentido común, de astucia, de inteligencia.

Pidamos, pues, para que no os falte esa astucia, para que no os falten esas ideas claras en vuestras cabecitas para saber contentar a los demás, para saber encender el alma de los demás cuando estáis junto a ellos, porque la alegría enciende el alma, la acerca a Dios; la verdadera alegría es amor de Dios que transmitís convirtiéndoos entonces en instrumentos dóciles para Jesús... dice Jesús que no os resulta fácil dejaros llevar por Él... queréis poner siempre vuestra firma, vuestros sello en lo que hacéis y esto lo aprovecha el mal sobremanera utilizando, como ya os decía, la vanidad. Haced por contentar a los demás de las formas que Jesús os haga conocer o entender o recoger en vuestras mentes por momentos; pero bajad esas cabecitas para que no se vuelvan orgullosas y estropeen esa alegría que podéis dar a vuestros hermanos. Pidamos, pues, a Dios Padre, para que facilite esa tarea de alegrar a los demás en vosotros, aumentando ese sentido común, despertando esa inteligencia y también elevando en vosotros esa astucia que en algunos casos está como ausente.

 (Antes de la oración por el Santo Padre y las almas consagradas)

Sabéis, porque la mayoría lo ha escuchado ya varias veces, que es este un momento importante, muy importante en la oración, pues pedís por las almas y para las almas que se han consagrado, que se han comprometido con Dios de alguna manera. Almas que debieran ser ejemplo para los demás por su vivir, por su actuar delante de los demás entre los que viven; debieran ser fuentes de alegría, fuentes de esperanza. Vamos a pedir por todas las almas que se han entregado a Dios, que cada día le ofrecen su vida en servicio, para que esa entrega sea digna. Jesús necesita que aquellos que le sirven sean antorchas encendidas para los demás de manera continua, sean fuentes de alegrías continuas para los demás. Hay hermanas vuestras, hermanos vuestros, monjas, sacerdotes, frailes, que saben ser fuente de felicidad para los demás, porque transmiten esperanza, transmiten ilusión, corrigen con amor verdadero. Vamos a pedir por las almas consagradas para que sepan contentar a Dios contentando a las almas entre las que se mueven, pues ser fuente de alegría es ser fuente de amor para los demás y esa es su función, así debiera ser. Los que sirven a Dios deben estar contentos y debe notarse en ellos esa alegría, porque si sirven a Dios con tristezas no están sirviendo bien a Dios. Centraos, pues, de manera especialísima siempre, en esta parte del Santísimo Rosario en la que recordáis a las almas que debieran ser claro ejemplo para los demás. Pidamos, pues, por estas almas.

(Después del rezo del Santo Rosario)

 Las madres han de educar a sus hijos sin dejar de ser fuente de alegrías para ellos, y han de corregirlos sin dejar de ser fuente de paz y amor para ellos. Ser fuente de alegría no significa ser lo que el otro quiere aunque le perjudique; ser fuente de alegría es engrandecer el alma del que tenéis al lado; y se engrandece el alma del que tenéis al lado cuando aumentáis su riqueza espiritual, cuando le dais esperanza, consuelo, ilusión, cuando le corregís con verdadero amor.

 En el fondo todos sabéis, si queréis, ser fuente de paz y de amor para los demás, lo que falta en realidad en vosotros es verdaderas ganas de convertiros en esas fuentes que solicita Dios que seáis, porque supondrá en muchos de vosotros vencer vicios adquiridos. Estáis acostumbrados a unos tiempos para vosotros mismos ajenos a las necesidades de los demás, estáis acostumbrados a que vuestra soberbia anide en vuestro corazón de manera permanente, le mantenéis un huequito ahí por si quiere volver cada vez que sale. Ser fuente de alegría para los demás supone mejorar claramente de cara a Dios. Si recordáis que Jesús se ha comprometido a daros alegrías tantas como las que deis a los demás en vuestro empeño, quizá os sea más fácil... me dice Jesús que seguro que así será con muchos de vosotros... quizá os sea más fácil, os decía, hacer la tarea dignamente.

 Dice Jesús, y para todos es, que aun cuando os conoce a la perfección y sabe qué os puede contentar y sorprender, quiere Jesús que no dudéis en darle ideas sobre qué alegrías os gustaría recibir este año. Jesús quiere que valoréis lo que queráis recibir para que os empeñéis en verdad en olvidaros de vosotros mismos y entregaros a los demás en ese amor que se os pide, pues muchos de vosotros, por no decir casi todos, por momentos os habéis dejado envolver por el mal y habéis preferido sufrir a dar una alegría al que tenéis al lado; habéis preferido dejar de vivir algo para que otro viviéndolo no sea feliz. Si recordáis vuestra infancia, si recordáis vuestra vida hallaréis momentos en los que no habéis sido generosos con los demás sino mezquinos, en los que los celos, las envidias, los enfados y rencores os han hecho obrar malamente para vuestra alma. Se os está pidiendo que obréis con dignidad de cara a Dios, amando a los demás y siendo para ellos fuente de felicidad, de serenidad, de paz. No lo conseguiréis si no os empeñáis verdaderamente en ello. Queréis tantas cosas del mundo, algunos de vosotros ya pedís para el alma, antes no lo hacíais, pues Dios en Jesús quiere daros alegrías que enriquezcan vuestra vida material y espiritual, que os hagan realmente mirar al Cielo y dar las gracias por lo recibido; así, pues, Jesús os alienta, os anima, en que habléis con Él y que le pidáis. La respuesta para todos será la misma "¿eso queréis? haced por los demás y para los demás por mi”, porque Jesús es en Dios, Dios mismo, y quien actúa por Él para los demás está llenando su alma, está ganando ese Cielo que espera a todos.

 

(Extraído del mensaje del 17-01-2008) 

No estáis siendo fuentes de alegría para los demás. Jesús está esperando a que os comportéis dignamente ante sus ojos, ante los ojos de Dios, pues Jesús es Dios mismo cercano a vosotros, y es, en Dios, el que todo lo puede. Dudáis de esas alegrías, para este año, que os ha prometido Jesús a todos vosotros, a vosotros que compartís estos jueves y a aquellos que no viniendo al lugar leen los mensajes; pero Jesús sostiene su promesa en una condición, y es que seáis fuente de alegría para los demás. Si sois fuente de paz y serenidad, si sabéis acariciar a los demás y no golpearlos, recibiréis de Jesús tanta alegría que tiene preparada para daros; verdaderos milagros veo yo en sus manos para dar, para dar hasta confundiros con su poder, pero Jesús no está entregando, pues vosotros no estáis siendo capaces de cambiar de actitudes, de comportamientos. Si queréis, podéis. Jesús os avisa, como siempre lo hace, como siempre yo misma os digo, estad alertas que el mal no duerme; está despierto y de manera expresa vigila vuestras almas para perderlas. Va a intentar que no seáis portadores de paz, de alegría para los demás, y parece ser... me dice Jesús que os aliente en la posibilidad que todos tenéis de ser verdaderas fuentes de alegría para los demás... tenéis todos, hijos míos, capacidad de transmitir optimismo a los demás, confianza, paz; bueno para el alma podéis transmitir, pero habéis de estar con esa presencia viva de Jesús a vuestro lado para que no olvidéis su promesa.

Todos tenéis anhelos, pensáis que algunos casi imposibles, porque suponen verdaderos milagros en vuestra vida o en las vidas de los que queréis. Dios en Jesús ha hecho promesa de alegraros durante este año, que ya ha empezado, y como Él mismo ha dicho, ya se os está escapando de las manos el tiempo. Si queréis vivir en Dios con mayor intensidad, ¿a qué esperáis para hacer como se os pide? Habéis perdido la paciencia tantas veces con los mismos, que os habéis acostumbrado a perderla, pero podéis luchar contra vicios adquiridos y recuperar honestidad en el corazón, engrandecer el amor que Dios pone en vuestros corazones y, verdaderamente, contentar a los que tenéis al lado; esa condición os ponía Jesús para daros esas alegrías, esas gracias a vuestra alma durante este año; y Jesús se preocupa por vuestras almas, por vosotros también, cuerpos que necesitáis de tantas cosas, salud, por ejemplo, que solicitáis algunos de manera continua. Haced por contentar a los demás y de seguro recibiréis de Jesús sorpresas que os van a sorprender claramente; ¡Jesús está cargado de tanto, pero aún no puede repartir!

Jesús me ha pedido que os anime, que os haga entender que no es imposible que seáis para otros alegría, porque algunos pensáis que sois de carácter apagado, que estáis normalmente tristes, ¿cómo vais a contagiar lo que de manera natural no os sale? pero ya se os decía que no se trataba de estar con una pandereta en la mano, se trata de transmitir bueno para las almas que os rodean, porque lo que es bueno se convierte en alegría verdadera del alma, y así los que estáis más apagados en el carácter, escuchad con atención a los que os rodean, dad buenos consejos, no celéis, no envidiéis, luchad con esos vicios que hay en el corazón arraigados, que parece que se van con las confesiones que realizáis, pero vuelven, ahí están una y otra vez en el mismo lugar. Podéis todos hacer lo que se os pide independientemente del carácter que tengáis, más despierto, más vivo o más tranquilo, más sereno; todos podéis dar a los demás alegría en forma de serenidad, en forma de cantos, en forma de palabras, de acciones, de gestos; pero el tiempo pasa, ya habéis gastado días del año que no habéis aprovechado bien, y Jesús insiste, para este año en particular, en el que Dios Padre... Jesús me pide que no os desanime con anuncios de acontecimientos que no son precisamente alegres... más ya se os ha dicho que a pesar de lo que la humanidad haya de recibir por lo que merece, vosotros recibiréis alegrías durante este año, si sois capaces de portar a los demás alegría, serenidad, paz, contento, optimismo, ilusión. 

Fijaos bien, días que han pasado ¿cómo los habéis vivido? Y no digáis que no podéis, es que no queréis, pues aún no valoráis como debierais lo que Jesús puede daros, porque vuestra fe está empobrecida, pensáis que los milagros ya son escasos, os equivocáis; cuando hay fe, los milagros abundan; y vuestra fe se empobrece, pedid a Dios cada día que avive vuestra fe, que avive con ello vuestra confianza y esperanza y veréis cómo no es tan difícil mantenerse en una actitud de entrega a los demás aportando a esos que os acompañan, que os rodean, lo que necesitan para vivir mejor. Si ayudáis con vuestra presencia a otros, tan sólo con vuestra presencia, ya estáis haciendo lo que Jesús os pide; pues no os pide imposibles, os pide... dice Jesús que todos tenéis capacidades distintas y que Él espera a medida de vuestras capacidades... no os comparéis, pues, en lo que hacéis. No comparéis vuestros caracteres, ni penséis que para los más extrovertidos es más fácil, quizá sea justo al contrario.

Veréis, de vosotros depende lo que vais a recibir y quisiera veros dando gracias a Dios durante todo este año por las alegrías continuas que recibáis de Jesús, en respuesta a vuestro actuar digno ante sus ojos. Podéis, pequeños míos, contentar a los demás, enriquecer las almas de aquellos con los que os tropezáis, con los que estáis, con los que vivís. De vosotros depende salir de ese "yo" protagonista que todos tenéis, de ese vuestro egoísmo, de esa vuestra soberbia y daros a los demás en ayuda, en generosidad, en entusiasmo, en paz, en serenidad, en todo lo que es bueno para el alma y la enriquece; porque Jesús os pide esto siempre, pero de manera especial para este año en el que aún vivís.

 Jesús me ha pedido que os anime, y mis palabras intentan ser ánimo para vosotros. Quedaos, pues, con ese aliento vivo que os transmito de que podéis, si queréis, contentar a Jesús y, contentándole, recibir de Él mil alegrías para todo vuestro ser, para alma y para cuerpo, verdaderamente milagros en algunos casos, pues lo que yo veo, a lo que hacía referencia Jesús, que ni beneficia ni perjudica el alma, son caprichos, que si los recogéis con gratitud, llenarán vuestra vida de paz; y verdaderamente os ayudarán a manteneros siendo fuentes para los demás de salvación, porque en realidad, quien sabe mantenerse en entrega hacia los demás, transmitiendo bueno para el alma, está transmitiendo salvación a las almas, está siendo corredentor con Jesús de almas, pues lo que necesitan las almas es luz de Dios, y la luz de Dios se recoge a través del amor, y el amor es alegría. Se os pide, pues, que ayudéis a salvar a otras almas, transmitiendo bueno para ellas, lo cual requiere de vosotros que renunciéis a toda miseria que anida en vuestro corazón. Creedme que es posible, no digo que por momentos los vicios que tenéis adquiridos se hagan fuertes y os dificulten el manteneros en una actitud digna, pero sí os aseguro que con la seguridad de ese recibir de Jesús prometido, las fuerzas que necesitáis para vencer los vicios, para vencer al mal que acecha, las tendréis y de sobra.

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