Sentir a Jesús en el corazón

(Extraído del mensaje de la Virgen María recibido en el Toscón el 6 de Noviembre de 2003)

Habláis de qué significa sentir a Jesús en el corazón, quien siente a Jesús en el corazón, quien le siente se llena de gozo. Y normal sería que ese gozo que se siente, que viene de Dios, provocara cambios de actitud, cambios en el comportamiento.

Cuando sentís a Jesús en el corazón es porque Dios se hace sentir en vuestros corazones, la mayoría de las veces, en su voluntad, no porque lo hayáis pedido vosotros con antelación; y quería Jesús que se lo pidieseis, quiere Jesús que le pidáis con frecuencia para el alma, quiere Jesús que esa Esperanza con mayúsculas, esa Esperanza de cuidar la vida espiritual, dándole un sentido pleno, se haga en vosotros. Cuidáis la vida tal y como la conocéis material, y la vida espiritual la tenéis empobrecida, muy mal cuidada. Cuando se siente a Jesús en el corazón las ganas de interiorizar son instantáneas, esa Esperanza de que haya algo más de lo que aquí hay, esa Esperanza de que todo tiene un sentido, de que no hay motivos reales para estar tristes, esa Esperanza da frutos cuando ese sentir vivo en el corazón se valora.

A veces, creéis que para sentir a Dios, para sentir a vuestra Madre, para sentir a Jesús, hace falta una sacudida espectacular de una vida, y Jesús y Dios se sienten de muchas formas y maneras. ¿Cuánto tiempo hace que no os paráis a admirar la naturaleza que Dios os ha regalado? ¿Cuánto tiempo hace que no disfrutáis de las maravillas de Dios, no sobrenaturales, sino las naturales? esas flores, esas plantas, esos árboles, esas piedras también son bellas, esos paisajes, esos cambios de tiempo, ¿cuánto tiempo hace que no ponéis el freno y os serenáis? ¿cuánto tiempo hace ya que el mundo os tiene ahogados y que no descansáis en Dios?

A Dios le podéis sentir plenamente en el corazón serenamente. El gozo en el corazón provoca en el ser humano una tendencia clara a compartir con los demás lo que está sintiendo, a transmitir a los demás que todo problema es relativo, a contagiar a los demás esa alegría que de manera espontánea nace del corazón cuando se siente a Dios, a Jesús. No esperéis que ese sentir tenga una forma concreta, pero el sentir a Jesús en el corazón es inconfundible, no tendréis dudas porque Jesús en el corazón lo llena de gozo, y ese gozo hay que saberlo atrapar para que dure más de unos segundos.

No sabéis mantener, no sabéis alargar los momentos buenos con Dios, y quiere Jesús que valoréis lo que tenéis. Triste es veros valorar las cosas cuando las perdéis, triste es veros valorar unas montañas, un bosque, un paisaje cuando ya no es lo mismo, cuando se rompe, cuando se quema un bosque, entonces decís, “qué pena”, pero mientras el bosque estaba, ni siquiera lo mirabais. Tenéis para dondequiera que miréis a Dios mismo, sólo basta con que os detengáis un poquito. Lo que ha hecho el hombre, lo ha hecho el hombre, pero porque Dios lo ha permitido. No sigáis pensando, como algunos todavía pensáis, que quizá Dios es un invento, porque algunos aquí aún se angustian con esa posibilidad.

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