SENTIMIENTOS

 (Extraído de los mensajes de la Virgen María recibidos en el Toscón)

Habláis a menudo del amor de Dios, cantáis al amor de Jesús, en más de una ocasión habéis afirmado con vehemencia que el remedio para los males del corazón, para esas almas dormidas aún, es el amor, pero yo os pregunto...¿Amáis acaso? ¿Sabéis lo que es amar? !Cómo vais a entender el amor de Dios por sus hijos, si no sois capaces de amar de corazón, libres totalmente de egoísmos e intereses!

Olvidáis con mucha facilidad la naturaleza que tenéis. Olvidáis con mucha facilidad que estáis de paso todos, y como lo olvidáis perdéis el tiempo intentando ganar cariños y amores. El amor que nace del corazón no se puede comprar. El amor nace del amor de Dios en vosotros. Decís que amáis, pero ¿Cómo amáis? ¿Cómo es que amáis y no estáis dispuestos a descubrir lo que la persona amada en realidad elige? Descubrir el amor verdadero pasa por vuestra entrega humilde a Dios. Pensáis muchos, que esta entrega es difícil; algunos, que imposible, y no es cierto. Cuando queréis algo de corazón, no hay obstáculos en el camino, pero cuando aquello que debéis hacer, no está dentro de vuestras metas, los obstáculos parecen que crecen; y así vais, hijos míos, engañándoos día tras día, recortando la grandeza que Dios puso en vuestros corazones al principio.

Estáis preparados por Dios mismo para desarrollar esa capacidad de amar que tenéis. No se trata de amar al prójimo como a ti mismo, dicen -palabras escritas- porque el egoísmo hace presencia; caemos de nuevo en las malas interpretaciones. Si sois humildes, en verdad humildes ante Dios, vuestra comprensión se haría grande, y ante la realidad clara de que estáis de paso, no buscaríais con tanto anhelo un único amor. Las madres entienden bien que se puede amar a más de un ser con la misma intensidad, pero amar de verdad es amar sin egoísmos, respetando plenamente la libertad del ser que amáis.

¿El amor hace llorar? Sí, hijos míos, el verdadero amor hace llorar muchas veces, pero no confundáis esas lágrimas de amor verdadero, con lágrimas que surjan del egoísmo. Se os pide, Jesús os pide, Dios mismo os pide que os améis los unos a los otros como El mismo os amó; parece una tarea difícil, tantos caracteres diferentes, tantas formas de pensar distintas, Dios os ha rodeado a cada uno de vosotros de hermanos, amigos, seres a vuestro alrededor, ensayad con ellos. Poneros a prueba, preguntaros de verdad si amáis a algún ser, a algún hijo de Dios, como Dios quiere que lo améis, como Dios quiere, y decidme entonces si de verdad amáis con el amor de Dios. No pongáis dificultad que no existe.

De lejos veis lo que anheláis, pero si ese anhelo supone rechazarse a sí mismo, se enmarca como anhelo durante mucho tiempo. Si fueseis valientes de verdad, si ese egoísmo que llena vuestro corazón lo dejaseis de lado, comprobaríais que la felicidad sí existe, felicidad que sólo se puede mantener con amor puro y verdadero; amor que será siempre atacado.

No podéis, ni debéis, amar a los demás y no dejaros amar. Si abrís vuestro corazón a un ser para amarle, no se lo cerréis cuando ese ser se vuelva a vosotros para corresponderos. Cuidad bien vuestras palabras de afecto y cariño si no son sinceras, porque los corazones se abren con amor, porque la confianza se gana con el amor, y si ese amor no es sincero, esa confianza se pierde y se tarda en recuperar. !Sed sinceros con vuestros hermanos! Quereos en orden y respetad siempre la libertad que Dios os dio.

En alguna ocasión os he aconsejado que pensaseis de vez en cuando en el momento de la partida, eso ayuda mucho a tomar realidad cuando uno está tan hundido en este mundo. ¿A quién queréis atar en esta Tierra? No podéis atar a nadie, el verdadero amor no ata, el verdadero amor no necesita de ataduras, no intentéis, pues, atar a nadie con cariños y amores egoístas, porque en verdad que le estáis dañando, si tanto decís que queréis, que amáis a alguien, si de verdad pensáis que amáis a un hermano, poneos a prueba dejándolo totalmente libre. Poneos a prueba, que si en su libertad está el volver, en vosotros está el gozo de la correspondencia; y si en su libertad está el no volver, si el amor es sincero, también en vosotros estará un gozo distinto, el de saber que la persona amada está haciendo lo que quiere hacer, y esta situación si causa lágrimas, de desazón. Poneos a prueba porque estáis atándoos unos a otros sin necesidad. Esas lágrimas, de esa forma, son lágrimas que se convierten en alegría a la larga. Esas pequeñas renuncias, que tanto duelen a veces, son sacrificios que ofrecidos a Dios dan muy buenos frutos. (9.2.95)

Tenéis miedo de perder la seguridad en este mundo que en realidad no es seguridad. Tenéis miedo de agarraros a Dios y perder por ello amistades, confianzas de otros. Si os agarráis a Dios no perderéis nada sino que ganaréis; no vais a perder nada que tuvieseis. Aquello que dejase de estar por vuestro acercamiento a Dios es que nunca estuvo. No os engañéis, estáis acostumbrados a exagerar lo que sentís y después vienen los problemas. Dais confianza a los que decís querer y amar, y cuando de verdad os necesitan los rechazáis. No se os pide que cambiéis de forma violenta, sino que deis muestras de una vez y por todas de que el camino lo seguís siempre hacia adelante y no hacia atrás; porque pasos dais hacia adelante pero también retrocedéis.(18.1.96)

El sentimiento del hombre que de Dios viene, que os hace amaros, es mucho más limpio de lo que concebís. Luchad por mantener las relaciones que tenéis con vuestros hermanos limpias, libres de egoísmos. Si en libertad os habéis unido, si en libertad estáis enlazados, en libertad debéis seguir estando para amaros. Cuántas veces habéis oído que cuando el amor es sincero dura toda la vida. Muchos equivocáis también en este aspecto las cositas, el amor es una cosa -el amor que entendéis entre parejas- y el cariño sincero es otra. Cuando no tenéis lo que queréis de aquel al que amáis os embrutecéis, rompéis con todo, no os conformáis con un cariño sincero y de corazón. Si no podéis tener algo más profundo rechazáis incluso ese cariño sincero. Es otro gran error que cometéis. Si os enamoráis hijos míos y os responden de igual manera bendito sea Dios, pero si no os responden de igual manera, no cerréis vuestro corazón. Si amáis, demostradlo; porque quien de verdad ama, ama libre al hermano, si de verdad amáis, queréis que aquel al que amáis esté feliz. Es justo que deseéis o ansiéis que esa persona os responda, pero si dejáis de lado la libertad que tiene en sus sentimientos, ese amor que en principio habrá sido puro, se volverá poco a poco egoísta y entonces será cuando ese amor haga daño. (3.7.97)

Jesús quiere haceros ver, que a veces esos sentimientos de amor que tenéis unos por otros se han convertido en verdaderas obsesiones, que han dañado ya el corazón, que han apagado la ilusión en muchos, que a muchos están agobiando; cuando se ama de corazón, lo primero que se hace es respetar al que se ama, y el respeto incluye, antes que nada, buscar la felicidad del otro, y si la felicidad del otro es estar con un tercero, si el amor es verdadero hay renuncias, ¡pero eso duele tanto! Y no descubrís aún que haciendo así, que obrando así, el que amáis, si os ama, si en libertad lo dejáis, volverá con vosotros, y si no os ama como esperáis será feliz entonces, y si lo amáis estaríais contentos; pero ¿qué pasa? El orgullo hace presencia, la soberbia hace presencia, el rencor hace presencia, las promesas incumplidas hacen presencia y os llenáis de maldad y deseáis cosas malas para quien se supone que tanto queríais. No, hijos míos, no es así. Os dije una vez, muchas veces, que los lazos que os atan aquí, en el Cielo se desatan. Unidos aquí, luego, arriba, porque asociáis el Cielo con la parte superior, arriba, esos lazos no están, porque arriba todos son hermanos de hermanos. Aquí debéis uniros en libertad y manteneros unidos en libertad. (19.11.98)  

Me dice Jesús que los sentimientos os enredan, y cierto es que en la mayoría de mis hijos es causa de tristeza, de angustia. A veces estáis torpes, no veis, mejor, me corrige Jesús, no queréis ver la mayoría de las veces lo que tenéis delante.

Cuando engañáis, cuando jugáis con los sentimientos de los demás, y me centro en los sentimientos porque fundamentalmente en estos tiempos el mal los utiliza con mucha facilidad, cuando manejáis los sentimientos vuestros y los ajenos sin cuidado os dañáis. Muchos habéis cerrado el corazón al Amor de Dios, muchos habéis cerrado el corazón al amor hacia los demás por desengaños, por faenas, como decís, de otros; pero todos tenéis culpa en el corazón también, porque todos habéis fallado también a otros. Os cuesta ser honestos en vuestra vida sentimental, teméis perder cariños y no sois sinceros; me dice Jesús que no os desanime. Vamos a decirlo de otra manera: si estáis aquí juntos, pero volviendo allá no se mantienen los lazos que aquí hacéis, ¿por qué os empeñáis en ataros unos a otros? Porque en algunos de mis hijos es verdadero empeño, es un empeño que se vuelve dañino. Me dice Jesús que está dispuesto a acompañaros a todos y ser esa atadura para siempre. No es que Jesús os anime a no uniros, pero sí sería conveniente para vuestras almas, y para las almas de aquellos que tropiezan con vosotros, que limpiaseis vuestros sentimientos, sobretodo del egoísmo, egoísmo que guardáis todos en el corazón, mancha que tenéis que os cuesta limpiar.

 Queréis que os quieran, queréis que os amen, pero no sabéis querer ni amar; y así, en las relaciones que vuestra Madre ve, que vuestra Madre comparte haciéndose cómplice por petición expresa de mis hijas y mis hijos, relaciones que empiezan con amor sincero brotando del corazón que pone el mismo Dios, empiezan a deteriorarse por egoísmos; y olvidáis que todos sois mis hijos y que necesitáis diferente para el corazón, y de daros por entero al que amáis, empezáis a medir lo que recibís, y empiezan los problemas; y empezáis a estropear el sentimiento puro que había en el corazón.

  Mujeres y hombres, aquí en la Tierra, distintos sois, no voy a marcar las diferencias para no herir sensibilidades, pero tampoco sois torpes a la distinción de comportamientos entre hombres y mujeres. Las mujeres habemos de ser más comprensivas y los hombres más caballeros con las damas, y la caballerosidad se está perdiendo. La mujer sigue siendo mujer y el hombre, hombre; independientemente de la ocupación, independientemente del estatus, hombres y mujeres deben respetarse como tales. Me dice Jesús que generalice, hijos de Dios son todos y el sentir sale del interior, allá en el Cielo no hay distinción de sexos, sois almas, seres que vuelven a Dios con las manos más o menos llenas, o más o menos vacías.

  Limpiar los sentimientos sería buen ofrecimiento; ser honestos con ese sentimiento que decís tener en el corazón hacia los demás. Ofreced a Dios limpiar esos comportamientos en el terreno sentimental, ser sinceros sin miedo a perder lo que no es vuestro, porque no sois ninguno del otro, sois de Dios y a Dios volveréis, y además en instantes diferentes. No podéis atrapar a nadie, ni está bien que lo intentéis. Y algunos aquí han buscado extraños caminos, malos caminos, para ganar sentimientos; y la mayoría han comprobado que lo que es malo, es malo siempre, y que los frutos, aunque parezcan manzanas sanas, por dentro están podridas. Cuidad, pues, qué caminos recorréis, y si queréis ayudas pedid a Dios, que Dios ayuda. Dios lo puede todo. No dudéis del poder de Dios. En este punto tengo que aclararos que la libertad que Dios regala no se vulnera con el poder de Dios. (17.5.2001)

Quiere Dios que os perdonéis, que os cuidéis. Quiere Dios que esos sentimientos en el corazón, que se han vuelto caprichos en muchos, esos sentimientos que se han vuelto egoístas en la mayoría se limpien, y si no se limpian que desaparezcan. No os extrañéis, pues, de que sentimientos que tenéis aferrados de repente no estén, como si de un milagro se tratase, porque voluntad de Dios es que así ocurra en algunos corazones, para que esas ataduras que os mantienen como idos, como decís a veces, zombis, se rompan, y recobréis una lucidez que necesitáis para caminar por el camino recto hacia Dios. 

El mal os tiene a muchos con vendas en los ojos, pero ha escogido el mal desde siempre los sentimientos como arma para confundir y apartar a las almas de Dios. Un sentimiento que pone Dios en el corazón debe cuidarse con esmero, hay que evitar que el egoísmo se haga en el corazón, no sois dueños de nadie, no debéis pretender gobernar a nadie. Si no respetáis la libertad de los demás, si en libertad no amáis, no sabréis realmente lo que es amar y ser amado. Y aunque el verdadero Amor, el Amor con mayúsculas es el que tiene Dios por sus hijos, es el que espera Dios de vosotros en ese reencuentro, ese amor con minúsculas humano que todos buscáis como asidero para encontrar la felicidad, está haciendo que muchas almas estén estancadas en el camino.

  Sed astutos en esos amores con minúsculas que se generan en vuestros corazones, para que se limpien, para que se reconduzcan; y si Dios tiene a bien que desaparezcan que así sea, pero no olvidéis que el amor lo pone Dios en el corazón para que os deis a los demás, con entrega desinteresada, no para que os volváis carceleros y carceleras de otros.

Se os bendice en este instante y sobre vuestras almas derrama Dios lo que necesitáis. Y en Nombre de Dios Padre Todopoderoso, en Nombre de Dios Hijo Jesús, en Nombre de Dios Espíritu Santo bendecidos quedáis. Que estas bendiciones que Dios tiene a bien derramar sobre vuestras almas os den un poquito de valentía que necesitáis, de valentía para limpiar los sentimientos de vuestro corazón hacia los demás, para limpiar esos sentimientos que os están haciendo daño a muchos, y que no os dejan avanzar, porque sucios están, egoístas se han vuelto, interesados, ya no son sentimientos puros sino impuros. Pedid a Dios que os ayude a limpiar esos sentimientos o pedid a Dios que os los quite, y que os ponga otros nuevos, comprometeos a cuidarlos y a mantenerlos limpios. Y no anheléis el estar en esta vida sino en la otra que es la que no tiene termino. (3.10.2002)

 

 

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