Salvar el alma

(Extraído del mensaje de la Virgen María recibido en el Toscón el 19.01.2012)

 

Un día, una jornada, sin un encuentro con Jesús, sin un encuentro con Dios, es un día perdido, esto ya lo sabéis. Cuántas veces os he pedido para Jesús un detalle de cercanía diario, a Jesús Le contentaría, pero es que a vosotros os hace falta, y en algunos casos, con urgencia. Si no mantenéis el alma despierta os sorprenderá la partida sin estar preparados y habréis de purificar lo que aquí podíais haber dejado saldado. Yo os quiero llevar al Cielo, acercándoos a Jesús, dejándoos con Jesús. Yo no busco un rebaño propio, lo sabéis, busco vuestras almas para Dios, y cómo cuesta, a veces, tocar vuestros corazones.

 

Dios envió a Jesús y Jesús murió en la cruz, podía haber... dice Jesús que la Voluntad de Dios, sin resquicios de error ninguno, es lo mejor para las almas que han sido creadas... así, pues, la cruz, esa cruz que asusta a tantos, que a muchos avergüenza aún hoy, es una cruz que salva el alma, es una cruz que da respuestas a todas las preguntas que el ser humano se hace, pero para recibir esa respuesta clara en el corazón y en la mente, tiene que haber una gran humildad; ¿y dónde está la humildad? ¿está en vuestras almas esa humildad necesaria? Una humildad que se escapa con facilidad de vuestros interiores recién recibida, recién regalada, la perdéis con prontitud, porque no sois prudentes, no sois astutos, no sabéis plantarle cara al mal que os acecha; el mal no duerme; Dios tampoco duerme, pero si no acudís a Dios con frecuencia ¿cómo os vais a proteger? ¿cómo vais a avivar esas fuerzas para ganar las batallas contra el mal? Solos no podéis, necesitáis la ayuda de Dios, porque la libertad que tenéis por sí sola no da buenos frutos, y esto ya lo habéis probado muchos de vosotros; solos ni siquiera podéis sorprender a Jesús. Necesitáis de Dios, pero muchos de vosotros aún no sienten esta necesidad urgente y, sin embargo, hay urgencia en algunas de vuestras almas de esa cercanía de Dios.

 

La libertad es el instrumento que tenéis para salvaros, si la usáis bien la salvación estará al alcance, pero si no la usáis bien os apartaréis de ese Cielo que os espera; y yo estoy aquí entre vosotros precisamente para deciros "venid, acercaros a Jesús, que os ama, que os perdona, que os comprende a la perfección"; no os creáis no merecedores de su Misericordia, de su Perdón, porque hayáis cometido faltas graves. Dios en Jesús, cercano a vosotros, murió en la cruz para daros la posibilidad de salvación a todos, sólo se os pide un reconocimiento de las miserias que guardáis y una verdadera confianza en esa Misericordia, que se os brinda, abundantísima.

 

Oráis por todas las almas creadas, entre ellas las vuestras. Orad para el beneficio de todas ellas y recordad que con vuestra oración podéis hacer mucho bien a tantas almas de hermanos que conocéis y de hermanos que no conocéis; a tantas almas que se purifican dolorosamente en el purgatorio, cuánto bien les hace la oración. Orad, pues, pequeños míos del Toscón, con ganas, y como dice Jesús tantas veces, con alegría. Que la oración no ha de ser triste, pues si se usa precisamente para pedir a Dios intervenciones particulares, especiales, debe ser una oración confiada y llena de alegría, precisamente por esa confianza que se pone al orar. Yo os digo, yo os garantizo, que de vuestra oración hay una gran respuesta de Dios sobre todas las almas...

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