¿Qué te falta para ser feliz?

(El jueves 21 de Septiembre de 1995 la Virgen María en su mensaje preguntaba "¿qué te falta para ser feliz?" después de que muchos de los asistentes dieran su opinión Ella nos daba su mensaje.)

                                  

La felicidad sólo está en Dios y por eso no sois felices porque no tenéis a Dios en vosotros; y algunos habéis respondido que la felicidad os la darían vuestros seres próximos unidos y os engañáis. Todos sois hijos del mismo Dios y todos sois esperados. Ansiáis el cambio en un hermano, si ese cambio se convirtiera en realidad, no seríais felices, porque no estáis llenos de Dios y una preocupación es sustituida por otra a la que ahora tal vez no dais importancia.

Jesús os llenará de paz cuando entre en vuestro corazón al completo. Todo aquello que anheláis se puede alcanzar, pero os falta lo más importante: la fe, como algunos bien han respondido; la fe os haría felices, una fe viva en Dios aseguraría vuestra felicidad. En esa confianza plena en Dios vuestro Padre recibiríais lo que necesitáis y veríais las cosas de maneras muy distintas.

Os he animado en más de una ocasión a que pidáis a Dios con humildad que su Espíritu aumente vuestra fe, pero no lo hacéis, no pedís fe, pedís bienes materiales, mejorías de salud, pero no pedís fe. 

Hijos míos, si no pedís fe al Padre, si no aviváis vuestra fe, no podréis avanzar. Muchos, por no decir casi todos, os movéis día tras día en la duda, Dios está como un asidero para los momentos malos. Dios responde a vuestra llamada, os llena de paz, os llena de serenidad y luego os dejáis ahogar de nuevo por el mundo.  

Venís aquí, como otros acuden a otros lugares, para llenaros de Dios y no volvéis a casa vacíos, porque Dios siempre derrama sobre aquellos que acuden a Él sus gracias, pero no sabéis manteneros, porque sabiendo lo que tenéis que pedir, no lo pedís; que si Dios está vivo, que si Dios es realmente misericordioso, que si Dios puede hacer milagros, que si Dios es un invento, multitud de preguntas que en la duda os meten una y otra vez; que si esta manifestación es real, que si será fruto de hipnosis, que si será una tomadura de pelo; todo esto, todas estas preguntas y temores son fruto de vuestra fe débil.

Pedís a Dios muchas cosas, le pedís a Dios a través de Jesús, a través de vuestra Madre, a través de esos Santos de vuestra devoción, y esas peticiones, algunas, son buenas para vuestra alma y otras no lo son; sin embargo hijos míos, la petición de aumento de fe siempre es concedida, pero esa petición ha de ser constante, con humildad. La fe la necesitáis si queréis estar preparados.  

Aquello que pidáis a Dios que beneficie vuestra alma siempre será concedido, pero son precisamente esos dones lo que más os cuesta pedir, porque la fe no se palpa, porque la caridad no se entiende bien, preferís pedir para el día de mañana, para saciar las necesidades humanas que no engrandecen vuestra alma; y Dios vuestro Padre ansioso de recibiros y responderos recoge todas vuestras peticiones, pero hijos míos, pedid a Dios, pedidle que aumente vuestra fe, y Él poquito a poco la irá aumentando en la medida en que estéis preparados para ello.  

Con ese aumento de fe las preguntas cada vez serán menos, y con ese aumento de fe, la humildad dará frutos. La fe, hijos míos, es la gran desconocida. La fe, de la que tanto se habla por la importancia que tiene, y sin embargo, que poquito pedís a Dios que la aumente en vuestros corazones.

 No podéis asimilar todo lo que aquí recibís precisamente porque vuestra fe no es fuerte. Estáis más pendientes de los errores, de un posible engaño, que de recibir con humildad de Dios lo que Él os regala continuamente.

Pedid  a Dios todos que aumente en vosotros ese don que tanto necesitáis para poder conocerle, para poder, en definitiva, alcanzar esa felicidad que no alcanzáis.

Estáis perdidos y Jesús a vuestro lado mantiene su mano tendida para guiaros, sólo tenéis que coger su mano y no soltarla; y la palabra de Dios escrita está y aquí se os recuerda esa palabra de Dios. Las intenciones son buenas, no busquéis más allá de lo que vuestro corazón entiende.

En esta tarde, la petición que vamos a hacer a Dios va a ser precisamente esta petición que deberíais hacer todos los días, lo cual no significa que no hagáis las demás, pero la primera debería ser esa petición de aumento de fe, para que esa venda que tenéis en los ojos caiga y podáis ver con claridad, para que entendáis que esos problemas no son problemas, para que comprendáis que Dios en realidad lo puede todo, pero que os da en la medida en que vuestra alma pueda engrandecerse.

Rezad esta tarde pidiendo con humildad a Dios ese aumento de fe, no os apuréis en pedir nada más, porque Dios os conoce y sabe lo que necesitáis. Concentraos en esa petición concreta de aumento de fe. Si vuestra fe no crece, Dios seguirá siendo un desconocido para vosotros, y por muchas peticiones concedidas, no podréis llegar a Él.

 

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