Prudencia

 (Extraído de los mensajes de la Virgen María recibidos en el Toscón) 

(Extraído del mensaje del 8.1.2009) 

(Cuando iba a comenzar el rezo del Santo Rosario, la Madre hacía la petición.)

 - Vamos a pedir a Dios Padre para que sostenga en nuestras almas la humildad, para que cada vez que se esfume vuelva a entrar en el alma, se vuelva a recuperar. Vamos a pedirle a Dios Padre, en particular este jueves, por la prudencia. La prudencia se alimenta de la humildad. Vamos a pedirle a Dios que aumente la prudencia en vuestras almas. La humildad hace crecer la prudencia pero cuando la humildad no se cuida no hace crecer nada. 

- Quiero veros llenándoos de ilusión y de esperanza en el día de hoy, pues vamos a solicitar de Dios humildad y prudencia, y tened por seguro que recibiréis ese aumento si lo solicitáis con fervor, con atención y con ganas. Quiere Jesús veros contentos, alegres. Quiere Jesús, dice, veros humildes. A ver si al final de este año ganan todos en humildad y hacemos una gran fiesta. Fiesta de humildes, dice Jesús, todos de blanco ¿será posible? Quiere Jesús también que en vuestra oración pidáis por todos los demás que aquí no están, prudencia, ligada a la humildad pero prudencia, una prudencia que empuja a confiar en Dios, una prudencia que mantiene el alma anclada en la confianza, una prudencia que evita que el alma vague sola. 

(Antes del primer misterio la Madre decía lo siguiente.)

 - No olvidéis que Jesús, Hijo de Dios, hermano vuestro, también os acompaña en vuestra petición, solicitamos a Dios Padre que a través del Espíritu Santo sostenga la humildad en las almas y aumente la prudencia en todas ellas.

 (Antes del tercer misterio la Madre decía lo siguiente.)

 - Jesús anuncia el Reino de los Cielos, lo anuncia, pues para todos es este el Reino de los Cielos, pero para entrar en ese Reino de los Cielos hay que convertirse primero y convertirse significa nacer de nuevo a la luz, dejar atrás lo que es malo, lo que es dañino para el alma, convertirse es bajar la cabeza ante Dios y servirle con amor y sin interrupciones. Si queréis ganaros ese Cielo, si queréis contentar a Jesús y tener una vida serena llena de paz con Jesús en vuestro interior tenéis que ejercitar la prudencia. Sois muy imprudentes, calláis cuando no debéis, habláis cuando no es conveniente y así tantas acciones imprudentes que acometéis o faltas de acción también por imprudencia que dejáis de acometer. Estamos pidiendo a Dios para que regale a vuestras almas un poquito de prudencia, para que aumente la prudencia en vuestros interiores, para que andéis con mayor rectitud y con mayor diligencia por los caminos de Dios.

 (Antes del cuarto misterio la Madre decía lo siguiente.)

 - Estamos pidiendo prudencia, una prudencia que os ayuda a desarrollar esa capacidad de amar. Cuando uno no es prudente no calla y alza la voz antes de tiempo, pierde la oportunidad de comprender a los demás en sus acciones, pierde la oportunidad de perdonar con prontitud y de querer un poquito más a los que están perturbando por momentos vuestra paz. Cuando uno abre el corazón a la disculpa, cuando uno es prudente y no se da prisa en dar la espalda a los demás, sino que se mantiene frente a los que están descontentos y alterados dando paz y serenidad desarrolla su capacidad de amor porque amar es también conocer a los demás, si no los conocéis bien en sus acciones o sus reacciones no podéis amarlos y así estáis juzgando continuamente a los que más queréis por sus genios prontos, por vuestro desacuerdo con sus opiniones. Si a los más cercanos debierais amar los demás, sed prudentes entonces, aprended a querer a los demás en la prudencia de callar, de observar y averiguar los motivos que producen en los demás, a los que queréis, descontento o inquietud, porque si alterándose los demás os alteráis vosotros flaco favor hacéis a vuestra alma y a las almas de los que os necesitan con vuestro ejemplo, con vuestro amor, con vuestro cariño. Esta prudencia que solicitamos os ayudará también a desarrollar esa capacidad de amar que tanto necesita el alma del hombre para poder llegar al Cielo, al Reino de los Cielos, donde se vive el amor en plenitud en esa presencia de Dios viva. Si no ensayáis a amaros aquí no podréis traspasar las moradas que cruzan al Cielo. Prudencia que aunque no entendéis en toda su amplitud yo os digo que es fuente de una riqueza enorme para el alma. Pedid, pues, con ganas vivas en el corazón y con vuestras mentes despiertas esa prudencia y esa humildad sostenida en el alma.

 (Antes de orar el quinto misterio la Madre decía lo siguiente.)

 - Pedimos a Dios prudencia y pedimos a Dios prudencia porque la necesitamos. A veces me incluyo en las peticiones y os preguntáis ¿cómo es posible que la Madre, la Virgen María, pida para Ella prudencia, humildad, paciencia? pensad la guerra que me dais y entenderéis que yo necesito continuamente recoger de Dios de todo, pues no andáis bien. Muchos de mis hijos se están perdiendo por caminos que los apartan de Dios, muchos no quieren oír hablar de Dios y los que saben de Dios, algunos, le traicionan, hay deslealtades, desconfianzas inmerecidas. Sí, pequeños míos, yo pido a Dios continuamente para mi alma también, pues estoy sirviéndole con vosotros, con esta humanidad doliente. Os acompaño, oro por vosotros, y ya quisiera yo que mi oración fuera suficiente para salvar a todas las almas, pero no es así, mi oración es continua pero no consigo salvar a todas las almas, consigo de Dios tantas cosas, cuántas veces me concede Dios librar a un alma del infierno, me concede Dios una oportunidad para almas que han ido muy mal, a purgatorios profundos que no están exentos de tentaciones, pero por lo menos no es la condenación eterna que supone el infierno. Estoy sirviendo a Dios, me alimento de Dios y Dios debiera ser el alimento vuestro. A veces vivís como si Dios no existiera en vuestras vidas, no os dais cuenta de esa su presencia continua a vuestro lado, perdéis el Santo Temor a Dios tan necesario para que el alma se dignifique poco a poco, se vaya limpiando. La prudencia, que estamos pidiendo, da frutos de Santo Temor, una prudencia aumentada en el alma que aumenta también el Santo Temor a Dios, pues en la prudencia uno evita acciones alocadas, diría yo, que acometería en otras situaciones faltos de esa virtud de la prudencia. Con la prudencia uno puede andar bajo la mirada de Dios consciente de tenerla encima sin ofenderle. Necesitáis de ese Santo Temor a Dios para no entristecer a Jesús. Si supieseis conscientemente que esa mirada está ahí no haríais tantas cosas, no apagaríais la alegría de otros y no aumentaríais el disgusto de otros cuando ya están inquietos o disgustados, calmaríais tempestades, no las alimentaríais, pues ese Santo Temor a Dios os haría mirar por encima de vuestras propias miserias y hacer para contentar al Cielo, al Altísimo, a vuestro Padre Dios. Pedimos prudencia porque de la prudencia vuestras almas se benefician enormemente. Pedid, pues, con ganas, pequeños míos del Toscón, que la necesitáis y con urgencia algunos.

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