Pedir a Dios
|
(Extraído del mensaje de la Virgen María del 23 de abril de 1998) Cuando
se pide a Dios con humildad se recibe, cuando se pide a Dios con
confianza se recibe; pero cuidado, si Dios contestase sí a vuestras
peticiones sin importar vuestra actuación libre, no tendría sentido la
prueba máxima que Dios os pone a todos que es la propia existencia.
Preguntaos más bien qué hay de hacer para ganar las gracias de Dios,
para recibir lo que se anhela, aquello que se pide, aquello que se
espera, la contestación será siempre la misma: "Confianza en Dios".
Si confiáis en Dios, Dios os dará más de lo que esperáis. La duda
alarga la espera se os ha dicho muchas veces; y después decís: "Dios
no me escucha, Dios me dijo esto y no se ha cumplido". Y yo os
pregunto: ¿Sabéis esperar acaso? ¿Esperáis alegres y confiados? Se
os vuelve a repetir: Mientras no os llenéis de confianza en Dios,
mientras no os llenéis de alegría verdadera en esa confianza, lo que
esperáis seguirá tardando en venir, es así de sencillo, pero lo
complicáis; es más, afirmáis que no tenéis fuerzas para manteneros
alegres, afirmáis que no sabéis como confiar en Dios. No es tan difícil,
miraos, ahora estáis y dentro de unos instantes podéis estar
retornando hacia Dios, esa gran realidad la tenéis perdida, olvidáis
que Dios os llama, que de aquí partís y que la partida puede ser
instantánea. Con esa realidad, con esa realidad viva en el corazón,
las fuerzas que no utilizáis, se utilizarían; porque aquello que pedís
bajo la realidad de que podéis partir pierde la urgencia, pierde la
urgencia hijos míos. Cuando el sosiego entra en el corazón, cuando la
paz inunda el alma, la confianza en Dios ya está presente. |