Padrenuestro                         

                            (Extraído del mensaje de la Virgen María recibido en el Toscón el 19.03.2009)

Cuántas veces os veo recitar el padrenuestro sin saber lo que estáis diciendo. Cuando uno ora debiera sacar del contenido de lo que dice beneficio para el alma. "Padre nuestro que estás en el Cielo", decís comenzando la oración, Padre nuestro, es un Padre compartido que está en el Cielo amándoos, cuidándoos, un Padre compartido. Sois hermanos pues. Debéis sentiros como hermanos de hermanos. Padre nuestro le decís. "Padre mío que estás junto a mí", respondéis, porque importante es que tengáis conciencia de que sois hijos todos del mismo Dios, del único Dios, por tanto hermanos en Él, por Jesús. Entender que Dios pueda ser Padre, Hijo y Espíritu Santo a la misma vez es imposible para vosotros. No pretendáis descubrir el misterio de la Santísima Trinidad, pero recogedlo como cierto, así avanzaréis más ligeros. Es importante que también tengáis a Padre Dios como algo especial para cada uno de vosotros. Dios es Padre de cada uno también, y está al lado de cada uno. Los que sois padres, madres, y los que no lo sois, también lo entendéis, hijos se pueden tener muchos y a todos se les quiere y a todos hay que tratarlos de manera diferente, requieren un cuidado distinto, no son iguales, así vosotros también tenéis un cuidado diferenciado por parte de Dios.  Padre nuestro y Padre mío también, porque Dios quiere que os sintáis especialmente cuidados. Fuera del conjunto del que formáis parte, Dios os trata especialmente a cada uno de vosotros.

Decís a Dios "santificado sea tu Nombre", se lo decís y ¿dónde está el corazón cuando se lo decís? ¿dónde está vuestra alma cuando se lo decís? Queréis que Dios sea santificado ¿qué significa que Dios sea santificado, que sea glorificado? ¿qué significa esto? ¿que vosotros le hagáis honores y pleitesías o que todos se las hagan o que todos sepan que Dios merece esa rodilla incada, esa oración fervorosa, ese encuentro diario con Él? el testimonio de fe que le dais a otros es pobre. Si es que realmente le decís de corazón a Dios "santificado sea tu Nombre" que se note... me dice Jesús que de carrerilla oráis porque os lo sabéis tan bien... Dios en Jesús me interrumpe tantas veces para suavizar mis palabras, también para endulzar, quizá, el tono de las mismas, pero es verdad que viéndoos, como os veo, desperdiciando un tiempo precioso, normal es que os tire de las orejas con las palabras. Si queréis, os decía, realmente que Dios sea glorificado, sea santificado, que no haya vergüenzas pues en vuestra vida para dar testimonio de su presencia en ellas. Nombrad a Dios sin temores, a Jesús sin vergüenzas, con una prudencia lógica que se os demanda siempre para que no apartéis almas de Dios, sino que las acerquéis. Este repaso de esta oración única... me dice Jesús que está temiendo llegar al final de este repaso. Disfrutad, dice Jesús, de un mensaje más en esta bendita posada...

"Venga a nosotros tu Reino", "venga a nosotros tu Reino" le decís, ¿qué significa que venga el Reino de Dios? ¿no os asusta el orden final anunciado por Dios mismo, esa segunda venida tan mal interpretada por algunos? muchas almas claman ese final, se hace tardío en llegar para ellas, sin embargo, Dios en su infinita misericordia ha extendido los tiempos. Querer vivir en paz por siempre y para siempre es un ansia de toda alma. Hay verdades que no puedo explicaros, pues, sería más la confusión que la ayuda. Cuando pidáis a Dios que venga su Reino, decídselo sin miedos, con ganas verdaderas de que venga su orden, de que venga su luz, de que venga su presencia definitiva.

 "Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo". "Sí, Padre, haz Tu voluntad" contestáis cuando lo cantáis. Qué bien lo cantáis a veces, "sí, Padre, haz Tu voluntad", ¿esa voluntad que os ha dolido estos días, estos meses atrás, estos años atrás? ¿de verdad queréis que Dios haga Su voluntad? Dios quiere recogeros a todos en el Cielo y Dios quiere que andéis por los caminos que llevan a la santidad, y para poder andar por esos caminos hay que amar la voluntad de Dios en la vida. Por encima de la de uno, tantas veces que no coinciden las voluntades de Dios con vuestras voluntades, hay que amar la voluntad de Dios. Y cuando oráis y le decís a Dios Padre "hágase tu voluntad en el Cielo como la Tierra" ¿por qué no os atrevéis por decirlo de corazón, con valentía y sin miedos?

Dios no obliga, pero es Dios ¿verdad? Dios invita, Dios es amor y Dios os invita a volver, pero eso sí, por los caminos que Él ha marcado, no por caminos que vosotros marquéis o que el mundo os marque, por los caminos que Él ha dejado marcados con claridad. Si de verdad queréis que se note de cara a los demás que santificáis a Dios, que glorificáis a Dios, que se note en vosotros entonces que amáis su voluntad, que no la teméis. Que cuando estéis en tiempos de dificultad no se pierda la sonrisa de vuestros rostros, que la confianza se transmita a los demás.

Sigamos con la oración. La oración recitada se hace muy corta y perdéis aún más el sentido de lo que decís, por eso el padrenuestro, en su letra, fue dado para que siendo un poco más largo, no pesado, más largo, os ayudara a todos a tomar más conciencia de la importancia de lo que en esa oración se dice, pues, en esa oración recitada de corazón, con el alma totalmente puesta en ella, se recogen muchas gracias del Cielo, pues, para poder recitar esta oración a la perfección, la humildad ha de entrar en juego. Para que esta oración se recite y llegue lo más alto, la humildad tiene que estar ahí usándose totalmente. Sin humildad cómo vais a reconocer que Dios es Padre de todos y menos aún Padre propio, cercano, personal, que os hace sufrir. Sin humildad, cómo vais a pensar que merezca vuestra atención, esa gloria, ese santo, santo, que le decís. Sin humildad no podéis dar gloria a Dios, sin humildad la esperanza se va debilitando, uno no ansía que venga el Reino de los Cielos, pues, no cree, realmente, que sea tan maravilloso ni bueno para el alma. Sin humildad las verdades... me dice Jesús, sin humildad todo es un desastre... resumiendo las palabras que os iba a decir... dice Jesús que quiere en estos momentos oíros cantar esta oración hasta el momento en que empieza la parte que no se ha comentado... comenzad.

A ver si conseguís orar esta parte con un corazón un poquito más abierto y entregado.

(Se cantó el "padrenuestro" hasta ese momento.)

Continuemos, digamos, con este repaso de esta oración que quiere servir para que la aprovechéis con el máximo beneficio para vuestras almas. "Y el pan de cada día, le decís a Dios, dánoslo hoy" ¿se refiere Jesús, en Dios, Dios mismo, al pan que alimenta el cuerpo que os cubre o se referirá Dios al verdadero pan de vida? y contestaréis acertadamente algunos, y otros erraréis en vuestra respuesta. El hombre tiene necesidad de Dios, sin Dios el alma muere, sin la luz de Dios el alma permanece en tinieblas y muere. Un alma que no se alimenta de la luz de Dios, que no come del pan de vida, no crece, no se desarrolla. Le pedís a Dios aquí que os sostenga la vida, una vida completa, y muchos cuando esto oráis, diciéndoselo a Dios Padre, pensáis tan sólo en el sustento material, "Dios Padre, no me quites el pan de la boca" y no es que no podáis pensar también en el alimento material, lo que pasa es que estáis tan ciegos. El pan que pedís a Dios ahí es el verdadero pan de vida. Ese pan de vida es Jesús, ahora para vosotros es Jesús. Jesús es la vida para el alma, la luz para el alma. Y cuando le pedís a Dios que ese pan os lo dé cada día le estáis pidiendo a Dios que mantenga vivas vuestras almas para que no se pierdan. Que no os falte el alimento espiritual, temed antes que os falte este alimento a que os falte el otro, porque si os faltase el alimento del cuerpo ¿qué puede pasar, que partáis? ¿hay gran problema en ellos cuando al final todos vais a partir? el problema estaría si vuestras almas vuelven muertas a la presencia de Dios. Dios examina a las almas en su retorno y examina esa luz con la que vuelven, esa luz que han sabido recoger en su peregrinar. Cuando pidáis a Dios ese pan, pedid ese pan verdadero de vida, esa su luz, esas sus gracias para que el alma se mantenga en crecimiento y no temáis no tener qué comer o vestir, ya sabéis, Jesús habló de estos problemas a los suyos. Dios provee a las almas sencillas y humildes en cada momento. No temáis, pues, la falta de alimento material. Y solicitad con ganas, con confianza verdadera, el pan espiritual, que seguro recibís cada vez que lo solicitáis, pero cuánto más no recibiréis de ese pan de vida si lo solicitáis sabiendo lo que estáis pidiendo.

"Y perdonamos..." ¿de qué os va a perdonar Dios? ¿qué perdón le solicitáis? Perdónanos, Señor, ¿le pedís perdón, en realidad, cuando oráis? ¿abrís vuestro corazón lo suficiente como para dejar las miserias al descubierto ante Dios y pedir perdón a Dios por ellas o el tiempo es demasiado corto? fijaos que aquí la oración cantada se extiende un poquito más aún. Reconocéis una condición que para ser perdonados, para recibir el perdón de Dios, es necesario haber perdonado también vosotros a los demás. "Si nosotros perdonamos, perdónanos Señor", hay una clara condición en ese "si" condicional, pero aún continuando la oración, reconociendo esa condición, volvéis a decir que si realmente es condición os ayude a perdonar y os ayude a olvidar. Fijaos bien, esta parte es importante también, muy importante que la hagáis para que os beneficiáis como Dios quiere realmente que os beneficiéis al orarla, recitándola, o cantándola. Si le pedís a Dios fuerzas para perdonar es porque reconocéis que os faltan o que no las sabéis usar, y si le pedís fuerzas a Dios para perdonar, para olvidar, pedidle a Dios con conciencia plena de lo que estáis solicitándole. Cuántas veces oráis el padrenuestro, "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden" gran mentira en muchos de vosotros, cuántas veces oráis así a Dios y estáis en guerra con algún hermano, no estáis en paz, estáis pasando un momento de decepción, de enfados, de ira, pero recitáis la oración, de carrerilla, os decía, tantas veces, porque si os dieseis cuenta de lo que estáis diciendo no podríais orar de esta manera. Si no estáis perdonando sabéis que hay una barrera en vosotros para recibir el perdón de Dios. Es todo... dice Jesús, mi Padre así lo ha dispuesto y esto no va a cambiar... la tarea del amor es una tarea, os decía al comienzo de esta manifestación permitida por Dios, que la tenéis medio olvidada por momentos. La tarea del amor, específicamente la tarea de la disculpa continua a los demás y a uno mismo también, uno tiene que ser humilde, reconocerse pequeño y perdonarse los errores. En la soberbia uno tarda en perdonarse. Aprovecha el mal esa puerta que le abrís y aumenta en vosotros la sensación de incapacidad para ser redimidos. Cuántos se condenan a sí mismos, "no tengo perdón de Dios". No dejéis que el mal os haga pensar que no tenéis remedio, pues sí tenéis remedio, pues tenéis aún Padre que os ama, a una Madre que os mima y que pide por vosotros continuamente. Tenéis que usar la libertad que Dios os ha regalado de manera más eficaz, pues en la torpeza andáis demasiado tiempo, y por eso las caídas son tan frecuentes. Fijaos, condición clara, dice Jesús, que Dios no la va a cambiar.

"Y de la tentación líbranos Señor", "de la tentación del mal sálvanos", ahí reconocéis que el mal está suelto y que el mal os tienta. No estáis ninguno de vosotros exentos de tentación, como yo tampoco estuve exenta de ellas. Las tentaciones son permitidas por Dios para probar la fortaleza de vuestras almas, para probar esos compromisos de lealtad, de fidelidad, de disponibilidad, que tantas veces hacéis en la intimidad con Dios. Y la tentación Dios... dice Jesús que esa tentación en la que caéis, y además con gusto algunas veces, está empobreciendo tremendamente a las almas, pues en esa caída ante la tentación el alma pierde luz y a veces, demasiada luz como para recuperarla con la misma velocidad que la perdió... La tentación se disfraza de muchas formas y maneras. En mensajes, en distintas partes, advierto a las almas de las tentaciones para que no caigan en ellas, porque el mal sabe como meterse sutilmente en las almas a través de todos los medios que encuentra en su camino, y en vuestros caminos. Y el mal se mete a través de los medios de comunicación, y el mal se mete... me dice Jesús también en los medios de locomoción... mas no es este caso. Veréis, Dios está permitiendo al mal tentar a las almas, pero no os asustéis, porque Dios simultáneamente está dándoos, regalándoos, continuamente fuerzas, vivificándolas en vuestro interior para que usadas con astucia y con prudencia la tentación sea vencida sin dificultad, mas ¿dónde está la dificultad verdadera en vosotros que os hace caer ante las tentaciones? está en vuestra libertad, pequeños míos, la dificultad está precisamente en el uso de vuestra libertad. Hacéis lo que queréis, aun cuando afirméis que estáis atados, estáis atados porque queréis y por tanto estáis haciendo lo que queréis.

La vida humana es engañosa, por eso vivís tantos aún más para el mundo que para Dios, y os veo a tantos enredados... háblales de la vejez, dice Jesús... la vejez no llega a todos, pero llega a muchos y cuando la materia se va deteriorando, las capacidades humanas también van flaqueando. Y cuántos esperáis a ese futuro que ni siquiera sabéis si va a venir para disfrutar de un retiro, de una casa que por fin terminaréis de pagar, de un poquito... me dice Jesús que cuántas casas, inmuebles, se quedarán sin disfrutar y se quedarán en esta Tierra hasta que desaparezcan mientras que el alma no va desaparecer... el alma es eterna, pero en esa eternidad el alma puede estar viva, gozosa, feliz, en presencia de Dios, puede estar purificándose dolorosamente para recobrar el Cielo, pero también puede estar ese alma muerta, un morir que no es el morir que entendéis humanamente. Un alma muerta es un alma sin luz, un alma que ha escogido estar del otro lado, almas a las que al final de los tiempos Dios las expulsará a los abismos de los que no podrán volver. Esto está escrito, mal interpretado, pero está escrito, y algo se puede recoger sin error. Hay un juicio, pequeños míos, hay, no un examen, como vosotros entendéis lo que es un examen, pero sí una revisión de una vida. Cuando uno recita el padrenuestro de corazón es porque está limpio, preparado, y orgulloso y feliz con Dios. Si uno no está en paz con Dios no puede orar bien el padrenuestro, pues, cuando solicita el perdón de Dios sabe que no lo va a recoger si no está en paz con los demás, con uno mismo, uno tiene que parar la oración, ponerse en paz con Dios, y luego puede retomar la oración, porque repetir lo mismo sin sentido flaco favor os hace. Y os he dicho tantas veces en esta bendita posada que la oración, aunque se realice con descuido, con sueño, con poca atención, Dios la recoge, es verdad, el simple hecho de que os dirijáis a Dios, de que solicitéis mi intervención para que interceda por vuestras necesidades ante Dios, hace que Dios derrame gracias sobre vosotros por ese pequeño tiempo que le dedicáis, aunque sea un tiempo no muy digno.

 El padrenuestro es un instrumento poderosísimo como oración en manos de quien sepa usarla. Un padrenuestro al día orado de corazón sería suficiente para mantener viva la vida de oración, que tantas veces os he recomendado, para que el alma se mantenga despierta, fértil, en la recogida de esa semilla de gracia que es Jesús en la comunión. Un padrenuestro al día, fijaos qué fácil, pero fijaos también qué difícil hacerlo a la perfección cuando uno está usando mal su libertad. Mis palabras son palabras que Dios ha querido que escuchéis.

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