La Paciencia

(Extraído de los mensajes de la Virgen María recibidos en el Toscón)

Os apuráis en pedir. ¡Cuidad la paciencia! En la espera, cuidad esa paciencia; cuando se pierde la paciencia se desconfía de Dios, y eso no está bien. Todo está ahí, todo está ya caminando. Dios, sólo os pide Dios, que seáis buenos, nada más... y nada menos (9.2.95)

 

En la humildad hay tantas ramas, la humildad es un árbol fuerte. En la humildad está la base de la paciencia, ser pacientes, ser comprensivos, ser sencillos, ser generosos, ser entregados sin esperar recibir. No confundáis el ser humildes con sentiros humillados. Ser humildes es hacer servicio sin esperar nada a cambio, pero porque lo sintáis de corazón. Si esperáis un agradecimiento no estaréis siendo humildes. Si esperáis una distinción no estaréis siendo humildes. La satisfacción de la humildad es ver el gozo del otro con esa entrega vuestra desinteresada. (29.6.95)

 

Quien se enfada es porque ha perdido la paciencia y cuando se pierde la paciencia es que se olvida uno de que Dios está mirando. (15.2.96)

 

Los niños, a veces, parecen hombres pequeños sin ilusiones y marchitos, se han acostumbrado a dejar de reír para no molestar, se han acostumbrado a dejar de hacer gracias a sus padres para no molestar porque la mayoría habéis perdido la paciencia. Habéis perdido una cualidad que del amor emana, del amor de Dios: La paciencia. (7.11.96)

 

Necesitáis paciencia, mucha paciencia, necesitáis también confianza. Estas peticiones han de ir juntas, no se puede tener paciencia si no se tiene confianza. Y la confianza se pierde si no hay paciencia. Pedidlas juntas y pedidlas de corazón, con todo lo demás que queráis, pero no olvidéis estas dos peticiones paciencia y confianza, confianza en Dios. (18.9.97)

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