EN ORACIÓN CON JESÚS

 Imaginaos que vuelven a tocar a vuestra puerta, pero esta vez son tres ángeles del Señor; uno de ellos trae en sus manos más días para vuestra vida en la Tierra, el segundo ángel del Señor trae luz de Dios en sus manos y menos días de vida y el tercero de los enviados trae sus manos vacías y se ofrece como guía, no aumenta ni resta vuestros días. Sólo uno de estos tres ángeles puede ser recibido, sólo uno de ellos se puede acoger. Elegid cual de estos tres enviados quedará con vosotros. Igual que antes, Jesús os pide que reflexionéis antes de contestar.

 Quiere Dios saber cómo están vuestros sentimientos. Quiere Dios oíros hablar de lo que sentís. Primero de los sentimientos buenos, de amor, de amistad. Repasadlos. Y después de los sentimientos malos, de los rencores, odios, recelos que guardáis hacia otros. Dios los conoce bien. Quiere Dios que confeséis con Él directamente esos sentimientos que mantenéis ocultos, que no termináis de aceptar como propios. Primero, hablad con Dios de los buenos y después de los malos. Haced un buen examen de conciencia, para que no dejéis atrás ninguno de los sentimientos que Dios quiere escuchar. Tendrá mérito antes los ojos de Dios que recordéis todos esos sentimientos por los que ahora se os pregunta.

Dios os hace una última pregunta. Quiere Dios vuestro Padre oíros en esa petición sincera que pensáis os dará felicidad. Pedid a Dios aquello que creéis os daría felicidad. Hijos míos, el Altísimo, en esta audiencia especial a sus hijos del Toscón, quiere conocer de cada uno de vosotros una petición interior en vuestro corazón. Haced la petición con el corazón limpio y transparente y pensad... como Madre os aconsejo que en la petición está el recibimiento. Reflexionad más aún que en ocasiones anteriores antes de pedir. 

No espera Dios que contestéis para agradarle sino que contestéis desde la sinceridad de vuestros corazones que es la que en estos momentos se valora. Habéis de pedir lo que con sinceridad creéis que os llenaría de felicidad, de felicidad verdadera. Recogeros en la presencia de Dios.

 

 

La audiencia especial con Dios ha concluido. Sabéis que Dios está siempre para escucharos. Lo especial de esta tarde sólo lo tendréis claro cuando volváis al Padre. 

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