OFRENDAS

 Jueves 3.5.2001

Tardes de ofrecimientos a vuestra Madre decís, tardes de ofrecimientos después a Jesús; ofrecimientos, en definitiva, a Dios Todopoderoso; ¿y qué podéis ofrecer a Dios? Cualquier cosa, me dice Jesús, que le alegre. Estáis no por casualidad, estáis aquí para llegar a Dios; todos los hijos de Dios están buscando a Dios y la meta en la vida del ser humano es Dios, le reconozca como tal, o no le reconozca como tal. Sois rebeldes a esa realidad, y muy olvidadizos también.

  Ofreced mejoras en el comportamiento, cambios de actitudes, como algunos de mis hijos han ofrecido ya. Mantened esas posturas positivas de cara a la vida; ofreced a Dios lo que Dios espera de vosotros que son cositas buenas para vuestra alma, no sacrificios inútiles y sin sentido. Ofreced desde vuestro corazón y con sinceridad a Dios aquello que creáis podáis ofrecer con dignidad y con cierta certeza de cumplimiento. A eso se refería Jesús cuando os pedía que no hicieseis un teatro, que no actuaseis como actores o actrices, queriendo quedar bien delante de los demás con grandes ofrecimientos. Quería Jesús sinceridad desde vuestro corazón, acciones dignas. Ofrecéis a vuestra Madre, pero todo lo que a mí me ofrezcáis a Dios pongo delante, las gracias todas a Dios y los ofrecimientos a Dios irán todos también.

Hay sacrificios útiles y muchos inútiles. Ofrecéis, a veces, vuestros dolores y vuestras enfermedades a Jesús, y le decís a Jesús que transforme esos dolores y esas penas en alegrías para otros y Jesús os escucha y así ocurre; cuando de corazón se pide a Dios, Dios responde siempre. Ofrecéis tantas cosas a Dios, pero la mayoría de las veces ofrecéis vuestras penas y calamidades; deberíais ofrecer a Dios con mayor frecuencia vuestras alegrías, reconociéndole como dador de todo lo que tenéis, como hacedor de todo lo que sois; pero parece que la tristeza gana siempre la partida en vuestra vida y estando tristes acudís más a Dios que estando alegres; “a ver, dice Jesús, si cambiamos las cosas”.

Jueves 2.5.2002

La ofrenda a Dios que haréis, porque es a Dios a quien le ofrecéis en definitiva, la debéis hacer de corazón y con honestidad. No es obligación, pues, hacer ofrenda; es bueno para vuestra alma que ofrezcáis a Dios cambios de actitud, mejoras en vuestros comportamientos, pero no hay que tener vergüenza ante los demás cuando se ofrece a Dios. No tenéis que hacer ofrecimientos en alto. Quiere Jesús que lo que preparéis para decir de acompañamiento se escuche, pero lo que ofrezcáis lo podéis guardar para vuestra intimidad con Dios.

 

Página principal         Volver a mensajes