OFRENDAS

 Los meses de Mayo y Junio son dedicados a las ofrendas. En Mayo a la Virgen María y en Junio se ofrece a Jesús. 

 Jueves 15.5.1997

Cuando se ofrece algo personal hay que hacerlo con alegría, hay que hacerlo con seguridad. Esta ofrenda que dedicáis a vuestra Madre del Cielo es una ofrenda a Dios; soy su sierva y su voluntad hago, lo que a mí ofrecéis a Dios lo ofrendáis; por eso debéis estar un poquito más alegres, cuando se ofrece un regalo, un presente, no se debe aprovechar la ocasión para pedir, que eso ya lo hacéis continuamente.

Ofreced a Dios, ofreced a Dios esas buenas intenciones que no terminan de convertirse en hechos. Ofrecedme cambios de actitud, esa es la mejor ofrenda que podéis hacerme, porque es lo que mejor puedo presentar yo después a Dios Padre de aquellos mis hijos que tanto dicen quererme. 

Dios que recibe vuestras ofrendas con agrado sólo os ha pedido siempre lo mismo: que seáis buenos, que mejoréis, que disfrutéis de esta vida, en orden, sin dañar a los demás. Si queréis podéis, sólo necesitáis recordar a Dios para que Dios os guíe; si Dios os guía tendréis el mejor viaje durante vuestro pasar, nadie como Él os mostrará mejor lo que tenéis delante día tras día.

 

 Jueves 14.5.1998

Cuando hacéis un regalo a un hermano preparáis un paquetito y normalmente lo acompañáis de alguna tarjeta; espera vuestra Madre que las flores que traéis sean las tarjetas que acompañen a los regalos. Esas flores que Dios ha creado, preciosas todas, están muy bien como tarjeta que acompaña. Quiere vuestra Madre recibir de vosotros para Dios; lo que quiere vuestra Madre es que ofrezcáis aquello que embellezca vuestra alma, y os he dicho muchas veces que lo que más valoro son los cambios de actitudes. Muchos, ilusionados, han preparado canciones, ilusionados estamos de escucharlas, pero sed un poquito valientes y atreveos a ofrecer a Dios algo que realmente sea provechoso para vuestra alma, porque en ello estará nuestra satisfacción al recibirlo.

Sé que tenéis miedo de ofrecer y fallar, de hacer promesas difíciles de cumplir, pero si ni siquiera lo intentáis nunca conseguiréis avanzar. Os vuelvo a repetir: Todo lo que habéis preparado está muy bien, pero poned vuestro máximo interés en un ofrecimiento que engrandezca vuestra alma. Acompañad aquello que tenéis preparado de un ofrecimiento interior de mejora, y entonces, en verdad que la alegría será máxima.  

Jueves 13.5.1999

Lo que ofrecéis a vuestra Madre, a Dios ofrecéis. Estoy para llevaros a Jesús, porque Jesús es en Dios y en Dios tenéis que estar todos. Sed valientes en vuestra vida, dejad las vergüenzas de lado, sed como niños, confiados, alegres, y compartid unos con otros vuestras alegrías; y especialmente en esta tarde, en la que muchos preparáis ofrecimientos, que Dios recoge, en cambios de actitud, que están propuestos en muchos de los ofrecimientos.

Los ofrecimientos tienen sentido, por cuanto que hacen avanzar el alma, por eso el ofrecimiento está orientado a ese acercamiento a Dios. Para acercar el alma a Dios hay que limpiarla, y para limpiarla hay que cambiar de actitudes. Son muchos los vicios, son muchas las malas costumbres y hay que corregirlas. Cuando os acercáis a ofrecer, vuestra Madre os aconseja que el ofrecimiento sea verdadero, y que seáis consecuentes con lo que ofrecéis; por eso, más vale un ofrecimiento de algo sencillo a un ofrecimiento de algo complejo, para lo que no estáis preparados aún. Pero lo que no debéis desaprovechar es la ocasión de ofrecer a Dios y ofrecer en condiciones.

Jueves 11.5.00

Quiere Jesús que aquellos que os acerquéis de nuevo a ofrecer, ofrezcáis cositas pequeñas que estén a vuestro alcance de hoy para mañana. Jesús quiere veros cada vez más limpios, más derechos en el camino marcado. Desde vuestro corazón han salido palabras, que no de vuestras bocas y también han sido recibidas; y si Jesús os hace pasar de nuevo es porque está esperando que le ofrezcáis algo concreto, diferente a lo que habéis ofrecido, que también se ha recogido. No se trata de olvidar el ofrecimiento anterior, ese queda hecho, sino de hacer uno nuevo, sencillo, pequeño, que suponga ganar una pequeña batalla al mal que siempre acecha en vuestra vida. Una pequeña cosa insiste Jesús, no busquéis grandes cosas, una pequeña cosa.

 Jueves 3.5.2001

Tardes de ofrecimientos a vuestra Madre decís, tardes de ofrecimientos después a Jesús; ofrecimientos, en definitiva, a Dios Todopoderoso; ¿y qué podéis ofrecer a Dios? Cualquier cosa, me dice Jesús, que le alegre. Estáis no por casualidad, estáis aquí para llegar a Dios; todos los hijos de Dios están buscando a Dios y la meta en la vida del ser humano es Dios, le reconozca como tal, o no le reconozca como tal. Sois rebeldes a esa realidad, y muy olvidadizos también.

  Ofreced mejoras en el comportamiento, cambios de actitudes, como algunos de mis hijos han ofrecido ya. Mantened esas posturas positivas de cara a la vida; ofreced a Dios lo que Dios espera de vosotros que son cositas buenas para vuestra alma, no sacrificios inútiles y sin sentido. Ofreced desde vuestro corazón y con sinceridad a Dios aquello que creáis podáis ofrecer con dignidad y con cierta certeza de cumplimiento. A eso se refería Jesús cuando os pedía que no hicieseis un teatro, que no actuaseis como actores o actrices, queriendo quedar bien delante de los demás con grandes ofrecimientos. Quería Jesús sinceridad desde vuestro corazón, acciones dignas. Ofrecéis a vuestra Madre, pero todo lo que a mí me ofrezcáis a Dios pongo delante, las gracias todas a Dios y los ofrecimientos a Dios irán todos también.

Hay sacrificios útiles y muchos inútiles. Ofrecéis, a veces, vuestros dolores y vuestras enfermedades a Jesús, y le decís a Jesús que transforme esos dolores y esas penas en alegrías para otros y Jesús os escucha y así ocurre; cuando de corazón se pide a Dios, Dios responde siempre. Ofrecéis tantas cosas a Dios, pero la mayoría de las veces ofrecéis vuestras penas y calamidades; deberíais ofrecer a Dios con mayor frecuencia vuestras alegrías, reconociéndole como dador de todo lo que tenéis, como hacedor de todo lo que sois; pero parece que la tristeza gana siempre la partida en vuestra vida y estando tristes acudís más a Dios que estando alegres; “a ver, dice Jesús, si cambiamos las cosas”.

Jueves 2.5.2002

La ofrenda a Dios que haréis, porque es a Dios a quien le ofrecéis en definitiva, la debéis hacer de corazón y con honestidad. No es obligación, pues, hacer ofrenda; es bueno para vuestra alma que ofrezcáis a Dios cambios de actitud, mejoras en vuestros comportamientos, pero no hay que tener vergüenza ante los demás cuando se ofrece a Dios. No tenéis que hacer ofrecimientos en alto. Quiere Jesús que lo que preparéis para decir de acompañamiento se escuche, pero lo que ofrezcáis lo podéis guardar para vuestra intimidad con Dios.

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