Misterios de Dolor
(Extraído del mensaje de la Virgen María recibido en el Toscón el 11 de Marzo de 2010)
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(Se comenzó el Rosario de la Misericordia. La Madre intervenía después de cada misterio.) (Se oró el primer misterio "la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní" al finalizar el misterio se cantó "lloraba por ti".) Jesús lloraba por vosotros, Jesús sigue llorando por vosotros porque no valoráis Su Amor, porque no Le tenéis presente. La angustia de Jesús en aquel huerto de Getsemaní era motivada por la inconsciencia del hombre, ¿sería válido Su sacrificio para redimir a toda alma creada? Se adelantaba Jesús a muchas cosas, veía Jesús al mal actuando en las almas. Lloraba Jesús por vosotros y llora aún por todos los que Le ignoran, ajenos a Su Amor, por todos los que desperdician su tiempo. Podéis conseguir que Jesús deje de llorar por vosotros, quizá no por otros, aún, pero sí que no vuelva a llorar por vosotros, porque si realmente recobráis ganas de contentarle, de vivir dignamente a Sus ojos, Le haréis sonreír y no llorar. Que esta oración, aunque en el recuerdo de Su pasión os entristezca por momentos, no apague la alegría en la confianza de que estáis recogiendo Misericordia para vuestras almas. (Se rezó el segundo misterio "los azotes que recibió Jesús atado a la columna", finalizado el misterio se cantó "no merecía tanto amor".) Jesús, vuestro Dios, el Inocente, el Humilde, el Manso, sufrió una pena de azotes sobre Su cuerpo. ¡Qué crueldad! ¡qué injusticia! A Jesús lo azotan, le pegan, le rompen Su carne brutalmente. Esto pasó, pequeños míos del Toscón, esto no es una historia irreal, esto pasó con Jesús. ¿Y quiénes lo azotaron? ¿hay un solo culpable? ¿dos? ¿tres? lo azotaba el mundo. Jesús era azotado por la humanidad, porque la humanidad lo llevó a la cruz, porque los que estaban pidieron la cruz para Él. Formáis parte vosotros de esta humanidad, y yo os pregunto ¿le azotáis? ¿le pegáis a Jesús? En esa oración cantada se reconoce la culpabilidad. Pequeños míos del Toscón, no azotéis a Jesús, que os ama, que os cuida. No le deis golpes a Jesús con vuestra indiferencia, con vuestra mezquindad, con vuestra soberbia. No azotéis a Jesús con esas faltas de respeto que tenéis a Dios, con esas faltas de amor. Cuando hacéis daño a uno de los vuestros, a Él se lo hacéis. Le azotáis vosotros también cada vez que perdéis el estado de santidad que ganáis cuando estáis en gracia de Dios, porque cuando uno pierde ese estado de gracia es porque ha faltado, ha caído. No rechacéis a ningún hermano vuestro, no le apartéis de vuestros caminos, porque estáis apartando a Jesús, estáis azotando a Jesús con vuestras actitudes, con vuestro mal vivir. Pero yo sé que no queréis ofender a Jesús, "¿cómo vais a azotar a Jesús?", pensaréis, pues yo os digo que la humanidad sigue castigando a Jesús con esos azotes, y vosotros formáis parte de esa humanidad. No golpeéis a Jesús con vuestro vivir indigno, no peguéis a Jesús duramente, cruelmente, con vuestra soberbia, que es la falta que más le duele. El golpe más duro que le podéis dar a Jesús es usando de la soberbia, convirtiéndoos en dueños de vuestra alma cuando no lo sois. Sed bálsamo para las heridas de Jesús que otros le causan, ¿y cómo? Cuántos decís que le amáis, cuántos, en oración, ya le dicen "quiero ser bálsamo para ti, Jesús", "quiero curarte las heridas", ¿cómo podéis decir esto a Jesús y luego ofenderle no amando a los demás, no perdonando a los demás, generando discordias con tantos? Amaos, perdonaos y, entonces, le confortaréis. Acercaos al que más daño os hace perdonándole y contentaréis a Jesús, pues, en lo difícil es donde más se recoge para el alma, es donde más se conforta a Jesús, donde más se repara la ofensa que otros Le hacen cada día. No huyáis de las situaciones complicadas escudándoos en que vuestra alma se inquieta y no puede avanzar, no os engañéis. Bajad esas cabecitas orgullosas, corregid con cariño cuando sea necesaria la corrección, pero sin pretensión de que os escuchen y hagan como vosotros pedís, pero no huyáis de los demás, no os apartéis en el desamor ofendiendo a Jesús, castigándole. Pequeños míos, no quisiera que vosotros ofendierais a Jesús nunca más. Sé que es imposible que os hagáis santos y santas de repente, sin recorrer el camino que está dispuesto para ello, pero si sé que podéis controlar vuestras vidas, para que esas faltas y caídas no Le ofenda tanto, ¿y cómo? levantándoos pronto, reaccionando con prontitud ante esa soberbia, ante esas faltas de caridad, ante esa pereza, ante esa tristeza. Si en la tristeza os movéis, estáis ofendiendo a Jesús, porque significa que no confiáis en Su poder, en Su ayuda, no le estáis dando paso a Jesús. Esos azotes dolieron, y esos azotes siguen doliendo, y Jesús sigue ofreciéndolos ante el Padre, para que el Padre siga manteniendo la posibilidad de salvación a toda alma creada. Esto no lo olvidéis. Siguen azotando a Jesús. ¿No sois vosotros culpables, acaso? Pensad, actuad en consecuencia, haced para compensar el daño que otros hacen, no seáis vosotros de estos que están grabando el Cuerpo de Jesús con heridas, lacerando, como dice la oración cantada esa espalda, esos miembros, con vuestras miserias. Reaccionad, dignificad vuestro andar, vuestro vivir y, entonces, confortaréis a Jesús, Le acompañareis en ese paso doloroso, que es continuo, mientras no vuelva en esa segunda venida. Confortad, pues, a Jesús si queréis amarle; si, realmente queréis demostrarle que estáis en la intención de amarle y de contentarle, amad a los demás, demostrad que amáis a los demás y no estaréis azotándole. (Se oró el tercer misterio "la coronación de espinas". Terminado el misterio se cantó "preciosa sangre".) Una corona de espinas le ponen a Jesús. Burlándose de Jesús se ríen, le insultan. "Si eres Rey, aquí tienes tu corona" le decían, y le clavan en la cruz, no apoyan la... me dice Jesús que todos vosotros, que lleváis cruces, no tan pesadas como la Suya, debierais entender de una vez que ese sacrificio, renovado por vosotros y para vosotros, debiera ser tenido en cuenta... ¿por qué dice Jesús? porque vivís la pasión de Jesús, muchos de vosotros, como si fuera una historia irreal. Me habéis oído decir que le clavan la cruz. Jesús ama la cruz porque sabe que con ella os salva. La cruz va clavada en Jesús porque va unida a Él y así sigue, clavada en Él. Jesús no está clavado en la cruz, la cruz está clavada en Jesús. Esa corona de espinas, que ponen a Jesús, es un insulto a Dios, una tremenda falta de respeto a Dios, ausencia total de Santo Temor a Dios, pero claro está que aquellos no Le reconocían como Dios, ¿y eso los disculpa? ¿los disculpa de esa crueldad? En estos tiempos siguen burlándose de Dios, de Jesús, siguen haciendo bromas de Su pasión, de Su sacrificio en la cruz, y vosotros, a veces, muchas veces, no reaccionáis a las faltas de respeto a Dios, tantas que hay. Muy distinto es que Jesús sea alegre y quiera veros contentos, pero no cuando Le están ofendiendo a Él que es Dios. Si se burlan de Dios, si insultan a Dios, delante de vosotros, ¿qué hacéis? porque ya lo hacen, ¿qué hacéis? calláis por si acaso vayáis a formar una discusión. Si supierais cuanto contentaría a Jesús veros defendiéndole, sin perder el sentido común, pero defendiéndole. No sois capaces de defenderle con valentía porque no le amáis, ¡que se metan con los que amáis! ¡que insulten al que amáis a vuestro lado! a ver qué hacéis, ¿que digan algo malo de vuestro hijo delante de vosotros, sabiendo que es inocente, sabiendo que es mentira, sabiendo que es injusto lo que hacen y dicen! Estamos orando a Dios y solicitando Su Misericordia, pero es necesario que meditéis en estos misterios de la pasión de Jesús para que no Le hagáis llorar, para que no le azotéis, para que no ayudéis a poner esa corona de espinas en Su cabeza. Quisiera veros valorando el sacrificio de Jesús en la cruz como Él mismo acaba de solicitaros, que lo aprovechéis bien, entendiendo que esto ha pasado, que no es una historia, que es real, es verdadera historia de lo que aconteció, y estos que llevaron a Jesús a la cruz sois vosotros también, sois vosotros también. Qué poca realidad tenéis de lo que vuestra alma ha vivido, de lo que vuestra alma ha compartido. Orad reconociendo que eso que le pasó a Jesús, que eso que le sigue pasando a Jesús con esta humanidad que sigue coronando Su cabeza de espinas, burlándose de Él como Rey... Jesús tiene la corona de espinas puesta ahora en Su cabeza y sangra, ¿cómo aliviar ese dolor? confiando en que esa entrega de Jesús es para el bien de vuestra alma... dice Jesús, Yo no os echo la culpa ahora de esta corona de espinas que llevo, porque estáis orando, porque estáis pidiendo mi Misericordia, Yo os hago salvos, dice Jesús… Que esa corona de espinas, esa corona de espinas tan dolorosa, os recuerde, cada vez que meditáis los misterios dolorosos, que hay muchos que viven ofendiéndole de manera consciente, burlándose de Su divinidad, de Su sacrificio, para que oréis por tanta alma que está atada al mal y faltando el respeto a Dios. Que vuestra oración, siempre recuerde a estas almas que tanto necesitan de luz de Dios. Continuad con la oración. (Se oró el cuarto misterio "Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario". Al finalizar el misterio se cantó "el madero".) “Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario”, camino del calvario, ¿habrá este jueves calvario dónde llegar y dar Su vida por vosotros y para vosotros nuevamente? Jesús carga con la cruz, cae por el peso de la cruz, por los golpes que sigue aún recibiendo mientras la lleva, pero Jesús sigue con Su cruz, pues sabe que tiene que llegar al final para poder ganar para vosotros la salvación. Ese peso de la cruz ¿cómo aligerarlo? ¿cómo hacer que Jesús lleve una cruz menos pesada? ¿podéis hacer algo vosotros? Si esa cruz es el mal del mundo, son los pecados del mundo, vosotros sí podéis hacer algo entonces, no pecar, pecar menos, no ofender a Jesús para no cargar aún más el peso de esa cruz sobre Sus espaldas... me dice Jesús que os pida ayuda a todos a llevar Su cruz... ¿qué significará esto? ¿qué significará que Jesús quiera que le ayudéis con su cruz? Esto os lo... me dice Jesús que pase la explicación a otros... así es, pues quiero que escuchéis a los que pueden daros luces sobre el sentido, sobre la grandeza, por el beneficio que os aporta de la pasión de Jesús. Estad atentos, pues, porque si queréis contentar a Jesús, querréis ayudarle a llevar esa cruz, que sigue llevando hasta el calvario por todos. (Se oró el quinto misterio "crucifixión y muerte de Jesús". Seguidamente se cantó "Cristo del calvario".) Si pudierais acompañar a Jesús llevando Su cruz, llegando al calvario, si pudierais acompañarle hasta esa entrega final, ¿no llevaríais con agrado vuestras pequeñas cruces y llegaríais también hasta el final imitándole? Si pudierais sentirle y verle, comprobar Su Bondad, Su Poder, ¿no seríais valientes? ¿no podríais con todos y con todo? Si pudierais caminar con Jesús seríais capaces de llegar al final. Jesús es invisible, Su Presencia es invisible y esa Presencia invisible parece dificultar en todos esa valentía para llevar vuestras pequeñas cruces y llegar al final de vuestra vida entregándola a Dios Padre con total dignidad. Jesús muere en la cruz pero Jesús muere entregando Su Vida por amor. Muere Jesús y Dios Padre por Su sacrificio, recogiendo Su sacrificio, entrega la posibilidad de salvación a las almas. Bendito Dios que así ha hecho y sigue haciendo. Jesús ha resucitado, Jesús está vivo, no habéis de estar tristes, pues. Os decía que aunque normal es que os apoquéis un poquito al recordar los misterios de la pasión, no debéis tardar en reaccionar y llenaros de alegría en la confianza de que todo está siendo válido para vuestras almas, todo está siendo para el bien de vuestras almas. Jesús sigue dándose por vosotros, entregándose por vosotros. Sigue Jesús llamándoos a Su mesa, a participar de ese encuentro tan necesario para las almas. No despreciéis las invitaciones de Jesús, pero eso sí, a un encuentro con Jesús se presenta uno preparado, limpio y, sobre todo, alegre de poder recibirle en el corazón. |