Misioneros

(Extraído del mensaje de la Virgen María recibido en el Toscón el 2.2.2012)

 (Se había cantado "Alma Misionera")

http://www.youtube.com/watch?v=pEpe-RI72NI

¿Estáis preparados para ir a otros lugares para dar esperanza a otros? ¿estáis preparados para moveros hacia otras gentes y dar paz, y dar alegría, y prestar vuestras manos? ¿estáis en esa disposición? Qué bonito suenan algunas oraciones cantadas que hablan de esa entrega a los demás, y conmueven vuestros corazones, pero yo quisiera que fueseis protagonistas vosotros mismos de lo que oráis cantando. Quisiera veros, realmente, a todos con almas de misioneros, almas que se sientan capaces de seguir creciendo, ayudando a crecer a otras. Ya os ahogáis en vuestros pequeños mundos, pensaréis ¿cómo ir hacia dónde están los necesitados? Y yo os pregunto ¿y por qué no ir? Porque si rozarais la miseria, si rozarais la pobreza cruel de algunos de vuestros hermanos, quizá despertaseis y aprendierais a vivir contentando a Jesús, huyendo de las comodidades excesivas cuando otros no tienen ni qué comer, ni dónde sentarse, ni dónde dormir. No sois sencillos muchos de vosotros, cambiáis de mobiliario como quien cambia de camisa a veces. ¿Qué estáis haciendo? ¿qué hacéis tan ajenos a los demás que sufren? 

Quisiera veros preparados para ser movidos por Dios hacia otras gentes que necesiten de la luz que se supone que estáis recibiendo vosotros en esta bendita posada. ¿Puede Jesús mandaros de dos en dos como hizo entonces a evangelizar? 

Es verdad que transmitir a los demás lo que se recibe de Dios solo puede hacerse, realizarse, con verdadero, digamos, rendimiento para las almas si uno está en Dios, si uno vive en Dios, si uno ama a Cristo, porque si uno no ama a Jesús no puede transmitir. Si el corazón no tiene amor ¿qué amor va a transmitir a los demás? Si el corazón no tiene alegría ¿qué alegría la transmitir? Si la fe está empobrecida ¿cómo alentar la de otros?

 Si se os encargara ayudar a otros, si se os pidiera dar testimonio, ser verdaderos testimoniadores del Evangelio de Cristo, si se os permitiera escoger pareja, deberíais buscar gentes con fe firme, con una fe clara en Dios, con una confianza verdadera en Cristo, porque cuando uno va a hablar de Dios tiene que preparar los escudos, porque el mal se mueve con agilidad entre aquellos que están rebeldes a Dios, y los ataques son duros; son ataques a la fe, a la confianza en Dios, a la Justicia de Dios que se pone en entredicho. Si no hay en vosotros firmeza, una voluntad fuerte, un compromiso claro de lealtad con Dios, podéis en vez de ayudar, empeorar todavía más la situación de aquellos que están apartados de Dios. Los que van a hablar de Dios tienen estar dispuestos a dar la vida por Él, tienen que estar dispuestos a llegar al final, a morir en la cruz. 

Veréis, los profetas fueron hijos de Dios que escuchaban la voz de Dios. Transmitir lo que Dios quiere no es fácil, hay muchas veces cobardía, miedo al hombre, miedo al mundo, miedo al qué dirán; el que a uno lo llamen loco, a veces es más fuerte que la lealtad a un Dios al que se Le ora y se Le pide servicio. Los profetas que han anunciando lo que ha ido pasado y lo que queda por pasar, han tenido una gran responsabilidad y los hay para todos los gustos, atrevidos y valientes, cobardes, temerosos.

 Veréis, querer ser misionero es un anhelo de los más pequeños a veces, es triste que al crecer ese anhelo se pierda, y muchas veces es por culpa de los padres que intentando proteger a los suyos aconsejan mal, "¿a dónde vas a ir?, allí puedes coger enfermedades, allí te pueden matar"; qué ceguera hay, aún, en tantos que no entienden que quien da la vida por los demás la está ganando, pero hay que tener mucho cuidado, hay misioneros y misioneros.

Si pudierais vivir la experiencia de daros a los demás por puro amor, vuestras almas crecerían. Niños que necesitan de manos generosas, mayores, discapacitados, que necesitan de corazones generosos. No hay que ir lejos para buscar a quien hay que ayudar; en esta misma isla se puede ayudar a muchos, tantos que agradecerían vuestra acción, vuestro acercamiento, vuestras palabras, vuestros silencios; vuestra compañía haría tanto bien a los que están tan solos horas y horas, días enteros que pasan con la sola compañía de los que están igual, solos también. Parece que no hay tiempo para hacer méritos; vivís con la conciencia perdida de que el tiempo está siendo regalado por un Dios que ama, por un Dios que avisa, porque hacen falta esos méritos. Hay que demostrar a Dios que uno ha sabido amar en este paso, en esta vida que compartís, porque si... dice Jesús que a la pregunta de cuánto habéis amado con la vista clara de a cuántos hay que amar, hay muchos que enmudecen... veréis, no se trata de amar a unos pocos, no se trata de amar a los hijos, al marido, a los amigos, se trata de amar a la humanidad entera, se trata de abrirse a los demás. El corazón del hombre está preparado para amar, y no a unos pocos. Jesús está en el corazón del hombre y, por tanto, el amor no tiene límites. Empequeñecéis vuestro corazón. Os volvéis huraños, porque lo endurecéis, porque no amáis.

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