Llenar las manos

(Extraído del mensaje de la Virgen María recibido en el Toscón el 16.06.2005)

Habéis aprendido muchas cosas, aquí y en otros lugares, que hay que amar a los demás, hay que ayudar al que necesita ayuda, hay que tender la mano continuamente a los desgraciados, pobrecitos, perdidos, ¿perdidos de qué? Os pregunto yo. Esos a los que llamáis pobrecitos desgraciados quizá ya tengan el Cielo ganado, mientras que vosotros que os lamentáis de esos pobrecitos lo estáis perdiendo.

Podéis ver miseria, pobreza, brusquedad en gestos, miradas, acciones, pero no sabéis ver la bondad del corazón tras esos gestos, tras miradas…Tener lástima de los demás, esa lástima se puede convertir en gran hipocresía que ensucia el corazón; si realmente sentís lástima, como decís, de otros que lo están pasando tan mal, ¿por qué no actuáis?, ¿por qué no hacéis? Seguís en vuestros coches, casas, trabajos, ajenos a las desgracias del mundo, las recordáis, os las recuerdan, pero ¿qué hacéis vosotros de manera efectiva? ¿qué grano ponéis para ayudar? Escuchad, el tiempo pasa y quisiera veros a todos con más luz en el corazón, más crecidos en Dios, pero también os digo que tenéis que llenar esas manos de otras formas y maneras,

 Estáis aprendiendo, estáis mejorando, pero quisiera veros haciendo grandes cosas, siempre os he dicho, muchas veces os he dicho, que Dios no pide a sus hijos nada que sus hijos no puedan dar, y a medida de cómo estáis, de cómo están esas fuerzas en el corazón podéis hacer. Sé que no estáis preparados para dejar todo atrás e iros por esos mundos de Dios ayudando a los que necesitan ayuda, no estáis en ese punto, aunque ya os dije que un par de vosotros van a sorprender a los demás con un cambio claro en sus vidas. No se os pie tanto pero sí se os pide hijos míos, sin salir de aquí, de esta pequeña isla, cuánto bien podéis hacer, o ¿es que no sabéis que hay pequeños míos que están mal alimentados en esta isla? no fuera de aquí, muy cerca de vosotros algunos, y lo sabéis, pequeños que crecen en medio de la delincuencia, en ambientes que no son buenos, delincuencia provocada por el resto de esos hermanos que no hacen absolutamente nada sino mirar, observar.

 Escuchad bien, porque no quiero confundiros, la oración es ese instrumento que Dios ha dado a la humanidad para tocar corazones, para recibir respuesta divina, y podéis orar, tenéis en la oración una forma de actuar, pero yo os conozco y sé lo que podéis dar, y cuánto no dais pudiendo hacerlo sin grandes sacrificios, podéis enseñar a algunos que no tienen quien quieran enseñarlos, porque algunos hijos míos no tienen acceso a ciertos lugares porque parece que no son dignos, y ya no hablo de pequeños, hablo de mayores que están solos, de adolescente que solo tienen compañía en la droga, no tienen otra compañía, y las madres se quejan de que sus hijos han tenido malas compañías y que por eso están como están, y yo os pregunto ¿es que vosotras no podéis hacer algo más que rezar y cruzaros de brazos? Sí podéis hacer.

 Dejad que esos impulsos que Dios pone en vuestras almas tengan salida en vuestros actos. Ya algunos son más atrevidos, ya algunos tienen menos miedo, pero os veo a muchos evitando a aquellos que tanto necesitan una mirada, una atención, un respeto que no le tenéis, ¿es que no tienen suficiente con la vida que llevan para que vosotros encima que estáis recibiendo enseñanza de Jesús no sepáis ser ejemplo para ellos? No os digo que sea tarea fácil, no es tarea fácil, pero si queréis andar un poquito más rápido, sacrificaos un poquito, venced esos temores y haced un poquito de apostolado, que se note que sois conscientes de que pasar por esta vida sin ayudar a los demás de manera clara no es una vida, no es un pasar que haya valido la pena.

 Aunque penséis que no tenéis fuerzas para hacer como se os dice, porque también os acabo de decir que estáis en el camino de preparación, y quizá ahora no podáis aún vencer temores, pero tal vez en unos meses, en unos años algunos, ya os veáis capaces de invitar a vuestro hogar a niños que no tienen hogar, de ir a ver ancianos a los que no conocéis de nada, y comprometeros a cuidaros unos a otros, no a los que conocéis cercanos, que fácil es, ¿qué mérito tiene? Necesario, pero pudiendo ganar diez, ¿por qué conformarse con menos?

 Si os preocupáis de cuidar a los demás que no conocéis o que conocéis menos, sin descuidar a los vuestros, porque tampoco ante Dios está bien que descuidéis de los que os necesitan cercanos para ayudar a otros más lejanos, sin descuidar a los próximos, tenéis tiempo todos para dedicar un ratito a los demás. Algunos en este lugar tienen el regalo de Dios de poder dedicar unas horas a una asistencia social, entregar alimentos, reparto de ropas, muebles, campañas, pero son pocos, son muy pocos.

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