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Si
buscáis en Dios la solución de vuestros problemas, buscad bien; quien
busca en Dios se abandona a su voluntad, y pidiendo incesantemente, no
descuida los detalles, y quien espera de Dios es leal; si la espera no
es leal, la espera se alarga; y una espera leal a Dios es una espera
confiada; pero viene el problema del tiempo, del tiempo humano que tanto
tuerce vuestro camino; y os preguntáis que cuánto hay que esperar a
que Dios responda, y lo que deberíais preguntaros es por qué tarda
Dios en responder. Si Dios os conoce, y sabe qué necesitáis, ¿no será
que está dándoos la oportunidad de que evolucionéis, de que aprendáis
mientras esperáis? ¿No será que eso que esperáis no fortalece ni
endulza vuestra alma? Y digo bien, porque muchas están amargas, y ¿cuánto
hay que esperar? Os diré, hijos míos, cuanto hay que esperar, hay que
esperar todo el tiempo que Dios decida... Jesús no quiere que os
desanime, pero quiero fortaleceros en la obediencia, y si hay que
esperar más allá de la partida se espera.
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