Humildad (13-09-2007)
(Extracto del mensaje de la Virgen María recibido el 13_09_2007 en el Toscón)
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Humildad os ha faltado a todos. Humildad para callar, para saber corregir; humildad para saber aceptar los errores, para esperar en Dios. Si hubieseis pedido humildad hubieseis salido victoriosos; pero habéis puesto vuestro “yo” antes que todo lo demás, creyéndoos poseedores de la verdad y de la razón, creyendo que vuestros sentires y sentimientos estaban limpios y que justificaban todo lo que habéis hecho. Y yo os digo, como Madre que me preocupo por vosotros, que ese “yo” que prevalece, ese “yo” que alimenta la soberbia, es un “yo” que os perjudica continuamente; y os he dicho más de una vez, la vanidad la utiliza el mal; tantas almas que se pierden por esa vanidad; una vanidad que aplasta la humildad que Dios regala a sus hijos. Quizás hayáis perdido cosas ya, por vuestra falta de humildad, por ese “yo” que ha prevalecido por encima de la voluntad de Dios en vuestra vida; pero hay tantas cosas aún que vivir. Dios en Jesús os alienta, pues, a que recobréis las ganas de vivir. Pasáis, muchos, momentos duros. Estáis distanciándoos de personas a las que habéis estado unidos tanto tiempo, y pensáis que eso puede con vuestra propia vida, y os digo que os equivocáis, mirad más bien qué error hay en vuestra vida para que Dios haya permitido que viváis las circunstancias que vivís. Si fueseis humildes entenderíais que los errores también los aprovecha Dios para que aprendáis; y es bueno recojáis la enseñanza de aquello que vivís que os ha hecho sufrir, que os hace hoy mismo llorar. Yo os digo que Dios os ama sin medida, que Dios escucha vuestras oraciones; no hacen falta lágrimas para que lleguen más alto, hace falta humildad en el corazón, hincarse de rodillas y hablar con Dios con esa cabeza agachadita, porque es Dios Padre, el que os mantiene la vida, el que os sostiene viviendo, el que os escucha, y el que os puede ayudar; pero habéis de reconocer primero que no sois más que creación suya, y por ello debéis bajar esas cabezas orgullosas, y pedirle esa ayuda que no encontráis en nadie, porque nadie os la puede dar; Dios puede dar la paz a un corazón que la ha perdido, Dios puede dar ilusión a quien la ha perdido, Dios también puede dar humildad a quien la solicita; pero veréis, si no decidís libremente bajar esas cabecitas, dejar ese yo de lado, no conseguiréis de Dios una respuesta pronta. Dice Jesús que os transmita su preocupación por lo poco que valoráis la humildad. Jesús que lee en vuestros corazones y en vuestras mentes, comprueba que no valoráis la humildad como virtud tan importante a pedir. Hijos míos, es la base donde se asientan las demás virtudes; sin humildad cualquier otra virtud o don no se puede desarrollar. Es, pues… dice Jesús, lo básico, lo fundamental, para un alma que quiera llegar al Cielo, la humildad… ser humildes no es ser tontos, estar apagados o tristes, al revés; pensad, todo lo malo que os pueda acontecer da siempre el mismo resultado en vuestras almas, inquietud, falta de paz, falta de serenidad; el mal provoca tristezas sin límites, ganas de morir. La humildad en el corazón llena de paz el alma, combate frente a frente a cualquier tipo de vicio. El mal con la humildad en un corazón no puede entrar; pero el mal es astuto, y algunos de vosotros aún pensáis que no sois soberbios, que no sois orgullosos,¡cuidado, hijos míos! porque el grado de soberbia es distinto, es verdad, en cada una de vuestras almas, pero la vanidad entra con muchísima facilidad y el que os acecha para perderos sabe cómo alimentar esa vanidad, y la vanidad se enlaza automáticamente con la soberbia. La humildad llena de paz el alma, la humildad hace que acertéis en vuestra vida al tomar decisiones; la humildad salva las relaciones que tanto os preocupan a muchos en estos momentos, la humildad os permite perdonar como Dios quiere que perdonéis a los demás para que así igualmente seáis perdonados vosotros. Si no hay humildad no se puede perdonar y olvidar; podéis decir que perdonáis, pero recordáis continuamente la ofensa y os apartáis de ese hermano vuestro que os ha hecho daño, quitando pues oportunidades a ese acercamiento que Dios quiere entre todos sus hijos. La humildad abre el entendimiento de tal forma que la voluntad de Dios en la vida de cada uno se recoge, se acepta y, además, reconociendo en ella lo mejor para el alma, da felicidad. La humildad en el alma os garantiza la entrada en el Cielo; Fijaos cuán importante es, más la humildad es la enemiga del que os acecha; por eso es tan fácil que caigáis, por eso os mantenéis entorpecidos en vuestro andar, porque esa humildad ya no está en vuestro corazón, habéis perdido, como decís vosotros mismos, ese norte que debiera estar tan claro en vuestras vidas. La humildad la necesitáis todos, vosotros y los que como vosotros no están ahora compartiendo este instante en este lugar; pero quiere Jesús que en esta oración de la tarde pidáis a Dios Padre para que os regale humildad en el corazón, para que ese alma que tenéis inquieta muchos de vosotros se llene de paz, para que ese entendimiento se abra un poquito más, para que podáis acertar en vuestra vida con esas acciones que acometéis a cada momento. No sabéis escuchar a los demás, no sabéis respetar a los que opinan distinto, rápidamente os enfrentáis, os falta astucia en ese vivir. La humildad también, abriendo el entendimiento, facilita la astucia. Veréis, Jesús decía que no valorabais la humildad porque no sabéis en realidad los beneficios que aporta, se os decía que la humildad era ese lienzo sobre el que habéis de pintar vuestra vida, que los colores son las virtudes, los dones que necesitáis para darle colorido suficiente, para rematar un bello cuadro, rico en colores; ese lienzo que sirve de base es la humildad; es verdad que el mal intenta ensuciarlo, intenta eliminar esa humildad; en este ejemplo, ese eliminar la humildad consiste en ensuciar el lienzo, no en romperlo, Dios da y sostiene; el lienzo no se rompe, se ensucia hasta tal punto que puede volverse negro y ningún color se verá sobre un negro ¿verdad? por eso es tan necesaria la humildad; cuanto más blanco es el lienzo más vivos se ven los colores, más se asemejan a ese tono original con el que os son regalados. La humildad, que no valoráis, es fundamental, pero se pierde con facilidad, ¿cómo hacer para no perder la humildad? primero hay que valorar su importancia, valorando su importancia no querréis perderla, mas para no perderla necesitáis estar en contacto con Dios, estar en contacto con Jesús, tener vida de oración, cultivar ese interior, para que la humildad no se escape con facilidad, para que ese lienzo no se ensucie con tanta rapidez. Siendo humildes podréis salir de esos pozos de tristezas, de angustias, de inquietud; y creedme cuando os digo, que es muy fácil, con la humildad en el corazón, aguantar sin derrumbarse; pues decís que no podéis, y yo os digo que fuerzas se os dan constantemente para que las uséis. Haceos como niños ¿recordáis? para hacerse como un niño es necesaria la humildad; sin humildad es imposible. Parece que hacerse un niño es ridículo, es la clave para entrar en el Reino de los Cielos; pero parece ridículo porque no entendéis lo que significa en realidad. La humildad os abre la puerta del Cielo, pero para mantenerse humilde hay que hacerse como niños. He de retornar a la voluntad del Padre, mas no me marcho, sigo con vosotros, mas en esta forma ha de cesar mi presencia. Sabeos amados por Dios, y recoged mis palabras como debéis en verdad recogerlas, como consejos buenos para el alma. Que esos sufrimientos que, a veces, os quitan la claridad, la luz, que os apagan, se utilicen para reparar tanta herida, tanto error. Ofreced vuestros sufrimientos a Dios para que Dios con ese ofrecimiento ayude a las almas a recobrar la paz. No toméis decisiones cuando estáis llenos de cóleras, de ira, de soberbia; no hagáis las cosas mal, que el corazón os está avisando pero no le hacéis caso. No dejéis que ese “yo” vuelva a imperar. Dios Padre ha derramado humildad en vuestros corazones, en vuestras almas. Sé que muchos no lo notáis, pero yo os digo que la humildad ha entrado y esa humildad dará frutos, pero se escapará pronto si no sois astutos. |