LA HUMILDAD

 La humildad, la humildad debe ser vuestra mayor cualidad. Recibid y no debéis juzgar porque en el juicio podéis fallar. Dios ilumina a sus hijos para que distingáis la verdad de la mentira, lo bueno de lo malo, pero no debéis olvidaros que no deben alterar vuestra paz. (9.9.93)

Humildad, base y fundamento de todas las virtudes de un hijo de Dios. Humildad sin la que ninguna virtud puede florecer. Humildad que debéis cuidar. Pedid sin cansancio, sin descanso al Espíritu Santo que os aumente los dones que Dios en su Espíritu concede, y recibiréis, y poco a poco ese corazón tan cerrado, tan confuso, tan lleno de dudas se irá aclarando, e iréis descubriendo la verdad de esta vida, la realidad que hay en ese interior. (28.7.94)

La humildad marcará el camino cierto y verdadero, si en humildad falláis, no podréis avanzar; y no entendéis y no comprendéis muchas cosas, y que más da. ¿Se preocupan acaso los niños de entender más allá lo que viven? Haceros como niños y la humildad brillaría. Hacerse como niños, no es tan difícil ¡No es tan difícil! El cuerpo envejece, va quedando marcado, pero miraros bien ¿no sois los mismos de siempre? Entonces, ¿por qué os preocupa tanto la edad humana? Esa edad es un engaño. Y así encontraréis niños lúcidos, con el alma limpia, seres despiertos a Dios, y veréis ancianos con el alma aún dormida, cerrados al conocimiento de Dios. (20.4.95)

La humildad -vuestra Madre del Cielo no se cansará de repetirlo, mientras duren estas manifestaciones- la humildad es la base fundamental para que se puedan desarrollar el resto de virtudes que deberíais desarrollar y cuidar; sin la humildad no podréis avanzar, sin la humildad no podréis entender; y esos entendimientos sufridos por esa falta de claridad, sólo pueden iluminarse con humildad. (25.5.95)

Humildad sin la que no podréis avanzar. Humildad imprescindible para desarrollar cualquier otra virtud de un hijo de Dios. La humildad que se cuida da frutos y uno de esos frutos es precisamente el acercamiento al comportamiento de esos niños pequeños, el acercamiento a esa naturaleza divina que tenéis, que parece que habéis olvidado. (29.6.95)

¿Señor, nos puedes hablar de la humildad

  En la humildad hay tantas ramas, la humildad es un árbol fuerte. En la humildad está la base de la paciencia, ser pacientes, ser comprensivos, ser sencillos, ser generosos, ser entregados sin esperar recibir. No confundáis el ser humildes con sentiros humillados. Ser humildes es hacer servicio sin esperar nada a cambio, pero porque lo sintáis de corazón. Si esperáis un agradecimiento no estaréis siendo humildes. Si esperáis una distinción no estaréis siendo humildes. La satisfacción de la humildad es ver el gozo del otro con esa entrega vuestra desinteresada. (Este mensaje lo daba Jesús el 29.6.95)

Cuidad la humildad, vuestra Madre del Cielo os ha pedido muchas veces que no descuidéis esa virtud, y si no cuidáis la humildad los enfados aumentarán, las dudas crecerán, y el perdón será tardío. Si cuidáis la humildad os haréis poco a poco como niños y disculparéis a vuestro hermano y no le reprocharéis. Cuando obráis mal tenéis conciencia de lo que hacéis; a veces el llamar la atención no ayuda, cada uno por cada uno debe corregir sus propios errores, y hacia los demás cuidar esa alegría que parece no florecer. (28.12.95)

La humildad que no cuidáis es fundamental para que podáis fomentar las luces del alma. Las luces de vuestras mentes y las luces de vuestras almas no siempre van paralelas. Tenéis que aprender a distinguir qué es de Dios y qué es del mundo, porque os agobiáis y vuestra fortaleza se debilita. Cuando se está con Dios, cuando se está con Jesús de lleno, esa fortaleza está viva siempre. Cuando la fortaleza a Jesús desaparece, cuando a Jesús dejáis de lado quedáis vacíos y sin protección y viene el llanto y vienen las dudas y viene la desconfianza y viene la impaciencia. (29.7.96)

Todo da vueltas alrededor de las mismas miserias siempre, de vuestro egoísmo y vuestra soberbia, en definitiva de vuestra falta de humildad. Humildad que como sabéis es imprescindible para llegar a conocer a Dios. Humildad que cuidando en vuestro corazón os permitiría alcanzar esos estados que ahora veis imposibles de alegría continua, de confianza permanente en Dios. Los problemas no van a desaparecer hijos míos, porque Dios así lo ha dispuesto; dificultades habrán siempre, pero esas dificultades son para que superéis esa naturaleza humana apoyándoos en la espiritual y ganéis los retos que continuamente encontráis en el camino. Esos retos pueden ser muy, muy sencillos, vencer el mal humor para alegrar a un hermano que padece, vencer esos celos que nacen para alabar una obra bien hecha de un compañero, vencer la rabia y la soberbia para callar cuando hay que callar. (13.3.96)

 La humildad, la humildad es la clave para el perdón sincero. Cuando no se es humilde jamás se puede perdonar de corazón a ningún hermano porque si no se es humilde el recuerdo viene una y otra vez; y uno dice perdonar y lo que hace realmente es volverse indiferente hacia esa persona, cuando lo que pide Dios es que pidáis por vuestros hermanos y por sus errores para que Él mismo los perdone. (13.3.96)

Las pruebas que Dios os pone en vuestro caminar día tras día sólo se pueden superar cuando la humildad prevalece. Cuando afirmáis que no podéis superar algunas pruebas, estáis fallando en humildad. Lo grave es que lo sabéis, sabéis que la humildad os falla, pero no hacéis por recuperar esa sencillez del corazón; os mantenéis en vuestras posiciones de orgullo, de soberbia, de enfados, de dudas, y las pruebas no son superadas. Qué es este caminar sino una limpieza para que Dios os pueda recoger en otro estado. Las pruebas que no se superan vuelven a aparecer en el camino una y otra vez. (5.2.98)

 El saber perdonar llena de humildad el corazón. Y como ya os he dicho tantas veces, de la humildad se alimentan todas las demás virtudes, todos los dones de la humildad se engrandecen. (5.2.98)

La humildad, la humildad, la humildad, no descuidéis la humildad que es la base de todas las virtudes. Es la humildad la que abre el entendimiento, es la humildad la que os permitirá confiar en Dios ciegamente. Sois capaces de muchas cosas, de todo lo que queráis si Dios está a vuestro lado, pero si Dios no está a vuestro lado no sois capaces de nada. Dios en primer lugar, Dios en Jesús en primer lugar y después todo lo demás, todo lo demás. Ese desorden es lo que provoca en vuestro corazón tanta angustia, tanta tristeza, enloquecéis porque queréis. Porque si Jesús fuera vuestra primera preocupación lo demás se ordenaba, lo demás tomaría importancia muy relativa en vuestra vida, y los desaires dolerían menos, y las dudas de amores no os harían enloquecer. Que Jesús ocupe el primer lugar es la solución de los problemas, y a poco que lo habéis probado, habéis notado su efectividad, ¿por qué no os mantenéis entonces en ese intento continuo?

  Vuestra mente abierta, abierta, y en la humildad abierta, porque la humildad hará que entendáis muchas cosas que ahora no entendéis. Y os sorprenderéis de la lucidez que Dios os dará en esa humildad si la cuidáis, y entonces aprenderéis a disculpar a los demás, aprenderéis a callar, y aprenderéis sobretodo a controlar esa soberbia que nace instantáneamente en el corazón ante un desaire de un hermano. (11.11.99)

No dejéis que el orgullo y la soberbia impere en vuestra vida, no os quiero con una humildad falsa, os quiero con una humildad verdadera. Ser humilde no significa aceptar que lo demás es bueno y lo vuestro no, ser humilde es aceptar que los demás no te acepten. Ser humildes es realmente avivar la fe que Dios puso en vuestros corazones, la humildad aviva la fe y abre el entendimiento, y es tan sencillo para el mal colarse por la soberbia… (17.2.2000)

 Sólo en la humildad Dios dará luces y vuestro entendimiento se abrirá lo suficiente como para serenaros. Sólo en la humildad se acata la voluntad de Dios. Y vuestra infelicidad, y vuestra tristeza, y vuestras preocupaciones se fundamentan todas en lo mismo, no confiáis en Dios vuestro Padre, y como no confiáis no acatáis su voluntad como lo mejor para vuestras vidas. Dios no se equivoca, Dios permite lo que permite para el avance de las almas aunque no lo entendáis. Tenéis que hacer un esfuerzo para que ese vuestro corazón lleno de soberbia se limpie; la soberbia os ciega, vuestro yo prevalece y por eso Dios está empequeñecido en vuestra vida. (17.2.2000)

 Opinad, sed libres para hablar, pero sobretodo sed libres para aprender, porque la humildad es la base de todas las virtudes que necesitáis para que ese alma se abra y definitivamente se limpie. Humildad para recoger de los demás, de todos y cada uno, para aprender, porque tenéis mucho que aprender, tenéis mucho que cambiar, pero también tenéis mucho que recibir aún. Abrid ese corazón para que no perdáis todo aquello que recibís. (28.9.2000)

 La humildad la necesitáis para que lo que recogéis no se pierda, y sabéis lo fácil que es levantar la cabeza orgullosa y rechazar todo lo que de Dios viene porque lo hacéis también muchas veces y con muchas frecuencias, frecuencias distintas, los que entienden, entienden lo que estoy diciendo.  (26.10.2000)

 Y la humildad es la virtud que debéis cuidar por encima de cualquiera, porque sobre ella se asientan las demás virtudes. Os insisto, y volveré a hacerlo en las ocasiones que Dios me dé, debéis cuidar la humildad sobremanera. La humildad descuidada está produciendo en vuestros corazones ataques de egoísmos, ataques de soberbia, ataques de descuido, ataques de indiferencia, ataques, en definitiva, de exigencia descuidada. Aprovechad estos mensajes y estas ayudas; aprovechad este recordatorio de los mandamientos para avanzar. (14.12.2000)

Sin humildad no podréis servir a Dios en nada porque no sois instrumentos válidos; esa coraza de soberbia que os gana la partida, que os encierra, os separa de Dios; y para ser instrumento de Dios útil, la humildad tiene que estar presente. Y Jesús os utiliza a todos en momentos concretos, sin daros cuenta ayudáis a otros hermanos, Jesús actúa por vosotros.  (26.4.2001)

Este día cuando se iba a rezar el Santo Rosario la Madre hacía la petición

Vamos a hacer una petición general a Dios entre todos los que quieran acompañar; y vamos a pedir a Dios, que todo lo puede, para que aumente la humildad en los corazones, porque muchos son los hijos que no la piden porque creen que no la necesitan. Tenéis un refrán que dice que no hay mayor ciego que aquel que no quiere ver. Pidamos a Dios, pues, que abra los ojos del corazón y que reparta humildad. Que haga brotar la semilla de la humildad en sus hijos del Toscón, para que esa humildad abra un poquito más los entendimientos; y con ese entendimiento más abierto, los comportamientos mejoren, los atrevimientos osados disminuyan si hay falta de respeto a Dios y uno no ha caído en la cuenta. Que esa humildad aumentada en los corazones os dé valentía para disculpar a los demás; que esa humildad aumentada en los corazones os dé fuerzas para hacer las cosas bien, aun cuando alrededor hayan muchos que no las hagan tan bien. Pidamos a Dios, a Dios Padre que todo lo puede, que aumente la humildad en los corazones de sus hijos, porque la humildad es la base de las demás virtudes. Pidamos a Dios, pues, la humildad, en silencio, desde el corazón.  “Dios Padre Todopoderoso, Tú que estás escuchando nuestras plegarias, ten en Tu misericordia la bondad de repartir y aumentar la humildad en el corazón del hombre. Padre Todopoderoso justo eres y sabes qué necesitamos. Haz en Tú voluntad lo que quieras. Escucha a todos Tus hijos del Toscón en esta oración del jueves. Te pido como Sierva Tuya que escuches con atención las oraciones de esta tarde de Tus hijos. Tus hijos quieren orarte con el corazón, pero Tus hijos se descuidan con facilidad, son Tus hijos rebeldes del Toscón, los conoces bien. Abre sus corazones Padre mío y reparte humildad en ellos.” (26.4.2001)

Cuántas veces escucharéis lo mismo: si no cuidáis la humildad, el resto de virtudes buenas para que el alma se limpie no florecerán; no aumentarán esas virtudes, porque en la humildad se sustentan todas. La soberbia hace presencia en todos, pero algunos saben reaccionar con prontitud y otros se gozan en esa soberbia haciendo daño a los demás, cuidándose falsamente, porque la soberbia siempre da frutos malos en el corazón. Ser humildes es una tarea que tenéis todos y estas pruebas que Jesús os ha ido pidiendo semana tras semana en este lugar han puesto a prueba vuestra humildad, humildad para rozar con otros hermanos tan distintos, para rozar con caracteres difíciles, para rozar con hermanos malhumorados. En todo Dios os prueba, observa Dios lo que hacéis, cómo respondéis. La humildad es la herramienta que necesitáis. (6.9.2001)

(Extracto del mensaje de la Virgen María recibido el 13_09_2007 en el Toscón)      

Humildad os ha faltado a todos. Humildad para callar, para saber corregir; humildad para saber aceptar los errores, para esperar en Dios. Si hubieseis pedido humildad hubieseis salido victoriosos; pero habéis puesto vuestro “yo” antes que todo lo demás, creyéndoos poseedores de la verdad y de la razón, creyendo que vuestros sentires y sentimientos estaban limpios y que justificaban todo lo que habéis hecho. Y yo os digo, como Madre que me preocupo por vosotros, que ese “yo” que prevalece, ese “yo” que alimenta la soberbia, es un “yo” que os perjudica continuamente; y os he dicho más de una vez, la vanidad la utiliza el mal; tantas almas que se pierden por esa vanidad; una vanidad que aplasta la humildad que Dios regala a sus hijos. 

Quizás hayáis perdido cosas ya, por vuestra falta de humildad, por ese “yo” que ha prevalecido por encima de la voluntad de Dios en vuestra vida; pero hay tantas cosas aún que vivir. Dios en Jesús os alienta, pues, a que recobréis las ganas de vivir. Pasáis, muchos, momentos duros. Estáis distanciándoos de personas a las que habéis estado unidos tanto tiempo, y pensáis que eso puede con vuestra propia vida, y os digo que os equivocáis, mirad más bien qué error hay en vuestra vida para que Dios haya permitido que viváis las circunstancias que vivís. Si fueseis humildes entenderíais que los errores también los aprovecha Dios para que aprendáis; y es bueno recojáis la enseñanza de aquello que vivís que os ha hecho sufrir, que os hace hoy mismo llorar.

 Yo os digo que Dios os ama sin medida, que Dios escucha vuestras oraciones; no hacen falta lágrimas para que lleguen más alto, hace falta humildad en el corazón, hincarse de rodillas y hablar con Dios con esa cabeza agachadita, porque es Dios Padre, el que os mantiene la vida, el que os sostiene viviendo, el que os escucha, y el que os puede ayudar; pero habéis de reconocer primero que no sois más que creación suya, y por ello debéis bajar esas cabezas orgullosas, y pedirle esa ayuda que no encontráis en nadie, porque nadie os la puede dar; Dios puede dar la paz a un corazón que la ha perdido, Dios puede dar ilusión a quien la ha perdido, Dios también puede dar humildad a quien la solicita; pero veréis, si no decidís libremente bajar esas cabecitas, dejar ese yo de lado, no conseguiréis de Dios una respuesta pronta.

 Dice Jesús que os transmita su preocupación por lo poco que valoráis la humildad. Jesús que lee en vuestros corazones y en vuestras mentes, comprueba que no valoráis la humildad como virtud tan importante a pedir. Hijos míos, es la base donde se asientan las demás virtudes; sin humildad cualquier otra virtud o don no se puede desarrollar. Es, pues… dice Jesús, lo básico, lo fundamental, para un alma que quiera llegar al Cielo, la humildad… ser humildes no es ser tontos, estar apagados o tristes, al revés; pensad, todo lo malo que os pueda acontecer da siempre el mismo resultado en vuestras almas, inquietud, falta de paz, falta de serenidad; el mal provoca tristezas sin límites, ganas de morir. La humildad en el corazón llena de paz el alma, combate frente a frente a cualquier tipo de vicio. El mal con la humildad en un corazón no puede entrar; pero el mal es astuto, y algunos de vosotros aún pensáis que no sois soberbios, que no sois orgullosos,¡cuidado, hijos míos! porque el grado de soberbia es distinto, es verdad, en cada una de vuestras almas, pero la vanidad entra con muchísima facilidad y el que os acecha para perderos sabe cómo alimentar esa vanidad, y la vanidad se enlaza automáticamente con la soberbia.

 La humildad llena de paz el alma, la humildad hace que acertéis en vuestra vida al tomar decisiones; la humildad salva las relaciones que tanto os preocupan a muchos en estos momentos, la humildad os permite perdonar como Dios quiere que perdonéis a los demás para que así igualmente seáis perdonados vosotros. Si no hay humildad no se puede perdonar y olvidar; podéis decir que perdonáis, pero recordáis continuamente la ofensa y os apartáis de ese hermano vuestro que os ha hecho daño, quitando pues oportunidades a ese acercamiento que Dios quiere entre todos sus hijos. La humildad abre el entendimiento de tal forma que la voluntad de Dios en la vida de cada uno se recoge, se acepta y, además, reconociendo en ella lo mejor para el alma, da felicidad. La humildad en el alma os garantiza la entrada en el Cielo; Fijaos cuán importante es, más la humildad es la enemiga del que os acecha; por eso es tan fácil que caigáis, por eso os mantenéis entorpecidos en vuestro andar, porque esa humildad ya no está en vuestro corazón, habéis perdido, como decís vosotros mismos, ese norte que debiera estar tan claro en vuestras vidas. La humildad la necesitáis todos, vosotros y los que como vosotros no están ahora compartiendo este instante en este lugar; pero quiere Jesús que en esta oración de la tarde pidáis a Dios Padre para que os regale humildad en el corazón, para que ese alma que tenéis inquieta muchos de vosotros se llene de paz, para que ese entendimiento se abra un poquito más, para que podáis acertar en vuestra vida con esas acciones que acometéis a cada momento. No sabéis escuchar a los demás, no sabéis respetar a los que opinan distinto, rápidamente os enfrentáis, os falta astucia en ese vivir. La humildad también, abriendo el entendimiento, facilita la astucia.

Veréis, Jesús decía que no valorabais la humildad porque no sabéis en realidad los beneficios que aporta, se os decía que la humildad era ese lienzo sobre el que habéis de pintar vuestra vida, que los colores son las virtudes, los dones que necesitáis para darle colorido suficiente, para rematar un bello cuadro, rico en colores; ese lienzo que sirve de base es la humildad; es verdad que el mal intenta ensuciarlo, intenta eliminar esa humildad; en este ejemplo, ese eliminar la humildad consiste en ensuciar el lienzo, no en romperlo, Dios da y sostiene; el lienzo no se rompe, se ensucia hasta tal punto que puede volverse negro y ningún color se verá sobre un negro ¿verdad? por eso es tan necesaria la humildad; cuanto más blanco es el lienzo más vivos se ven los colores, más se asemejan a ese tono original con el que os son regalados.

 La humildad, que no valoráis, es fundamental, pero se pierde con facilidad, ¿cómo hacer para no perder la humildad? primero hay que valorar su importancia, valorando su importancia no querréis perderla, mas para no perderla necesitáis estar en contacto con Dios, estar en contacto con Jesús, tener vida de oración, cultivar ese interior, para que la humildad no se escape con facilidad, para que ese lienzo no se ensucie con tanta rapidez. Siendo humildes podréis salir de esos pozos de tristezas, de angustias, de inquietud; y creedme cuando os digo, que es muy fácil, con la humildad en el corazón, aguantar sin derrumbarse; pues decís que no podéis, y yo os digo que fuerzas se os dan constantemente para que las uséis. 

Haceos como niños ¿recordáis? para hacerse como un niño es necesaria la humildad; sin humildad es imposible. Parece que hacerse un niño es ridículo, es la clave para entrar en el Reino de los Cielos; pero parece ridículo porque no entendéis lo que significa en realidad. La humildad os abre la puerta del Cielo, pero para mantenerse humilde hay que hacerse como niños.

 He de retornar a la voluntad del Padre, mas no me marcho, sigo con vosotros, mas en esta forma ha de cesar mi presencia. Sabeos amados por Dios, y recoged mis palabras como debéis en verdad recogerlas, como consejos buenos para el alma. Que esos sufrimientos que, a veces, os quitan la claridad, la luz, que os apagan, se utilicen para reparar tanta herida, tanto error. Ofreced vuestros sufrimientos a Dios para que Dios con ese ofrecimiento ayude a las almas a recobrar la paz. No toméis decisiones cuando estáis llenos de cóleras, de ira, de soberbia; no hagáis las cosas mal, que el corazón os está avisando pero no le hacéis caso. No dejéis que ese “yo” vuelva a imperar. Dios Padre ha derramado humildad en vuestros corazones, en vuestras almas. Sé que muchos no lo notáis, pero yo os digo que la humildad ha entrado y esa humildad dará frutos, pero se escapará pronto si no sois astutos.

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