Generosidad

(Extraído de los mensajes de la Virgen María recibidos en el Toscón)

No habéis aprendido aún a dar sin recibir. Habéis de dar con generosidad sin esperar recibir nada a cambio; porque en esa espera os decepcionáis, en esa espera os apagáis. La alegría se contagia siempre. No os preocupéis de recoger, preocupaos de sembrar, de dar a conocer a Dios, de dar a conocer a Jesús, que todos reciben y el tiempo de respuesta en cada uno es distinta, pero que cuando respondan vuestros hermanos, no encuentren en vosotros hogueras apagadas; porque a muchos alentáis, muchos que creéis equivocados, contrarios, se alientan, quieren acercarse sin reconocerlo, quieren acercarse a Dios, quieren recibir de Dios. No decepcionéis al que tanto animáis. Si os mantenéis fuertes en la fe, fuertes en la alegría y en la confianza, ayudaréis a muchos. (28.10.93)

Pedid por los demás todos los días y en petición por los demás recibiréis para vosotros mismo. El egoísmo que se alberga en vuestro corazón lo demostráis continuamente porque no cesáis de pedir por vosotros, por vuestras cosas, y os olvidáis de los demás. Primero por los demás, que Dios os conoce bien, y en esa generosidad de pedir por los demás olvidándose de uno mismo, Dios responderá con creces, sin medida. Atreveos a orar a Dios dejándoos de lado y comprobaréis que Dios os responde sin haberle pedido. (7.12.95)

No queráis apartar de vuestro lado a ningún hermano, salvo en el caso de que ciertamente inquiete vuestra alma, porque todos os necesitáis. Dios reparte para todos, compartid entre vosotros. Que esa generosidad se desarrolle en vuestros corazones, porque esa ceguera de la que habláis, esa sordera que decís tener es fruto de vuestro egoísmo porque sólo pensáis en vosotros mismos en primer lugar, en segundo y en tercero; en esos momentos el corazón se endurece, y cuando el corazón se endurece todos los sentidos del alma se ven afectados. No sabéis perdonar, no sabéis aceptar, no sabéis confiar, pero estáis aprendiendo. Jesús con vosotros siempre os empuja, os alienta en el camino y esas dificultades y esos problemas son ayudas para vuestra alma, pero lo entenderéis sólo cuando vuestro corazón se ablande, se abra un poquito más a Dios.  

No os pertenecéis, de Dios venís y a Dios volveréis cuando Él os llame. Fácil es ser bueno con aquellos que os tratan bien. Os pide Dios que esas fuerzas que Él mismo ha puesto en vuestro corazón den frutos de bondad y de generosidad con aquellos que os molestan, con aquellos que os confunden, con aquellos que os asustan. La astucia que tanto os he pedido que desarrolléis también la descuidáis, porque a la más pequeña prueba que encontráis en el camino no sabéis agarraros a la mano de Jesús. Se os ha preparado para que cada uno solo con Dios le encuentre sin necesidad de buscar un apoyo humano; pero seguís buscando ese aliento en el hermano que consideráis más avanzado. Tenéis que aprender a caminar solitos. (12.9.96)

Dios hace vibrar vuestro corazón todos los días mandándoos impulsos de caridad, mandándoos impulsos de generosidad que no aprovecháis. ¿Qué os impide hacer las cosas bien? Pedís a Dios que os ayude, pedís a Dios que os dé fuerzas, Dios os da luces para ver lo que está bien y lo que está mal, ¿por qué continuáis obrando mal? Si sabéis que lo que hacéis está dañando vuestra alma, si sabéis que lo que hacéis está entorpeciendo el avance de otros, ¿cómo os atrevéis a decir, ni siquiera a pensar, que queréis a Jesús? Con que os olvidéis de un hermano, con que descuidéis a uno sólo de los que os rodean estáis descuidando a Jesús.

 Si sois capaces de ser generosos, de dedicar unas horas a Jesús, tened por seguro que Jesús siempre corresponde a vuestra generosidad en una medida muchísimo mayor, a la misma medida que es Él, el mismo Dios. Probaros en generosidad en esta tarde y celebrad con alegría verdadera que Jesús está vivo guiándoos para que no os perdáis. (19.12.96)

Dios os está probando continuamente en generosidad, es una prueba que está siempre a vuestro lado, como también es una prueba, siempre, el estar preparado para acompañar a quienes parten, el estar preparado para partir uno mismo, son pruebas que estarán siempre en el camino, de manera continua. (5.2.98)

Escuchad bien: “ayudad a otros”, de vosotros ya se encargará Dios. Pedid por los demás, dad muestras de generosidad ante Dios y Dios devolverá el mil por uno. (22.3.2001)

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