Ganarse el Cielo

                               (Extraído del mensaje de la Virgen María recibido en el Toscón el 09.11.2006)

 

No es tan difícil, hijos míos, ganarse ese Cielo, no renunciéis a ganaros ese Cielo. La edad humana que tenéis se convierte en engañosa; a unos hace pensar que queda mucho tiempo aún, y a otros que ya no queda suficiente como para cambiar; y yo os digo que tenéis todos la oportunidad de ganaros ese Cielo y a lo grande; es verdad también que habéis de comprometeros a un cambio con Dios, un compromiso de cambio con Dios, porque al fin y al cabo, solamente Dios os debe preocupar, porque Dios ve qué hacéis cada día, porque Dios os está observando cada día en ese vivir que lleváis. Decís, seguís diciendo, que no tenéis fuerzas, que no podéis vencer algunos vicios. Hijos míos, sois cobardes cuando decís que no podéis, llenaos de humildad y pedid a Dios esas fuerzas reavivadas para que las notéis con mayor claridad y las podáis usar, pero no digáis que no podéis más. El ejemplo de Jesús es el mejor ejemplo que podéis tener; en Jesús están claras todas las virtudes que necesitáis. Todos los dones que el alma necesita, en Jesús se recogen claramente; y Jesús es manso, y Jesús es obediente, y Jesús es magnánimo, y Jesús es prudente. Jesús es Dios, es verdad, pero Jesús se acercó a la humanidad como hombre, y fue verdadero hombre; llegó a la cruz con dolores humanos. Por ser Dios, no le libró Dios del padecimiento material, sufrió Jesús martirio, sufrió Jesús lo inimaginable… dice Jesús, menos mal, Madre, que yo no dije que no podía más… imaginaos que Jesús no hubiese llegado a la cruz, imaginaos que tras los azotes Jesús se negara a seguir, ¿qué sería, entonces, de todos nosotros? La nada absoluta, porque si el hombre no tiene la salvación se convierte en nada después.

 Sois para Dios, Dios os quiere recuperar a todos, y a través de Jesús tenéis el mayor regalo que Dios ha podido dar a la humanidad, que es la posibilidad de seguir vivos eternamente. La muerte del alma ha sido vencida porque Jesús fue valiente y aguantó hasta el final, y no fue fácil; no fue fácil para mi tampoco, hijos míos, aguantar el padecimiento de Jesús. No es fácil estar esperando a que Dios haga, no es fácil recoger como hijos a toda la humanidad justo antes de expiración de mi querido y amado hijo Jesús, ¿cómo es posible entonces aguantar? ¿cómo ha sido posible para vuestra Madre esperar en Dios? Hijos míos, dije un sí firme, me comprometí con Dios en lo que Dios me pedía, y vuestra Madre ha llorado muchas veces, y vuestra Madre ha estado inquieta muchas veces. Sé lo que es sufrir, sé lo que es no entender nada por momentos, sé lo que es vivir la traición de los más cercanos; no me digáis entonces que no podéis, tenéis ejemplo en Jesús, tenéis mi ejemplo, pero tenéis ejemplos de muchos de vuestros hermanos que han cambiado de vida, que han entregado sus vidas a servicios dignos de cara a Dios. No penséis que siendo amas de casa no podéis ganar ese Cielo en esos puestos altos que quiero para vosotros; no penséis que trabajando de peones en la construcción no podéis ganaros esas moradas altas. Estéis donde estéis, haciendo vuestras labores, podéis alcanzar esos puestos grandes que os esperan. Lo único que necesitáis es comprometeros con Dios a ser cada día mejores, a ayudar a los demás cuando os necesiten, a perdonar de corazón todas las ofensas, a imitar a Cristo en definitiva. La imitación de Cristo Jesús es la clave para conseguir enderezar vuestros caminos, y ganaros esas moradas altas.

 “¡Qué la vida cuesta!”, decís; sé, hijos míos, cuan dura se puede volver la vida, pero también sé del poder de Dios, de su intervención divina, y de la calma que da a los corazones cuando humildemente piden su ayuda; os falta esa humildad y pido a Dios continuamente para que aumente la humildad en vuestros corazones, para que entonces conformándose esa base sólida en vuestras almas puedan desarrollarse sobre ellas las virtudes y cualidades que necesitáis; pero estáis como dormidos muchos de vosotros, esperando esos empujones de Dios, esos soplos de vida de Dios, y Dios en Jesús sigue dando aliento a todos, pero quisiera veros un poquito más vivos por dentro, un poquito más conscientes de que sois lo que sois. Si os cortaran las piernas, los brazos, ¿qué pasaría? ¿vuestra alma se quedaría sin brazos y sin piernas? ¿verdad que no? ¿verdad que seguís siendo los mismos con un cuerpo dañado? Es fácil notar que sois algo más que cuerpos, es fácil notarlo; y vuestras almas, mis almas a las que quiero cuidar y llevarlas cerca de Dios, ansían dejarse sentir en vuestras mentes. Vuestras almas inquietan, a veces, vuestras mentes para que reflexionéis sobre lo que sois. El cuerpo se va gastando, se va envejeciendo, ¿no notáis extrañeza cuando os miráis al espejo y veis lo que veis? ¿no notáis que no sois por dentro iguales? Eso que lleváis dentro que os da vida es el alma, el cuerpo aquí se queda, el alma vuelve con Dios, y bueno sería que volviera con Dios a moradas altas. No os conforméis, hijos míos, con moradas de serenidad… dice Jesús… las frases de Jesús, a veces puede confundiros… las cambio, Él me lo permite… Jesús decía, que si os dieran a elegir entre una choza y un chalet con todo tipo de comodidades, sin ningún tipo de prejuicio que acompañen a vuestra elección, todos elegiríais lo más lujoso… pues, así es, se os da la oportunidad de ir a las moradas más altas donde mayor es el gozo y la alegría. No os conforméis cuando podéis luchar por lo mejor, porque podéis todos los que me escucháis, aún ganaros esos puestos altos. ¿Es difícil? la dificultad depende de vuestra valentía, después depende de vuestro coraje para hacer las cosas bien. Claro que no es fácil, no es fácil para vosotros desprenderos de una comodidad a la que ya os habéis acostumbrado, no es fácil recolocar, reordenar vuestros tiempos para dedicarlo a otros hermanos vuestros que os necesitan, no es fácil dedicar un tiempo para hablar con Dios sin prisas. La dificultad está en la comodidad que tenéis.

 Jesús os ayuda siempre, y Jesús seguirá tirando de vuestras almas. Mi tarea con vosotros es llevaros a Jesús, no es otra. Yo no os quiero para mí, yo no os quiero para que me alabéis, porque alabanzas todas solamente para Dios debieran ser; os quiero para Dios, y en Jesús os dejo, allí os llevo; algunos dicen ser marianos, el que dice ser mariano debe tener muy claro que si ama a su Madre del Cielo y quiere verla contenta tiene que estar cerca de Jesús, tiene que amar más a Jesús… dice Jesús, Madre deja que estén en tu rebaño un tiempo más… hijos míos, sé que algunos, y lo decís abiertamente queréis seguir cogidos de mi mano; Jesús… no se preocupa Jesús de eso, estáis en buenas manos… pero yo quiero llevaros a la luz total, a la luz plena que de Dios se recoge toda en Jesús. Estoy para… dice Jesús que su luz a través de mi también se hace para vosotros… Hijos míos, en donde quiera que Dios permita a vuestra Madre dar mensajes mi objetivo es el mismo, ayudaros en ese acercamiento a Dios. Os empujo a esa luz de Dios para que sin miedo la recojáis en vuestros corazones, y os convirtáis en antorchas encendidas que puedan iluminar el camino de otros hijos míos que tanto necesitan de luz; vuestro ejemplo de vida puede ayudar a tantos que van con desaliento, desanimados; veros contentos, veros alegres, es lo que Jesús quiere. En vuestros hogares, en vuestros trabajos, quiere Jesús veros plenos de alegría, confiados en esa cercanía de Jesús, en es amistad que no falla. Si sois capaces de manteneros contentos seréis esas antorchas encendidas, seréis capaces de alentar a otros, de animarlos para que recobren la esperanza que no tienen. Cuando se pasa necesidad, lo primero es cubrir la necesidad, y después hablar de Dios.

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