Fortaleza (20-09-2007)

(Extracto del mensaje de la Virgen María recibido en el Toscón el 20-09-2007)

(Iba a comenzar el rezo de Santo Rosario.)

Vamos a pedir a Dios Padre, durante la oración de esta tarde, para que os dé fortaleza a todos; fortaleza que dé frutos de valentía, que dé frutos también de sentido común; pues veréis, os falta el sentido común, no actuáis a veces con lógica, pues si sabéis que estáis para ganaros el Cielo, ¿por qué perdéis vuestro tiempo? Me refiero, pues, a ese sentido común que os haría ganaros ese puesto que perdisteis allá en lo alto. 

Os falta fortaleza. Vamos a pedir a Dios para que aumente en vosotros las fuerzas, para que ese andar se haga más ligero, porque algunos estáis estancados, no avanzáis. Pendientes, acaso, de decisiones que tomar que cambien vuestra vida. Pero pensad que si hay inquietud en vuestro corazón, vuestro corazón os avisa. Esperad a que haya paz en vuestro corazón, a que haya serenidad para que toméis una decisión acertada; mas sabéis que la humildad es vital para dar pasos firmes en vuestra vida. Pasos firmes y bien orientados. Si queréis ganaros el Cielo debiera notarse en vuestra vida. Hay ganas en vosotros de avanzar, pero no son suficientes esas ganas, pues los frutos no son aún abundantes.

 Vamos a pedir a Dios para que aumente la fortaleza en vuestras almas; fortaleza que todos necesitáis, pues todos pasáis momentos de flaqueza y de debilidad; mas también recordad, la oración la recoge Dios aunque sea orada con descuido; pero si es fervorosa, cuanto más no conseguiréis de Dios vuestro Padre. 

Orad, pues, con ganas. Poned ilusión en la oración para que esa fortaleza la recibáis grande en el corazón, en el alma y notéis sus frutos; mas seguid vuestros caminos y si tropezáis, que lo hacéis con frecuencia, recordad mis palabras de tantas veces, no tardéis en levantaros, no dejéis que el mal os mantenga en la caída; levantaos, pedid perdón a Dios, limpiaos por dentro y seguid vuestro camino. Son muchos los que os esperan allá en el Reino. 

Recordad, vamos a hablar con Dios a través de la oración reglada, ordenada; vamos a comenzar, y vamos a pedirle para que aumente la fortaleza en las almas de sus hijos, una fortaleza aumentada, que se note. Pues no han de ser más fuertes los ataques de los que quieran atacar, que vuestra serenidad y seguridad en Dios. Que los que vengan sedientos de luz no apaguen la vuestra, sino que se prendan de la vuestra. Los que no gustan oír hablar de Dios, los que están alejados de las cosas de Dios, necesitan también de luz. Si vosotros perdéis la que podéis dar, realmente estáis deshaciendo el camino hecho. Se os da en el corazón, se os da en el alma para que compartáis. La fortaleza la necesitáis para sostener la paciencia con los que decís que queréis, con ellos perdéis la paciencia con prontitud. La fortaleza la necesitáis para orar todos los días con Dios, para dedicarle ese momento a Dios tan necesario para vuestra alma, para que esa vida de oración que se requiere tengáis, sea posible. Si el contacto con Dios no es diario, la vida de oración tampoco se hace. Fortaleza, pues, para que podáis sentir a Jesús en vuestro interior; para que cada vez que toméis la sagrada comunión, esa gracia que recibís, que es Jesús entrando en vuestro interior, encuentre tierra fértil en la que dar ese fruto, esa gracia que tanto necesitáis. Esa tierra fértil es la vida de oración. 

Sé que tenéis muchas dudas y temores, que ansiáis respuestas de Dios en vuestra vida que se recoja a través de lo material, pues en lo espiritual aún estáis muy cortos. Dios os responderá a todos, sois sus hijos y os ama sin medida, mas el tiempo de Dios no es el vuestro. Esperad a que Dios responda, para eso también necesitáis fortaleza. La fortaleza da frutos de espera digna. Fortaleza que pido todos los días para todos mis hijos, pero que de manera especial pido esta tarde con vosotros y en unión con vuestras almas solicito a Dios esa fortaleza para los que oran y piden con humildad.

 (Antes de comenzar el cuarto misterio la Madre decía lo siguiente.)

Hablad con Dios vuestro Padre y pedid a Dios esa fortaleza. Os hace falta a todos o ¿es que no veis con claridad que os falla? ¿estáis, acaso, alegres, firmes en vuestro andar? ¿tenéis claridad cuando tomáis decisiones? ¿sentís seguridad en cada paso que dais? os falta fortaleza, os falta esa firmeza, que fruto es de la fortaleza que da Dios en el alma. Fortaleza también para estudiar los más jóvenes, que se cansan de nada, para que sepan separar estudio de diversión. Fortaleza para que esa oración, que se os vuelve tan aburrida, se anime en ese aliento vivo que da Jesús cuando la fortaleza se cuida. Orad contentos quiere Jesús. Orad convencidos de que vais a recibir lo que estáis pidiendo, mas esta interrupción es justamente para ello, para que retoméis la ilusión en que vais a recibir de Dios fortaleza que tanto necesitáis. Con fortaleza en el alma el día se ilumina, ya veréis. Orad, pues, con ganas, valorando lo que estáis pidiendo, pues, es de infinito valor para vuestras almas. 

(Cuando iba a comenzar el quinto misterio la Madre decía lo siguiente.) 

Veréis, Jesús quiere que os anime nuevamente a pedir con más ganas la fortaleza. Muchos habéis recibido consejos en este lugar, y os habéis quejado tantas veces de que no entendéis, de que no comprendéis, de que la espera se hace demasiado larga, en definitiva, perdéis la confianza en Dios, empezáis a apagaros, a alejaros de Jesús; pues bien, la fortaleza y la confianza son amigas, y las verdaderas amigas se ayudan siempre, la confianza ayuda a la fortaleza, y la fortaleza a la confianza. Así pues, sí recibís fortaleza en vuestra alma, esa fortaleza vivifi... dice Jesús, que más que vivificar, que es lo que iba a decir, lo que hace es sostener la confianza... así pues, importante es que la fortaleza entre en vuestro corazón con fuerza; para que esa confianza en Dios, que se debilita con tanta facilidad, se sostenga. 

Son muchos los que no entienden que vuestra Madre hable a unas pocas almas, ignorantes de que mis palabras son para todas, no las que están aquí, para todas las que están y son en estos momentos por voluntad de Dios; pero ellos se están buscando, vosotros estáis recibiéndola para poderla dar humildemente a quien la necesite; pero para sostener la luz que se os da hay que prepararse, hay que llenarse de humildad y comprender que lo que sois es por causa de Dios, y Dios permite en vuestra vida porque necesitáis de lo que Dios permite; aunque sean problemas a veces, y circunstancias que malamente entendéis. La humildad os hace reconocer en Dios el acierto continuo, y la fortaleza os da, en cada instante, la seguridad de que podéis afrontar las pruebas que hayan de presentarse. Fortaleza que sostiene la confianza en Dios. Uno de vuestros principales problemas es esa falta de confianza. Pedid la fortaleza, pues, con ganas para que sostenga esa confianza, que se debilita con tanta facilidad en vuestras almas. 

(Cuando iba comenzar la oración por las almas consagradas, la Madre decía lo siguiente.) 

Vamos a pedir ahora, como ya sabéis, por las almas consagradas a Dios. Os he pedido muchas, muchas veces que no corráis para terminar pronto ya la oración que resta, al revés, justo aquí debéis ir más despacio si cabe, pues vais a pedir por las almas que oran por vosotros, por las almas que sirven a Dios con sus vidas y que debieran dar ejemplo a todas las demás. Sabéis de sobra cómo andan las cosas, cómo está mi Iglesia, la Iglesia de Dios, la Iglesia de Cristo; formáis parte de ella, pero pensáis que son las almas consagradas las que tienen la culpa de todo. El mal se mete por cualquier rendija, está acechando a todas las almas, especialmente a las consagradas para perderlas. Sabios consejos los evangélicos que toda alma consagrada debería tener en cuenta en sus días. Consejo de pobreza, vivir la pobreza, huir de la comodidad y no buscarla; más cuando se sirve de manera especial a Dios. El Consejo de la castidad, vivir la pureza para avasallar y salir victorioso tantas, tantas prueba que el mal pone en el camino. Y el más importante de los tres, la obediencia a Dios. ¿Cómo viven las almas consagradas estos consejos? ¿los siguen? Pensad, son como vosotros, hermanos vuestros, hermanas vuestras, no es fácil vivir la pobreza, vivir la castidad, ser obedientes a Dios. Estas almas debieran ser ejemplo; es importante para ellas que la fortaleza no se escape de sus corazones. Esta petición a Dios para que aumente la fortaleza en esas almas es muy importante, pues Dios está escuchando vuestras oraciones; con ellas derramará fortaleza en las almas, por las que vamos a pedir ahora, sacerdotes, diáconos, monjas, frailes, el santo padre, almas que querían servir a Dios y que muchas de ellas ya no tienen claro a quién están sirviendo, pues son muchas las normas, las reglas que hay que seguir; falta la naturalidad propia de un niño pequeño. Pidamos, pues, fortaleza para estas almas, para que retomen esos consejos tan sabios, sobretodo el primero en importancia, que es la obediencia a Dios. Pidamos con fervor, porque es necesario que así lo hagamos, amándolas, aunque vayan algunas un poco a ciegas, los milagros existen; y esos hijos míos, esas hijas mías, que no han sabido dar ejemplo, pudieran darlo con vuestras oraciones de hoy y a partir de hoy; pues vuestras oraciones ya hacen milagros y no lo sabéis. 

(Cuando finalizó el Santo Rosario, la Madre decía.) 

Dios quiere fortaleceros, quiere haceros más humildes, más piadosos; pero habéis de pedirlo, pues regaló la libertad, y con esa libertad ya hacéis lo que queréis. Esa libertad que Dios os ha regalado es la llave para poder entrar en ese Reino de los Cielos, pues, con esa libertad decidís sí acercaros a Dios o alejaros de Él. Con esa libertad decidís qué hacer con vuestra vida en cada momento. A veces no acertáis, muchas veces, diría yo; preferís mantener la soberbia en el corazón, y ese "yo" preponderante arrastrando vuestras almas a la oscuridad; preferís la comodidad que os da el mundo y no buscáis con sensatez lo que más os beneficia el alma. El alma necesita también de alimento, de buenas obras que llenen esas manos, de generosidad, de amor hacia los demás; pero estáis, os decía antes, gastando el tiempo sin valorarlo. 

Hijos míos del Toscón, hijos míos todos, aprovechad el tiempo que Dios os está regalando, para que sea provechoso en vuestra alma; porque aquí quedan los cuerpos inertes, se pudren, las almas parten a ese encuentro con Dios. Envejecéis y notáis de alguna manera esa realidad, que sois algo más que materia que se degrada, que se estropea; pero aún así, no reaccionáis. ¿Cuántos años lleváis sin dar pasos firmes de valentía, manteniéndoos en una posición cómoda de no hacer mal a nadie sin más? Veréis, si queréis ganar las moradas más altas hay que hacer. No podéis estar cruzados de brazos y justificaros con eso de que no estáis haciendo mal a nadie. Pensad, estáis dejando de hacer bien a muchos, y por omisión estáis faltando a Dios, a lo que Dios pide a todos sus hijos, ese amor compartido, esa fraternidad que se demuestre en ese ayudarse sin beneficios, en ese ayudarse generoso, desprendido. ¿Por quién estaríais dispuestos a dar la vida? Preguntaos, ¿por ese amor que tenéis en el corazón? ¿por vuestros padres? ¿por vuestros hermanos? con sinceridad preguntaros, ¿seríais capaces de dar la vida por alguien? no es fácil dar la vida cuando no se sabe amar. Para poder estar preparado a entregarse a Dios totalmente hay que saber amar. 

Que esta reunión os sirva todos, este encuentro, para recoger en vuestro corazón de Dios todo su amor, pero también esa fortaleza que habéis solicitado, una fortaleza que sostenga esa confianza en Dios más tiempo, que os dé paciencia, que os dé prudencia, que os dé acierto en las decisiones que vais a tomar; pero recordad, si Jesús no está en primer lugar, todo se va a desvanecer; y lo que pidáis, pronto desaparecerá del alma y del corazón, si Jesús no ocupa el primer lugar en vuestra vida, porque es Jesús quien facilita el camino.

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