Ayuda de Dios

                           (Extraído del mensaje de Virgen María recibido en el Toscón el 9 de Junio de 2005)

Tenéis tantas oportunidades de cambiar, de mejorar, seguís como anclados, faltas repetidas, vicios que no dejáis atrás, pero Jesús sigue tirando de vosotros una y otra vez, las veces que sean necesarias, parece ser son muchas, pero tenéis una vida que en tiempo humano está claramente acotada. Aprovechad bien los días que tenéis, no dejéis que pase ni un solo sin acordaros de Jesús, sin hablar con Dios vuestro Padre, ese recuerdo al menos de que sois algo más que cuerpos. Si Dios está tocando las almas de tantas formas diferentes, con prodigios, milagros como los llamáis, apariciones, mensajes aquí y allá, si Dios está tocando los corazones de tantas formas es porque es urgente; la redención de las almas tiene también un tiempo establecido por Dios. Desde hace mucho se dice que estamos en el tiempo de la misericordia, y os acostumbráis a esperar sin más; hijos míos recibís allá donde estáis si queréis, de todos podéis aprender, pero tenéis que ser humildes, verdaderamente humildes de corazón, de cabeza tan sólo no basta, cabeza y corazón unidos para que esa humildad sea cierta, sea verdadera; vuestras actitudes no son a veces las que Dios en Jesús espera porque no sabéis ser humildes. Pedid a Dios esa humildad que a todos falla, pedidla, porque si aumentáis la humildad en vuestros corazones, esos entendimientos tan cerrados aún en algunos, se abrirán un poquito, lo suficiente como para comprender que usando la libertad que tenéis podéis ganaros ese Cielo que espera. 

Faltas tenéis, perdón de Dios continuo también, ¿a qué esperáis para pedir perdón a Dios? A solas y con Dios ¿qué os perturba, qué os impide hablar realmente con Dios? ¿Por qué el mundo gana la partida?

No seáis perezosos, que lo sois con tantas cosas. Si queréis podéis ser instrumentos de paz en este mundo; inquietos decís algunos que estáis, cómo podéis aquietar a otros, pues podéis, si Jesús dice que podéis es que podéis ser pacificadores. A veces, muchas veces, agraváis situaciones que ni siquiera son preocupantes y las agraváis, alterándoos a vosotros mismos y a los demás. 

Tan natural es la llegada a esta Tierra como la partida al Reino, es igual de natural. Estad preparados, hijos míos, os he dicho tantas veces, aquí y en tantas partes, preparados para que cualquier momento sea bueno para partir. Ante esa presencia viva de Dios no hay secretos, la memoria se recupera del todo, todo lo vivido se revive por instantes, y el juicio de Dios lo hacéis vosotros al mismo tiempo que lo hace Dios. Dios os hace ver en qué habéis fallado, y en qué cantidad habéis afectado vuestra alma y el alma de los demás, sólo así entenderéis el juicio de Dios, pero allá en el Reino de los Cielos las cosas son muy distintas; y estáis en prueba continua todos. No se os pide nada que no podáis hacer, que no podáis dar realmente con vuestras vidas, tal como las vivís. Dios os pide que seáis buenos, buenos hijos suyos, se os dan pistas, consejos a seguir, se os repiten una y otra vez las mismas cosas, enseñanzas de Jesús, de Jesús una y otra vez; sin embargo, aún os sorprendéis de algunos consejos.

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