Alimentar el alma

(Extraído del mensaje de la Virgen María recibido en el Toscón el 03.11.2011)

Es Voluntad de Dios que vuestra Madre se dirija nuevamente a vuestras almas para hablaros de esa salvación que debéis buscar para vuestras almas; mentes, razones, a veces despiertas de tal forma y manera que evitan, en muchos de vosotros, recoger el verdadero sentido de la vida que estáis gastando; porque el verdadero sentido de vuestra vida debiera ser para vosotros que vuestra alma se enriquezca, crezca y, realmente, alcance el estado de gozo del que escapó, del que... me dice Jesús que tenéis lo necesario y justo para que encontréis el camino de vuelta… y Jesús está hablando para todos, no para unos pocos, para todos. Vosotros que escucháis, los que no están aquí y no escuchan, para ellos también son estas palabras; significa pues que la llamada de Dios a la salvación es una llamada universal. Os corresponde a vosotros responder a esta llamada que se vuelve insistente. Repetidas veces se os llama, pero tardáis en responder.

A veces, muchas veces, preocupados de lo material, descuidáis la parte espiritual. Vuestras almas no conseguís mantenerlas despiertas. Un alma despierta reclama su alimento, reclama de abrigo que le evite el frío del olvido; ¿y cómo cuidáis el alma?, ¿cómo hacéis para mantenerla despierta? porque ¿cuántas veces os hablo de los demás que necesitan de vuestra ayuda cercana, de tantos que necesitan de vuestra oración?, ¿cómo combatir la pobreza de tantos que mueren de hambre, que están pasando necesidad, de tantos que están pasando frío por falta de abrigo? La oración siempre es posible en aquellos que sienten ese amor por los demás, hermanos también, que sufren, aunque estén en la distancia, muy lejos de vosotros, pero el corazón a veces lo tenéis endurecido. El corazón se os endurece y no os doléis de los sufrimientos de los demás. Hay que luchar contra la dureza del corazón, que os vuelve insensibles y, por tanto, tremendamente imprudentes; porque un corazón duro, es un corazón que se vuelve incapaz de perdonar y, por tanto, de rectificar en tantos errores en los que debierais modificar vuestra actitud para no volver a cometerlos; porque si cuando os equivocáis, cayendo en la cuenta de ello hicierais verdadero propósito de enmienda, no volveríais a caer, por lo menos con tanta prontitud. Esto os pasa a muchos, caéis en los mismos errores con demasiada frecuencia.

Yo os pido que penséis en estos momentos, humanamente, ¿cuál es vuestra situación?; Sí, ¿cuál es vuestra situación? Económica, socialmente, culturalmente, ¿cuál es vuestra situación?, ¿sois pobres?, ¿estáis pasando hambre?, ¿estáis pasando frío? Ninguno de vosotros está ajeno a que hay dos delegaciones, así las llamáis, de San Juan y Tamaraceite, que dan alimentos a los que necesitan y abrigo también. ¿Os sentís pobres humanamente? Si sois sinceros con vosotros mismos, no deberíais contestar que sí, porque tenéis para vivir, algunos con lo justo, es verdad; otros entre vosotros con exceso de comodidades, pero no sois pobres. Ahora os pregunto ¿cómo estáis por dentro? Espiritualmente, ¿cómo estáis?, ¿sois pobres?, ¿sois ricos?, ¿cuál es vuestra situación? porque, realmente, la pobreza que más me preocupa es la espiritual.

Pobreza espiritual de la que os hablo hoy para hablaros de algo un poco diferente a lo de costumbre, mas os hablo en Voluntad de Dios; es Dios quien me dice "háblales de su pobreza espiritual", indicándome que me dirija a vosotros y no a otros que ahora mismo no están escuchando. Guardáis pobreza espiritual y, por momentos, realmente, vuestras almas tienen un estado de pobreza que clama con urgencia la ayuda de Dios. Es verdad, dice Jesús, tantas veces, "Madre, están avanzando", pero es que estáis avanzando porque Jesús mismo os está impulsando desde dentro, porque los jueves están manteniéndoos las constantes vitales del alma que, por momentos, está agonizando; y no estoy hablando con exageración, pues no soy amiga de exageraciones, pero tampoco me gusta cubrir los errores y descuidos que debo denunciaros con claridad para que os enmendéis, para que cambiéis, para que a tiempo estéis aún de entrar en esas moradas del Cielo que os esperan. Moradas de gozo en las que no hay sufrimientos, en las que no hay dolor, en las que no habrá malos recuerdos que tanto pesan, pero sigue siendo para vosotros como un sueño, no una realidad que el Cielo exista, porque la esperanza la tenéis empequeñecida en vuestras almas.

 La pobreza espiritual hay que combatirla. Y ya que la pobreza humana la podéis combatir con relativa facilidad, todos vosotros, preocupaos, pues de la espiritual; ¿y cuál es el alimento más rico para el alma que combate directamente su pobreza? La comunión. Jesús se hace pan de vida, ahí lo tenéis. El alimento para el alma lo tenéis. Vuestras almas pasan hambre y no les dais de comer. El alimento para el alma es el mismo Dios vivo, en Jesús cercano, a través de esa forma consagrada; pero el alma necesita ser alimentada con continuidad. Vosotros la alimentáis como a cuentagotas.

 Un alma que está pobre, que no está cuidada, afecta al cuerpo, al envoltorio en el que se encuentra; y al mismo tiempo, porque también pasa, cuando un alma se alimenta, se cuida, el cuerpo también se beneficia. Cuántos han alimentado su alma en un momento determinado y han notado recuperaciones asombrosas de salud; cuántos casos, tantos y, sin embargo, a pesar de testimonios y vivencias personales que habéis tenido al acercaros a Dios alimentando vuestra alma, os olvidáis nuevamente; os encontráis mejor humanamente, no necesitas a Dios, parece ser, y dejáis de alimentar el alma.

Pobreza espiritual. ¿Cómo alimentáis vuestros cuerpos cuando queréis alimentarlos bien? Buscáis alimentos de calidad que os den lo que el cuerpo, realmente, necesita, no para engordar sino para mantenerse sano, ágil. A pesar de eso muchos... dice Jesús que la comida basura, como la llamáis, os gusta mucho a algunos... no renunciáis a esa comida que no es sana para vuestros cuerpos, la tomáis. No os pasa nada, de repente no notáis que os afecte, se nota a largo plazo... dice Jesús "a no tan largo plazo, a veces, Madre"... bien, pues a veces os veo queriendo alimentar vuestras almas también con comida basura. El alma no se puede alimentar con mentiras, con dioses falsos, con vivencias que son pura imaginación, fruto de la vanidad del ser humano y su soberbia. El alma no se puede alimentar de experiencias que no vienen, realmente, de Dios. No se puede alimentar el ser que os sostiene, el Espíritu que guardáis, con cosas que no vienen de Dios. El alma necesita de Jesús para mantenerse sana; y el alma tiene que hacer ejercicio, igual que el cuerpo para mantenerse sano debiera hacer ejercicio, no estar parado, y esto lo sabéis, y a pesar de ello el ejercicio os cuesta; "ejercicio, pensáis, agujetas, qué incomodidad, mejor sentados, cogiendo kilos, y ya nos quejaremos después, cuando la solución esté difícil"; si con el cuerpo ya no obráis bien, no lo alimentáis con lo justo y sano que el cuerpo necesita, ni tampoco lo ejercitáis ¿cómo vais a cuidar el alma de manera adecuada? Veréis, el alma necesita de Jesús, pero el alma también necesita de ejercicio; ¿y cómo se ejercita el alma?, ¿cómo se mantiene ágil el alma? pues ejercitándola en sus virtudes, en la caridad, en la fe, en la esperanza.

 Si cada día dedicáis un ratito a Dios, estáis ejercitando el alma en la oración. Si cada día pensáis en cómo alegrar a un hermano vuestro, en cómo aliviar el dolor de un hermano vuestro, estáis ejercitando el alma, porque la estáis manteniendo despierta, la estáis haciendo trabajar. Un alma que está despierta y trabaja, se deja notar en el vivir de cada día; porque quien tiene un alma despierta, no tiene dormidas las virtudes y está atento a los demás, y es amable, y es paciente, y no es rencoroso, y recupera pronto la quietud cuando la pierde por las circunstancias humanas duras a las que tiene que enfrentarse uno. El alma, cuando está dormida se refleja con claridad en vosotros, porque estáis faltos de alegría, estáis torpes en vuestras reacciones ante las tentaciones del mal que siempre están en el camino. Un alma despierta, un alma que se ejercita cada día, al menos con la oración diaria, una oración bien hecha, es un alma que da salud también al cuerpo.

 A veces buscáis otras formas de alimentar el alma; cuidaos de alimentar el alma con esa comida basura, porque la hay para el alma, y qué bien se vende; cuántas lecturas espirituales dañinas para el alma, que han pasado por vuestras manos humanas, pequeños míos del Toscón. Lecturas dañinas. Supuestos mensajes que no son tales. ¿Es que pensáis que el mal es tonto? si fuera tonto, ¿qué lucha tendría sentido? Si el mal está ganando batallas continuas con vosotros, debierais tener ya muy claro que es muy astuto, mucho más que vosotros; porque si caéis en la soberbia, en la vanidad, en la tristeza, en la pereza, en la desobediencia, es porque el mal consigue ganaros; es pues astuto, más que vosotros. Pues si el mal es astuto, ¿por qué no le hacéis frente? El mal lucha para que no despertéis el alma, para que no la tengáis presente, para que sea más importante el mundo, para que sea más importante vuestro "yo", y lo potencia de mil formas y maneras y no descubrís al mal.

 No le descubrís aún de forma que le podáis combatir, expulsarlo lejos de vuestras almas. Y vuestras almas se empobrecen, ¿y las alimentáis? sí, las alimentáis, pero cuánta hambre pasan las almas; y Jesús quiere alimentarlas y debierais alimentarlas cada día, al menos con una comunión espiritual, con la oración, porque os resulta para algunos difícil, a veces, desplazaros, celebrar la Santa Misa; pues bien, que la comunión espiritual no falte, ese deseo de recibir a Jesús expresadlo al menos una vez al día, decidle: "Jesús, yo quiero recibirte con pureza, con humildad, con fervor, como tantos lo han hecho que ahora son santos"; ese deseo de recibir a Jesús despierta el alma y la alimenta, porque el alimento, insisto, importante, imprescindible, para que el alma se mantenga viva y creciendo, es el propio Jesús.

 La comunión es un alimento riquísimo para el alma. Y si no puede ser la comunión sacramental, utilizad al menos la espiritual diaria, y la oración que también la alimenta, y el ejercicio a través de acciones hacia los demás que hagan contentar a Jesús y que, realmente, agilicen ese crecimiento de vuestras almas, porque vuestras almas están muy pequeñas.

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