Como acercarte a Dios

  (Extraído del mensaje de la Virgen María recibido en el Toscón el 12.9.1996)

Todos habéis pedido a Dios que os muestre la manera de confiar en Él, de ser humildes, de estar disponibles a su voluntad. Preguntáis continuamente a vuestra Madre qué hay que hacer para confiar en Dios, para confiar sin titubear en ningún momento; esa pregunta la habéis hecho muchos en este tiempo. Si en verdad queréis acercaros a Dios habéis de obrar en consecuencia. Primero manteniendo vivas esas ganas de acercamiento, que no se apaguen a pesar de los tropiezos; en segundo lugar tenéis que orar como vuestra alma lo necesita, y vuestra alma necesita una oración distinta en cada uno de vosotros.

Orar con Dios es hablar con Dios, en serenidad, con paz, con sinceridad; hablar sin formas establecidas o con formas establecidas los que así lo prefieran. En definitiva para acercarse a Dios hay que irle conociendo y para ir conociendo a Dios hay que hablar con Dios, hay que abrir el corazón a través de la oración. Dios lee en vuestros corazones, nada le podéis ocultar. Hablad con Dios, pues, todo el día porque Él está con vosotros. Si os acostumbráis a orar, el acercamiento se irá haciendo efectivo. Y en tercer lugar, si en verdad ese acercamiento es deseado, a parte de hablar con Dios, lógico sería intentar, como decís, cumplir sus mandamientos, que ya conocéis. Cuando digo intentar, lo hago expresamente porque a todos os cuesta cumplir enteramente los mandatos de Dios.

 Si actuáis de esta forma frutos habrán en vuestro corazón de lo que tanto necesitáis: humildad, confianza y todas las virtudes que un cristiano debería dejar traslucir. Pero las acciones a vuestro alcance son claras; si esperáis de Dios un despertar repentino no lo recibiréis, porque Dios no ha puesto en vuestros corazones fuerzas para que no las uséis. Dios os regaló la libertad para que usándola correctamente os acercaseis; y muchos piensan que hablan con Dios, que sus ganas están vivas, pero seguro que los diez mandamientos no se cumplen todos. El que de verdad quiera acercarse a Dios, por amor a Dios ha de cumplir su voluntad, aunque esa voluntad no se entienda, aunque esa voluntad duela, por eso vuestra Madre ha hablado de intentos, intentos hijos míos en los que hay que poner esas fuerzas que en vuestro corazón están guardadas, que el mismo Dios ha colocado ahí.

Si a Dios pedís un vasito de agua y ese vasito de agua estuviera cercano a vosotros, Dios no lo haría volar hacia vosotros, Dios os diría: "Levantaos, andad y tomad el agua". Ese caminito tenéis que hacerlo vosotros. No pidáis a Dios que haga por vosotros lo que vosotros podéis hacer sin ayuda de Dios sobrenatural, tenéis los medios. Nada os pide Dios que no podáis dar de sí. Son esas fuerzas de Dios en vuestro corazón que no acabáis de utilizar. Hijos míos, mantened esas ganas que tenéis de descubrir a Dios vivas, hablad con Dios, con Jesús en Dios, con su Espíritu. Pedid a Dios en la oración que os abra el entendimiento para que comprendáis que su voluntad en los mandamientos es lo mejor para vuestras vidas, para que vuestras almas se limpien. Pedid a Dios en Jesús que os llene de su luz para que ilumine esos caminos que a veces están tan oscuros.

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