Ofrecerse con Jesús en la Eucaristía

 

 (Extraído del mensaje de la Virgen María recibido en el Toscón el 16.02.2012)

 

 

Si estuvierais con la realidad de lo que sois, si estuvierais realmente vivos, conscientes de que guardáis un alma que salvar, el centro de vuestra vida sería Dios; Dios en Jesús, centro lógico del que dice ser un buen cristiano, porque si queréis seguir a Cristo, si queréis imitarle a la perfección, tenéis que acompañarle; ¿a qué me refiero? me refiero a hacer como Él hace, porque Jesús no murió en la cruz hace unos años atrás y ahora se recuerda, no, pequeños míos del Toscón, Jesús sigue entregándose día... me dice Jesús "Madre, y con qué gusto lo hago"... Amor de Dios en Jesús que tristemente no sentís como debierais. El sacerdote consagra, sólo el sacerdote puede hacerlo, pero el único gran Sacerdote y víctima al mismo tiempo es Jesús. Él se ofrece como víctima, Él se inmola en el altar cada día por vosotros, y algunos aún pensáis que el memorial de su muerte es un recuerdo tan sólo, ¡qué equivocaditos estáis!, y se os repite, y se os recuerda continuamente, pero aún estáis como ausentes, como no queriendo comprender las cosas, como no queriendo asumir la verdad.

 

Jesús se entrega por vosotros esperando que unidos a Él os ofrezcáis vosotros también. En la Santa Misa se echa en falta esto, el ofrecimiento conjunto de cada uno de vosotros con vuestro Dios, con Jesús. Jesús se ofrece al Padre y os justifica a todos de tal manera que hace posible la salvación de vuestras almas. Qué alegría daríais a Dios Padre si en el ofrecimiento que hace Jesús estuvieseis involucrados realmente. Gozosos debierais estar de poder compartir con Cristo su entrega, pero ¿qué hacéis? huir de saber, como si os incomodara la entrega; ¿cómo entregaros? pensaréis; acaso no tengáis la capacidad de sacrificio de Jesús, no lo dudéis, no la tenéis, pero tampoco pedís a Dios que la aumente, y sin capacidad de sacrificio no podéis ofreceros, realmente, con Jesús. Jesús debe sentirse acompañado de los que están celebrando la Eucaristía. En el sacrificio Jesús se actualiza. Jesús vuelve a morir en la cruz de forma incruenta, pero vuelve a entregarse por todos.

 

En la última cena, como la llaman, Jesús pidió que se hiciera en memoria Suya lo que Él iba a hacer ¿y qué hizo Jesús? coger el pan en sus manos y repartirlo, diciendo que era su Cuerpo que iba a ser entregado por todos; y tomó el cuenco con el vino y también se dirigió a ellos, que le acompañaban, y les dijo que era su Sangre que iba a ser derramada para el perdón de los pecados. Jesús se adelanta a lo que va a pasar, y al cabo de pocas horas, lo que Jesús dice se vive. Jesús llega a la cruz y muere en ella. Su Cuerpo y su Sangre separadas para daros la salvación a todos. Cuántos pensando que esto fue en aquel momento y ya está; insisto nuevamente en esto por lo importante que es para vuestras almas; no penséis que Jesús está lejos de vosotros ya resucitado, olvidado de lo que pasó; Jesús está renovando continuamente ese sacrificio por cada uno de vosotros, por cada alma es la entrega de Jesús; gracias a esa entrega, Dios Padre aplaca su ira, ira Santa de Dios. Jesús sigue dando su vida para que os podáis salvar, para que podáis entrar en ese Cielo que a todos espera.

 

Si no tenéis capacidad de sacrificio, la imitación de Cristo es imposible; la imitación de Cristo pasa por una capacidad de sacrificio aumentada, pero una capacidad de sacrificio que avive en vosotros esa valentía para poder ofreceros con vuestro Dios, en Jesús cercano, al Padre; y como Él se ofrece, enterito, vosotros también, vuestro cuerpo, vuestra sangre, vuestras ilusiones, vuestros anhelos, ¿por qué no os unís a las intenciones de Jesús en cada Santa Misa?

 

Jesús propone que, pidiendo a Dios, su Padre Dios, ese aumento de capacidad para el sacrificio, ensayéis a ofreceros con Él, cuando Él mismo se ofrece. Os explico mejor, ¿en qué momento debierais estar muy atentos para ofreceros con Jesús al Padre?

 

(Una persona dijo: Cuando se ofrece en pan y el vino y en la Consagración.)

 

Jesús quiere, fijaos, ha dicho que ensayéis. No espera, pues, Jesús que lo hagáis a la perfección, o como debierais hacerlo; os pide tan sólo que ensayéis a entregaros con Él; pero entended, la entrega de Jesús es una entrega verdadera por causa de su Amor a los demás. Para poderos entregar unidos a Cristo tenéis que amar a los demás, comprometeros a amar a los demás; y amar a los demás es perdonarlos a todos, ayudarlos a crecer por dentro, ayudarlos a acercarse a Dios, a la salvación. Jesús os pide que ensayéis a acompañarlo; Jesús quisiera veros con Él, quisiera que los sacerdotes que Le bajan al altar, los fieles que se congregan alrededor del altar se entregaran con Él, se ofrecieran con Él al Padre.

 

El centro de vuestra vida, pequeños míos, habrá de ser necesariamente la Eucaristía, hasta que esto no se haga realidad en cada uno de vosotros, no estaréis "Preparados", con mayúsculas; con la capacidad de sacrificio aumentada sentiréis que no está tan lejos ese momento de acercaros más íntimamente a vuestro Dios.

 

Vamos a solicitar en oración fervorosa, así os pido que hagáis, esa capacidad de sacrificio aumentada, para que podáis ensayar, como dice Jesús, a ofreceros con Él al Padre, a través de Él. No penséis que en vuestra pequeñez esto no lo podéis abordar, por eso Jesús habla de ensayos. Él se ofrece de verdad, sin miedo a pasar de nuevo por la cruz y morir en ella, sabiendo de su resurrección después; haced lo mismo vosotros; ofreceos de verdad para agradar a los demás, al resto de las almas, que comparten con vosotros... me dice Jesús, si supierais el beneficio de una entrega sincera, de un ofrecimiento sincero, ensayaríais todos los días hasta conseguir, realmente, un ofrecimiento y entrega verdaderos.

 

Jesús habla de ensayar, y ensayar suaviza, digamos, el compromiso de los más temerosos. Decidle "sí" a Jesús con el corazón; no es necesario que lo digáis de palabra, pero sí de corazón, sí a Jesús, sí a ofreceros con Él, sí a ser víctimas con Él ante el Padre, dispuestos a entregaros con Jesús por los demás, para los demás, para la salvación de las almas. Contentad a vuestro Dios; estad, diría yo, despiertos, porque la entrega ha de hacerse consciente y, por tanto, uno no puede estar despistado, descuidado; atended, pues, a toda, digamos, la celebración. Estáis invitados por el mismo Cristo a que Le acompañéis. Alrededor del altar os convoca Dios, y Dios espera por vosotros más de lo que imagináis; que esto no os asuste, ni os acobardéis. Dios espera que viviendo lo que vivís, y agradecidos por lo que recibís, acompañéis a Jesús; que no llegue Jesús solo ante el Padre, que llegue acompañado de todos los que estamos compartiendo la celebración. Cada uno por cada uno, un Cristo.

 

Que Dios Padre reciba la sorpresa de una valentía que se Le brinde sincera y decidida.

 

Aprovechad la oportunidad que tenéis de hacer tanto bien a tantas almas, incluida la vuestra, que tanto necesita crecer. Os acercaréis a Jesús en la medida que vuestra alma vaya creciendo. La capacidad de sacrificio solicitada a Dios, esa capacidad de sacrificio aumentada, dará sus frutos y lo notaréis.

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