29.12.2005

       (Extraído del mensaje de la Virgen María del 29.12.2005 recibido en El Toscón.)

Hijos míos, acabando este año sigo recordándoos y aconsejándoos que meditéis en el momento de vuestra partida, para que cualquier instante sea bueno para ese reencuentro con Dios vuestro Padre, hay que pedir perdón, hay que rectificar tantas cosas, seguís guardando rincones del corazón, pensando que están ocultos, pensando que en la misericordia de Dios olvidados quedan; hijos míos, si no os desprendéis de la miseria que hay en el corazón, esa miseria ensuciará vuestra alma de tal manera que quedará marcada en el regreso. Decís que habéis perdonado muchos, os negáis a ver a otros, a saludar a otros, os negáis a dar oportunidades a los demás que pensáis equivocados y, a veces, en esa falta de misericordia y perdón lo que hacéis es ensuciar el camino que lleváis, entorpeciendo vuestro propio andar con vuestras limitaciones, sobretodo en el perdón a los demás. Valientes hijos de Dios quiero ver en este lugar y en todos los lugares, pero en este en particular valientes para hablar verdad, para cumplir con los compromisos que hacéis libremente con Dios, valientes para dedicar parte de vuestro tiempo a los demás, sin miedos a perder el vuestro, porque estáis temerosos siempre de perder la comodidad, un sueldo, un alimento, y no pensáis que hay muchos hermanos vuestros que lo tienen perdido, si no os olvidáis de vosotros mismos, y os dais a los demás no comprobaréis realmente qué espera Dios de vosotros. No quiera Dios haceros pasar por esas miserias de otros para que viviéndolas entendáis, quiera Dios que ese entendimiento, corto aún en vosotros, se abra un poquito para que entre la luz de Dios y comprendáis que la necesidad de amor en esta humanidad es tremenda y que todos podéis ayudaros unos a otros con la oración, pero con la acción también.

Son días de trastornos, continúan los días de trastorno en esta humanidad, frutos está dando la desobediencia de mis hijos en todas partes, pero también hay frutos buenos de la obediencia, pero no son tan abundantes como los malos, a ver si ponéis vuestro granito de arena siendo cada día mejores, siguiendo los consejos de Dios, consejos que son para el alma, para que se limpie, para que brille, consejos que no son tan difíciles de llevar si uno se desprende de la soberbia y el egoísmo que anida en el corazón de todos mis hijos. Sois conscientes de vuestros errores, y no paráis de disculparos, diciendo que no tenéis fuerzas para algunas cosas, y os engañáis a vosotros mismos, no queréis cambiar, no queréis perder ese egoísmo, esa soberbia que parece os da una falsa seguridad, pero que en definitiva para vosotros es seguridad verdadera puesto que no desecháis esa miseria del corazón, no termináis de bajar esas cabecitas orgullosas, y seguís pensando que Dios hará justicia con aquellos que no os entienden, y yo os digo que ese pensar es dañino para vuestras almas, pensad… dice Jesús que siempre ha sido más fácil ver el error en el hermano que en uno mismo… hijos míos, ensayad a buscar en vosotros mismos esos errores, asumid vuestras deficiencias de fortaleza y voluntad, dejad de echar las culpas a los demás, dejad de pensar que no tenéis fuerzas, no os engañéis, por lo menos a vosotros mismos no os engañéis. Que no necesite Dios para tirar de vuestras almas toques de atención dolorosos, porque desgraciadamente, a través de enfermedades y partidas inesperadas de seres queridos abrís el corazón de repente, de par en par a Dios, y parece que la miseria por momentos se esfuma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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